1 De remendar Arreglo o reparación, generalmente provisional, que se hace en caso de urgencia (Real Academia Española, 2024, definición 5).
1.
Introducción
Cuando el nudo no da hebra. Introducción y estado de la cuestión (Primera parte)
Salvedad
El patrimonio del que se habla aquí es ese que huele a piedra y barro, a árbol y rito; el que se cuela por las rendijas de la ciudad, el que esquiva demoliciones, imposiciones, reglamentos y olvidos, como si supiera que vivir es también recordar sin permiso. Este hilo que enlaza la memoria con las prácticas espaciales -tanto visibles como íntimas- y que a la vez se tensa frente a desafíos como el turismo, la gentrificación y la búsqueda de una vida digna; fuerzas que reconfiguran, a partir de lo cotidiano, formas de habitar desde y en lo local.
La hebra que desata el nudo. Introducción y estado de la cuestión (Segunda parte)
Con la intuición de que esas mujeres -las que escribieron, gritaron, marcharon y las que todavía lo hacen con los ojos bien abiertos y los pies en la ciudad- han desbordado los márgenes de sus propios textos, como si las páginas ya no pudieran contener la potencia de una realidad que ellas supieron anticipar, denunciar y transformar. Hoy, vinculadas con otras, siguen caminando, narrando, aunque no siempre con tinta. De manera que el preludio de este artículo evoca sus voces, luchas y perspectivas y prácticas, como eje articulador para pensar el mundo urbano contemporáneo desde una mirada antropológica y una metodología etnográfica; es decir, localizada y sustentada en resultados empíricos.
Lo anterior implica reconocer experiencias, tensiones y desigualdades configuradas desde los cuerpos, territorios y memorias específicas. En este sentido, la teórica del urbanismo y activista estadounidense Jane Jacobs, en 1961, a través de su libro, Muerte y Vida de las grandes ciudades, ha dejado indicios a manera de precuela sobre el neologismo de la gentrificación que escribiría por primera vez la socióloga británica Ruth Glass2 3 años después, ya que Jacobs (2013) describe las modificaciones en la zona habitacional de Nueva York, donde vivía de la siguiente manera:
Al otro lado de la calle había antes varios edificios de apartamentos de ladrillo, la mayoría de cuatro pisos, con tiendas en la parte baja. Pero hace doce años varias casas, desde la esquina hasta la mitad de la manzana fueron convertidas en un solo inmueble de apartamentos de pequeño tamaño, alquiler alto y con ascensor (p.65).
Entre las líneas de este retrato se vislumbran profundas transformaciones en el paisaje urbano en términos sociales, culturales y mercantiles; partiendo del cambio de una estructura urbana diversa a un bloque monofuncional; comprendiendo que esto no se trató solo de un cambio arquitectónico, fue una especie de tumba, roza y quema, deforestando las posibilidades de reciprocidad, los vínculos del tejido social y comercial local, en conjunto con aquellas fronteras permeables entre lo público y lo privado. Todo eso fue barrido de manera vertical donde privilegió la lógica del mercado inmobiliario sobre la diversidad-complejidad social y sentido de barrio; al mismo tiempo se implementó una redefinición de las jerarquías socioespaciales, a través del nuevo edificio con elevador, tratándose así de un despojo explícito y simbólico, que enmarca la imposición de la idea del progreso y homogeneización social.
2 Ruth Glass escribió la introducción del libro London, aspects of change, publicado en 1964. En dicho texto figura la primera referencia al término gentrificación. “Una vez que este proceso de ‘gentrificación’ comienza en un distrito, continúa rápidamente hasta que todos o la mayoría de los ocupantes originales de la clase trabajadora son desplazados, y todo el carácter social del distrito cambia” (Glass, 1964, pp. xvii-xviii)
Este tipo de acciones en zonas habitadas que, de la noche a la mañana, apagan los horizontes de posibilidad en un barrio3, sobre todo de aquellos que son vendidos actualmente por su vida tradicional como los centros históricos y/o las zonas cercanas a ellos, ofrecidas por sus gobiernos4; proyectos en los que debería premiar -en palabras de Jacobs (2013)- el “urbanizar para la vitalidad5” (p. 446) aspirando a una promoción de “redes continuas de barrios, donde usuarios y propietarios informales cumplen un gran papel en mantener seguros los espacios públicos de la ciudad y en el manejo de los desconocidos para que éstos sean un activo y no una amenaza6” (Jacobs, 2013, p. 446).
Revelando así las tensiones en el espacio, que persisten actualmente en zonas gentrificadas, estas son el resultado de una lucha diaria. De manera que más allá de proteger lo existente, se trata de re-imaginar aquello que es posible, tal como la capacidad personal y colectiva de inventar nuevas formas de crear-conservar-adaptar lo común como un gesto radical de permanencia en estos sitios, a través de los cuidados y la memoria, acciones-iniciativas protagonizadas principalmente por mujeres; en el ámbito académico y social muchas de ellas, han publicado contribuciones en dichos aspectos, sin embargo, históricamente, han sido invisibilizadas, incomprendidas y/o nombradas brevemente, lo que ha limitado el reconocimiento y alcance de sus aportes, perpetuado una narrativa excluyente. No obstante, existe un proceso de recuperación de estas voces, reconociendo el valor de sus contribuciones y adecuándolas activamente en los procesos de realidades compartidas.
3 Interacciones cara a cara, iniciativas de intercambio económico (pequeños negocios motivados por residentes), redes de colaboración entre vecinos, por ejemplo.
4 En el caso mexicano las tres escalas de gobierno promueven los Pueblos Mágicos y Barrios Mágicos, dos iniciativas paralelas a la lista patrimonial de la UNESCO
5 La vitalidad a la que se refiere la autora “debe estimular y catalizar la mayor gama y cantidad posible de diversidad entre los usos y entre las personas, a lo largo de cada uno de los distritos de una gran ciudad; ésta es la base subyacente de la fuerza económica, la vitalidad social y el magnetismo de una ciudad” (Jacobs, 2013, p. 446)
6 En el texto hace alusión a la inseguridad en las calles, sin embargo podemos también considerar aquella que se vive en el hogar, además de la intimidación del despojo debido al mercado inmobiliario y el turismo masivo
Contextos que evocan a lo que señala Donna Haraway7 en su texto Ciencia, cyborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza (1995) cuando menciona que “la enseñanza de estudios sobre la mujer es una actividad históricamente específica que hereda, construye y transmite lecturas particulares y prácticas de escritura que son políticamente complejas” (p.183) y que, además, “forman parte de un aparato productor que contará como ‘experiencia’ en niveles personales y colectivos en el movimiento femenino” (Haraway, 1995, p. 183). Prácticas situadas que sobreviven entre construcciones históricas desiguales, estructuras marcadas por relaciones de poder, patrones y símbolos gentrificadores que son impregnados en espacios latinoamericanos con patrimonios en común, entornos en los que las mujeres de larga data, tanto en sus discursos como en sus tácticas sutiles y cotidianas, sobreviven como aquel legado que se expresa de viva voz8 y desarticula cánones impuestos a través del cuerpo, sus prácticas y memorias como testimonios de una postura política que permea silenciosamente en los modos de habitar.
En este punto es enriquecedor mencionar el concepto de patrimonio impuesto para los núcleos fundacionales de las ciudades, los monumentos, edificios, paisajes, saberes y la naturaleza; el cual, según el Diccionario de la Lengua Española viene del latín patrimonium, nombre masculino que refiere al “conjunto de bienes de una nación acumulado a lo largo de los siglos, que, por su significado artístico, arqueológico, etc., son objeto de protección especial por la legislación” (RAE, 2024), acepción que se ha ejecutado bajo una lógica que realza lo colosal, la divulgación de un discurso estandarizado e impuesto como oficial a través del Estado, que prevalece entre el tiempo, atraviesa el espacio y justifica sus paradojas, con ideas paternalistas sobre toda evidencia histórica, la misma que necesita ser conservada. Asimismo, su entendimiento de herencia implica un modelo vertical, con significados excluyentes, al aceptar solamente aquello que ha sido codificado por el discurso dominante, en este caso, el turístico-histórico-gubernamental, en donde lo excepcional y valioso es legitimado y utilizado como estandarte para el prometido desarrollo local, a través de una derrama económica que impera en los planes de desarrollo, discursos comerciales y justificaciones empresariales que priorizan lo arbitrariamente estipulado, antes que la palabra, los cuidados, los saberes y la vida cotidiana de los residentes. En este sentido, al hablar de patrimonio se incluye, tanto aquel que ha sido institucionalizado como el que es resguardado y defendido por mujeres a través de proyectos específicos, con la intención de fortalecer el sendero de reimaginar la vida urbana, mediante movimientos locales feministas como inspiración para considerar-adaptar nuevas-otras formas de hacer y experimentar las ciudades con habitabilidad fragmentada.
7 Quien se autodescribe como “una bióloga de homínidos estadounidense, de raza blanca, auténtica, socialista y feminista, que se convirtió en historiadora de la ciencia para escribir sobre las modernas consideraciones occidentales relativas a los simios y a las mujeres” (Haraway, 1995, p. 61)
8 Herencia oral
De esta manera, las palabras de Haraway (1995) cobran sentido cuando afirma que
las ciudades no se erigen de forma imparcial, han sido pensadas y construidas desde una perspectiva masculinizada que hace eco de las formas de habitar y construir el espacio por parte de los varones. Las investigaciones y reflexiones acerca de esta temática dan cuenta de la necesaria transformación urbana y la crítica incesante que debemos realizar a las formas definidas desde la modernidad (p.2).
Pensamiento que insta a incluir esta perspectiva de género, en lo urbano, noción que excede al gremio académico y exige ser visibilizado desde la ética y lo político ya que “permite visualizar un conjunto de conflictos derivados de las violencias que sufren las mujeres en su habitar cotidiano de la ciudad, así como la necesidad de resignificación y reapropiación que tienen de estos espacios” (Haraway, 1995, p.3); de modo que para los fines del presente estudio, se subraya la urgencia de resignificar y reapropiar los espacios urbanos disputados en donde las mujeres activan sus prácticas cotidianas en una escala micro, pero que avanza hacia la solidaridad, el multicentrismo, la pluralidad de visiones y habitabilidad-es.
Así, la mirada investigativa, con ética en la profundización de lo observado como coyuntura, evoca la década de los sesenta y setenta, cuando en el ramo de la antropología optó por estrategias que fueran políticamente comprometidas -relata Marta Lamas9 (2022)- tras el señalamiento del “uso colonialista que se le había dado a la disciplina y la crítica a la antropología aplicada por su estrecha relación con el Estado” (p. 247). Declaración que fue posible gracias a “las feministas, que comenzaron por cuestionar las perspectivas androcéntricas que teñían, tanto las teorizaciones como las investigaciones, para luego impulsar -teórica y prácticamente- un sentido distinto, más colaborativo y comprometido con la antropología” (Lamas, 2022, p. 247).
Devenir que refleja en la praxis antropológica, elementos epistemológicos tras una mirada localizada, una metodología libre e informada que lleve a una construcción del diálogo, a través de la escritura etnográfica, en tanto que “una característica de la antropología feminista ha sido, desde el inicio, establecer un compromiso político con los grupos o las personas que estudia” (Lamas, 2022, p. 251); aportes que apoyan, tanto la acción política como elaboraciones teóricas, en ambas situaciones, el cuidado de la vida es un elemento siempre presente.
Así, junto a estas cuatro destacadas mujeres con quienes hemos hecho un recorrido en el tiempo (a partir de la segunda mitad del siglo pasado hasta nuestros días) y espacio (Inglaterra, Nueva York, Estados Unidos y México) con el objetivo de mirar sin estigmatizar aquellos contextos gentrificados derivados del turismo, los fragmentados debido a la insuficiencia de la aplicación de normas regulatorias, además de las formas emergentes de cohabitar un espacio para el despliegue de la vida, con usos plurales, mientras el enfoque feminista traspasa latitudes y permanece en ámbitos situados donde el cuerpo y sus cuidados son parte de la común-unión, la justicia, la salvaguardia del patrimonio y la vida son cuestiones de todos los días.
9 Antropóloga mexicana (1947), investigadora y activista feminista
Reconociendo entonces las iniciativas que nos preceden, a continuación se muestran propuestas actuales que posicionan a la mujer como protagonista en sus familias-hogares y comunidad-barrio-calle; posteriormente, a través de dos historias de vida, se enfatiza la voz de mujeres mexicanas reconocidas por su permanencia en el centro histórico de Campeche10, así como su investigación del legado arquitectónico en el centro histórico de Oaxaca11 remembrando a las familias que habitaron en inmuebles históricos y que ahora fungen como imagen para la mercadotecnia turística, escenario de influencers y visitantes.
Ante(s) -de- la venta, el remiendo12
Ante la trilogía: vida cotidiana, patrimonio y gentrificación, conviene enfatizar la óptica feminista contemporánea aplicada en las ciudades, en tanto -como se ha sugerido páginas anteriores- propone repensarlas a la luz de la libertad, visibilizando las limitaciones que enfrentan mujeres y otros sujetos históricamente excluidos, para así habilitar su desarrollo pleno en el espacio urbano (Cardozo y Torre, 2023, p.3). No obstante, en este intento existen aún ciertas cuestiones que no podemos obviar ya que “al igual que la construcción del concepto de patrimonio, la conservación fue y sigue siendo determinada por las mismas visiones androcéntricas y patriarcales que conformaron al patrimonio en su génesis, por lo que también existe una exclusión, limitación e invisibilización de las acciones femeninas” (Mejía, 2023, p. 36) como lo que sucede entre la posición actual entre la teoría feminista y el análisis con perspectiva de género, en tanto que
existe un campo divergente de acción. Mientras la primera busca posicionar la voz de las mujeres en el centro, la segunda tiende a construir marcos de intervención orientados a la igualdad de género, donde, paradójicamente, las mujeres vuelven a ser invisibilizadas en los procesos de construcción de la ciudad (Filipe, 2024, p.334).
10 Inscrito en la lista UNESCO en 1999
11 Inscrito en la lista UNESCO en 1987
12 Considerando que es el reconocimiento de las personas lo que da el valor al patrimonio y su funcionalidad, el sustento
Postura compartida con Cardozo y Torre (2023), quienes reflexionan “sobre cómo se experimenta la ciudad y cómo se presenta para aquellos/as que la habitan” (p.4), dejando claro que a pesar de las buenas intenciones en los proyectos urbanos, es imperioso se parta de las desigualdades concretas vividas y no solamente se queden en el discurso que promueve la equidad; además de considerar a las mujeres mayores, quienes no solo subsisten en estos entornos, sino que reconstruyen su significado, a través de su andar, relatos y redes afectivas; derogando así el sentido homogéneo y mercantil aplicado al patrimonio con el que co-habitan. Vemos entonces que su presencia revela su papel como guardianas del espacio construido y transmisoras de la historia barrial y familiar, pero que simultáneamente son afectadas tras la convenida desmemoria institucional, así, su exclusión no es solo física, sino también simbólica.
Ante este panorama de grises saturados, donde las tendencias extremistas se inclinan hacia matices que rondan entre lo descolorido13 y lo encendido14, pero que también existen aquellas tonalidades vívidas ejemplificadas a través de las diversas iniciativas, a cargo de mujeres en Latinoamérica como el programa Mujeres con Calle en Montevideo, el cual
comienza en 2018 y tiene como eje central el reconocimiento y recuperación de la memoria histórica de la participación política, cultural y social de las mujeres […] establece que tres de cada cuatro nombres de personas que incorpore el nomenclátor montevideano debe ser de una mujer (Cardozo y Torre, 2023, p.13).
Acción encaminada hacia una reparación histórica en común, así como una participación efectiva en el espacio público históricamente masculinizado; un catálogo de nombres socialmente aceptados que, al visibilizar a las mujeres y sus aportes, se convierte en una herramienta que fomenta la equidad -sería idóneo se replicara incluyendo a personajes femeninos locales- y da la pauta para una reconceptualización urbana. De manera que “es fundamental reconocer el diseño urbano como un proceso continuo, no lineal y condicionado por el contexto histórico y sus tradiciones, así como el contexto político y económico en el que se desarrolla y transforma en el tiempo” (Quintanilla, 2022, p.18), ya que se trata de sitios específicos donde discurren códigos y conversaciones, acuerdos y disconformidades entre residentes, turistas, gobierno y empresarios; actores que se mueven también en el “espacio encubierto” (Ayala-Galaz, 2025), ese espacio que existe, pero es invisibilizado, que funciona, pero no se nombra.
13 Aludiendo a todo tipo de violencia hacia las mujeres
14 Aludiendo a todas las emociones expresadas a través del cuerpo de las mujeres, derivadas de realidades violentas, machistas y patriarcales
Áreas específicas donde ocurre la sincronicidad entre el espacio-tiempo al develar el interior de las residencias, a través de ventanales y puertas abiertas o cuando la escarpa/banqueta se convierte en el mejor recinto para la conversación nocturna, mientras pancartas por parte de grupos vecinales expresan su inconformidad con los planes gubernamentales, evidenciando así que “la ciudad no es neutra, expresa relaciones de poder y de género” (Sarmiento et al., 2022, p.11). Polaridades de una misma estampa en las que figuran las mujeres como tomadoras de decisiones y mediadoras en momentos de tensión, en tanto que “la vida cotidiana de las mujeres, sus esferas productivas y reproductivas se desarrollan mayoritariamente sobre una base física, que es su barrio, su entorno próximo” (Sarmiento et al., 2022, p. 9) en tanto que re-configuran vínculos y relaciones entre los actores de su barrio-calle, a través de relaciones de cruzamiento a nivel local15 mediante el ejercicio de funciones que se complejizan. De manera que aquellas mujeres que conservan y adaptan sus casas con pequeños negocios, contribuyen al mantenimiento de vínculos locales, la asistencia a turistas y generación de acuerdos con empresarios de restaurantes-bares aledaños; además de ser un referente en su barrio, simultáneamente se convierten en “activistas patrimoniales […] constituyéndolas en cuidadoras de la memoria en sus territorios” (Brito-Peña, 2024, p. 2).
15 “Relaciones en las que los habitantes están inmersos de manera directa en la praxis cotidiana” (Ayala-Galaz,2025, p. 79) a través de las diferentes comunicaciones y roles de ellos con el gobierno estatal y/o municipal, turistas, otros habitantes, servicios de hospedaje, trabajadores e inmobiliarias
Vemos así -y ver es siempre un acto político- que a medida que se intensifican las yuxtaposiciones de roles entre habitantes, empresarios y trabajadores, al mismo tiempo que los desplazamientos motivados por la renovación urbana16, éstos “implican la pérdida de redes de apoyo” (Lopez y Paraizo, 2022, p.20), por lo que, mientras las dinámicas espaciales y sociales se complejizan creando arraigos que compensan la homogeneización y verticalidad impuestas a través del despojo y asimetrías -que continúan sin necesidad de bulldozers, basta una firma y una excusa-, la vida residencial sigue siendo posible a través de estrategias desde feminidades subversivas.
En este sentido, Filipe (2024) señala que “la integración de los estudios feministas y la perspectiva de género en los estudios urbanos está marcando un nuevo andamiaje político” (p.334), en el que hay que zambullirse a través de una manera holística, tal como lo mencionan Fernández y Vázquez (2024) inspirados en autoras como Donna Haraway y Ana Tsing, en tanto que “se trata de pensar en nudos inter especie […] que construyen redes de vida, entramados de sentido alternos y sistemas cósmicos” (p.46) ya que hasta que exista la voluntad desde el interior de las instancias encargadas de la infraestructura urbana, lo considerado como desarrollo urbano se viva en las ciudades y que éste sea regulado armónicamente17 podrá efectuarse el cambio de paradigma, ya que “incluir los cuidados al sistema implica la producción de ciudades que extiendan vínculos entre la esfera privada y la pública” (López, Ortiz, Molina, 2024, p.298); es decir, el ubicar los urbanismos feministas y los cuidados como categoría política permite ver el patrimonio y las ciudades que lo contienen como parte de un sistema que, además de reconocer, sostiene la vida urbana con sus tensiones y posibilidades de permanencia.
Pero… ¿y si el remiendo no es suficiente?
Como parte de las reflexiones que hemos hecho hasta aquí, es fundamental iluminar esas otras formas de construir ciudad, que ya son una realidad; un ejemplo notable es la aportación de la abogada y académica estadounidense Kimberlé Crenshaw, quien, a finales de los años 80, acuñó el concepto de interseccionalidad. Término que surge “como parte de la investigación crítica feminista, que ve en el feminismo ‘blanco’ las mismas prácticas hegemónicas y de exclusión contra otros colectivos que en el resto de la sociedad” (Molina et al, 2022, p.3). En este sentido, el complejo entramado de la configuración urbana y la gestión del patrimonio, los gobiernos, en sus niveles meso, macro y micro18, desempeñan un papel decisivo que debe ser analizado desde esta perspectiva crítica, en tanto que se encuentran las empresas privadas, las inmobiliarias y el turismo, tres grandes excavadoras que mantienen en alerta a sus residentes de antaño, sin ser fortuito que la idea de ciudades cuidadoras haya empezado a ganar relevancia en los primeros años del siglo XXI (González, 2024, p.23) como un eco persistente que se infiltra entre las grietas de los materiales, desafiando la fría homogeneidad del paisaje urbano que, al no ser una idea estática, “se considera un tema que seguirá en adaptación” (González, 2024, p.26), reconfigurándose a medida que cambian las pulsiones y urgencias de quienes habitan los espacios urbanos, entre ellos los centros históricos, ya que éstos “son preferidos por las empresas globalizadoras para asignar marcas de lugar con base en imágenes de su identidad” (Tena, Heredia, 2021, p.234).
16 Como en el caso del centro histórico de Lima, mencionado por Lopez y Paraizo (2022, p.19)
17 Así como la implícita mengua de corrupción
Por lo que el carácter de barrio, considerado como aquel “lugar donde los habitantes se sienten identificados por una cultura en común” (Zambrano, Lomas, 2021, p.98) sirve como amalgama ante la amenaza de la fragmentación constante, mientras que “la gentrificación es el ejemplo más local de la transformación social y urbana en las ciudades occidentales” (Ortiz-Guitart et al, 2021, p.946) del planeta en tanto que excluye a quien no produce” (p. 960), como el caso del barrio de Sant Antoni en Barcelona, donde, desde 2011 algunas vecinas han establecido redes de cercanía, en tanto se han visto afectadas por la elevación del valor inmobiliario y los procesos de inseguridad que afectan su salud emocional (Ortiz-Guitart, et al, 2021).
Asimismo, sucede con la práctica ritual centenaria arraigada a en la colectividad mexicana: la visita a la Virgen de Guadalupe en la Basílica, la misma que retoma García (2000) en tanto
18 Lo federal, estatal y municipal (local)
“sigue habiendo en la ciudad de México acontecimientos culturales y recreativos localizados que atraen a sectores numerosos. Los tres millones de peregrinos19 que llegan el 12 de diciembre a la Villa para celebrar a la Virgen de Guadalupe […] La gran ciudad sigue conteniendo pueblos que preservan hábitos residenciales y fiestas de origen rural, y sus nombres sintetizan el componente hispano y el indígena al vincular un santo católico y un nombre náhuatl, a la vez que sus habitantes se vinculan con la urbe moderna en sus lugares de trabajo y consumo” (p.171).
Prácticas que continúan vigentes y dan sentido a la vida dentro de la vorágine urbana, mientras la religiosidad continúa siendo un mecanismo de supresión-control de lo femenino, pero que al mismo tiempo, otorga agencia, poder simbólico y actualmente, permite ser resignificada desde el empoderamiento femenino. Del mismo modo, la permanencia del lenguaje, a través de los nombres como mecanismo de resistencia cultural/simbólica frente a la visión homogeneizadora de la globalización.
Entre cada puntada20 los cómos importan
Hasta aquí se ha hecho énfasis en visibilizar, recordar y re-imaginar los espacios urbanos, la conservación de su patrimonio y su funcionalidad para y a través de las mujeres, quienes tienden a ser invisibilizadas en planes impuestos. Con el propósito de que todo lo aquí planteado siga floreciendo, es necesario ver las formas posibles en entornos cercanos, considerado como tales los desplegados en América Latina, en este sentido Guzmán (2024) inspirada en el centro histórico de Bucaramanga (Colombia), sugiere acciones concretas como una “infraestructura accesible e inclusiva que brinde servicios de cuidado de calidad […] [y] la renuncia de miradas universalistas desde las que se ignoran los saberes que se han desarrollado en contextos concretos” (p.216-217), además del caso de los corredores urbanos como conectores de vida pública propuesto por Benavides-Benavides et al. (2021) en el Ecuador, desde un enfoque de sostenibilidad en proyectos específicos como la generación de “espacios gastronómicos en las zonas centrales, y configurar zonas productivas y autosustentables con la incorporación de ecobarrios” (p.100) que, si bien este tipo de iniciativas están enfocadas a minimizar la velocidad de automóviles, visibilizan a sus residentes a través de la prioridad de la vida peatonal.
19 En 2024 fueron 12.1 millones de peregrinos (La Jornada, 2024)
20 “Acción y efecto de pasar la aguja o instrumento análogo a través de un tejido, cuero, etc.” (RAE, 2024)
Líneas arriba se dejó una pista intencionada respecto a la inseguridad, puesto que resulta fundamental señalar que ésta no siempre proviene del espacio público; muchas veces, se origina dentro del propio hogar y cuando las dinámicas de cuidado están atravesadas por lógicas machistas, el espacio doméstico deja de ser un refugio y se convierte en el primer obstáculo para una vejez digna. Esta violencia estructural, que limita el bienestar y la autonomía de las mujeres, no distingue clase social, aunque se hace especialmente visible en contextos de mayor precariedad, tal es el caso de las mujeres que habitan en campamentos en Viña del Mar, Chile, realidades que se inscriben con fuerza en el paisaje urbano y evidencian una deuda social persistente, mientras un grupo de mujeres lograron la “conformación de una comunidad, con el interés de construir barrios sólidos y unidos, reconociendo la fragilidad del tejido social dentro de los territorios con posterioridad a la dictadura21” (Zenteno et al., 2023, p.6-7).
Mientras tanto, en el territorio mexicano
ante la gravedad de las consecuencias que conlleva el sistema alimentario industrial para las personas, surgen varias iniciativas alimentarias alternativas que trabajan en redes para fomentar los sistemas locales de producción e impulsar una transformación de este sistema desde abajo (Bara, et al., 2023).
Como lo son aquellas que empiezan en manos de campesinos, a través de “redes alimentarias alternativas (RAA)” (Bara et al., 2023), las mismas que se viven en Amealco, Querétaro como la “producción, transformación y procesamiento de alimentos e insumos: Nopalitos el Varal […] iniciativa de producción de nopal, con insumos agroecológicos por habitantes (mayormente integrada por mujeres) de la comunidad El Varal” (p.265).
21 Se refiere al gobierno de Augusto Pinochet en la década de los 80´s
Asimismo, en Analco uno de los barrios más antiguos de Puebla, México, donde, mientras se conservan oficios como la “panadería y alfarería de barro negro” (Ramírez 2023), los saberes y prácticas locales están en peligro debido a los
procesos de transformación, expulsión y desarticulación social […] En este sentido, el trabajo con la población, en su mayoría mujeres, ha permitido adentrarse en su dinámica social, y deja en evidencia […] que es necesario que ellas sean integradas para contribuir activamente en el diseño de estrategias en beneficio de su conocimiento y en la lucha de acciones integrales con perspectiva de género e innovación conjunta (Ramírez 2023).
En esta misma línea, pero en el ámbito del turismo y los cuidados, Panta et al. (2024) revelan la dimensión del turismo en territorios con patrimonio biocultural, tomando como caso de estudio la Reserva Nacional de Lachay (RNL) en Perú22, donde, a través de la implementación de excursiones sostenibles, “la experiencia turística tiene la capacidad de dinamizar la economía del lugar donde se desarrolla, por lo que se percibe una clara participación de los pobladores en actividades económicas como el comercio de alimentos, artesanías y servicio de guiado” (Panta et al., 2024, p. 98).
Estas dos realidades que nos recuerdan que no siempre hace falta dinamitar el pasado para construir algo nuevo, ya que a veces la sostenibilidad de la vida y los procesos de autonomía colectiva -eso que en la ciudad tantas veces se promete a través del desarrollo económico repleto de importaciones- encuentra su latido en las manos que recuerdan y en el territorio que aún lleva las pisadas de quienes lo cuidan, sosteniendo la tradición no como un objeto de mercadotecnia, sino como un legado que se vive con la mirada proyectada en horizontes posibles.
22 “espacio natural protegido por el Estado a través del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas (SERNANP) (Panta et al, 2024, p. 96)
2.
Metodología
Entrelazando tejidos
Entre los hallazgos de la investigación realizada de 2020 a 2024, en la Calle 59 de Campeche y la calle Macedonio Alcalá en Oaxaca23, ambas caracterizadas por el turismo y procesos específicos de gentrificación, se eligieron a mujeres enlace para contar el devenir de estos lugares desde sus trincheras, las primeras como residentes y la segunda como investigadora del patrimonio -e infraestructura- urbano /a, ambas cuentan con más de 60 años. De manera que la revisión preliminar sobre el contexto de cada sitio, el diario de campo para el registro de datos in situ, la lente fotográfica, además de una estrategia de sistematización de información en términos de transcripción, la memorización de información relevante por parte de las interlocutoras, el análisis y contraste de los usos del espacio fueron fundamentales. En este sentido, se empleó la etnografía, legado metodológico de la antropología que abre la puerta para mirar desde la experiencia vivida; efectuando así una observación participante durante los recorridos de área, las visitas y charlas cotidianas. Las entrevistas fueron de carácter semi estructurado, al igual que las historias de vida. Además de la presencia y escucha con todos los sentidos -incluida la intuición- que fueron claves para la escritura etnográfica; así como para diseñar y desplegar, con tacto y criterio tácticas y estrategias necesarias para capturar su realidad, tanto en sus prácticas cotidianas como en sus narrativas, lo que permitió captar los detalles de su día a día: prácticas de apropiación y defensa del espacio, símbolos de pertenencia, relaciones comunitarias y disputas territoriales, las mismas que permitieron comprender otras formas de vivir entre tensiones históricas, procesos globalizadores y otras formas de habitar lo urbano. Cabe señalar que la ética de la investigación estuvo sostenida en el respeto a la integridad, la autonomía e intimidad de las interlocutoras, reconociendo sus saberes situados y experiencias encarnadas, privilegiando un diálogo horizontal y la co-construcción del conocimiento.
23 También se indagó en la calle 5 de mayo del centro histórico de Querétaro, sin embargo, no se expresa aquí debido a que este espacio es retomado en otras publicaciones
3.
Resultados
Para muestra, un botón. La Calle 59 del centro histórico de Campeche
La declaratoria UNESCO24 en Campeche, es asumida por sus habitantes como una forma de ser vistos en el escenario global, percepción manifestada en gestos cotidianos: la hospitalidad extendida sin prisa, la cercanía casi coreografiada con turistas y una red de acuerdos tácitos entre quienes llegaron hace más de una década y hoy administran negocios sobre la Calle 59, tal como comenta Manuel25 “yo la verdad fui bien recibido, todo el mundo me conoce, me quiere y me apoya porque nos llevamos bien, he aprendido a entenderlos y ellos también” (comunicación personal, 28 de julio de 2023); en este contexto, emergen voces que pocas veces figuran en los folletos: las de quienes habitan esta calle. A continuación, se muestra un extracto de la historia de vida de mujeres cuyas trayectorias personales encarnan la complejidad de vivir y resistir dentro -y como- un patrimonio vivo.
24 Ciudad histórica fortificada de Campeche
25 Seudónimo
26 Ambos seudónimos
27 Se refiere a la Ciudad de México
Marina y Karen26
Marina: Nací aquí en esta casa de ladrillo […] después de la tiendita, ahí tiene su casa. Y ahí nací y crecí, pero me fui a estudiar a México27 medicina en el 85, presenté mi examen de la UNAM28 […] Y como me gustaban mucho los recién nacidos, hice la especialidad de Neonatología, 2 años. […] Ya me quedé a trabajar allá en México, yo de hecho vivo -digo- vivo entre comillas, entonces ahora ya no sé ni dónde vivo, porque vengo y estoy aquí temporadas […] Tranquilamente me subí a mi camión y […] que me dijo el chofer aquí es señorita. Imagínate en aquel entonces, yo chamaca y soltera todavía, en 1972 me trepé un camión y me fui, me echaron la bendición mis tías, las hermanas de mi mamá y con la que estaba en México.
[…] Me casé con un campechano bueno […] mi marido vivía aquí en la casa de aquí al lado […] ahí vivió mi marido, ahí creció […] en México nos hicimos novios porque mi hermano y mi marido estudiaron juntos. Y luego mi marido terminó y quiso hacer maestría en administración pública para trabajar en cosas de gobierno y todo eso y entonces en ese ínter de que estudiaban juntos mi marido y mi hermano en unas vacaciones que veníamos para acá, ahí nos encontramos en las vacaciones y como 2 años después nos casamos y hasta ahorita tenemos 47 años casados […]
[…] Querían venderla [haciendo referencia a la casa] y mi papá me avisó […] me dijo fíjate que tus hermanas quieren venderla. Pues si […] cada quien ya se casó tienen sus casas y todo y no les interesa y como es una casa grande antigua, se tiene 5 recámaras y para limpiar esa casa está cañón eh […] yo me quise enganchar en quedarme con la casa y le pagué a todas mis hermanas su parte y nos quedamos mi marido y yo con la casa, entonces cuando vengo de México llego a mi casa […]
Karen: Cuando lo nombraron centro histórico, pintaron todo […] única vez que lo han pintado […] Era el entretenimiento, sentarse aquí29.
28 Universidad Nacional Autónoma de México
29 Sobre sacar las sillas y ponerlas sobre la escarpa para platicar mientras cae la tarde y se disfruta la frescura de la noche
Marina: En una colonia que se llama Fracciorama, está como a 10 o 15 minutos de acá, pero ya no hay ahí la costumbre de que en esas colonias se sienten así como acá en la calle a platicar […] nos encanta y es ya la costumbre de hacer .
Karen: […] Aquí nada más, nosotros somos (Comunicación personal, agosto de 2023).
La calle Macedonio Alcalá del centro histórico de Oaxaca
En esta calle, la gentrificación ha desbordado sus lógicas implícitas y hablar de habitantes hoy, parece ser un aspecto de tipo arqueológico mientras la declaratoria UNESCO ya casi nada tiene que ver aquí -tan solo por la placa que indica su condición patrimonial, mientras sus bordes son convertidos en bancos improvisados por visitantes que descansan sin saber (o sin importarles) lo que en ella dice-. En este sentido y considerando que los libros a veces pueden además de leerse, caminarse, tal como sucede con los de Cecilia Aceves30 -conocida popularmente como la señora de las casas- quien transforma cada página en un trayecto, en el que cada casa, vestigios y memorias que se despliegan como si se recorriera una calle, en conjunto con sus ambigüedades y contradicciones. Manifestando así cómo no dejar de mirar esta ciudad con un presente que es avasallado por un turismo desbordado, pero que su historia permanece a través de sus inmuebles, a través de sus inmuebles y de las familias que los habitaron.
Cecilia Aceves
La calle de García Vigil […] es una calle muy importante para mí es la más bonita, pero pues Alcalá es bonita, es bonita, se llamó Juárez en algún tiempo […] Enfrente del Jardín Labastida, […] está el restaurante la Hostería de Alcalá ¿Por qué es una de las [casonas] más importantes? Porque Oaxaca se trazó en el siglo XVI, pero solamente yo he encontrado en mi investigación -a lo mejor hay otros que encontraron-, pero yo he encontrado 2 casas del siglo XVI en todo el centro histórico y esa es una y la otra está en García Vigil.
30 Arquitecta y cronista oaxaqueña
La Hostería de Alcalá, ahí fue un colegio católico […] Dirigido por sacerdotes en el siglo XVI y era de 2 patios, con escalera, hay otro piso pero ahora es de 3 porque le añadieron una casa de junto. Pero originalmente fue de 2, se llamó el Colegio de Fray Bartolomé de Ledesma en el siglo XVI […] Llega el ilustre don Benito Juárez y vende todo a particulares […] Y entonces esa casa se vuelve primero una casa habitación muy importante porque ahí vivió un tiempo don Andrés Portillo con su hermana en esa casa […] yo creo que él la vendió o no sé qué pasó cuando murió. Y pasó a ser vecindad, había una serie de habitaciones tremenda, esa ya me tocó conocerla a mí porque una amiga mía que ya murió vivió allí […] (Comunicación personal, septiembre 2023).
4.
Discusión y Conclusiones
A la luz de la premisa de que los comienzos siempre llegan disfrazados de finales, durante los últimos cinco años, se ha iniciado un proceso en el que comienzan a integrarse, como parte de la literatura latinoamericana, la vinculación del patrimonio cultural urbano (tangible e intangible) con la memoria y el quehacer de las mujeres en tanto se constituyen como herencia viva -cada uno en su tiempo y espacio-, atendiendo la “falta de perspectivas teóricas críticas y actualizadas, para entender las múltiples formas en que las desigualdades sociales se manifiestan en el espacio construido y en el acceso a una vivienda digna” (Molina et al, 2022, p.2), es decir se visibilizan experiencias femeninas y feministas de resistencia y liderazgo en contextos fragmentados, pero en su inclusión, en torno al patrimonio cultural, aún hay cabos sueltos, sobre todo en estudios centrados en el patrimonio, que tienden a omitir la participación, agencia y memoria de las mujeres, reproduciendo así una narrativa incompleta y sesgada de la historia urbana.
Así, la reivindicación contemporánea del concepto-término “patrimonio”, implica tejer una perspectiva que traspase el interés de conservar y voltee hacia la restauración de éste, considerando que la propia sociedad-comunidad que lo alberga requiere trenzarlo a través del diálogo entre pasado y presente, para reconstruir su autonomía y capacidad de agencia. Por lo que, realidades como las que ocurren en los cerros de Chile (Zenteno et al., 2023), donde el patrimonio se vive y se transmite desde lo cotidiano, fuera de los marcos tradicionales impuestos por la hegemonía, la Red de Mujeres por el Patrimonio en Puebla, las prácticas alimentarias alternativas en Amealco; así como la transmisión de la tradición oral en Campeche y la escrita en Oaxaca, se sostienen en gran parte por la voluntad de las mujeres, de compartir sus relatos mientras encarnan, remiendan realidades y las enlazan con otras, quienes desde la cercanía y la distancia -pero nunca olvido- fortalecen el tejido de guardianas de la memoria y de los saberes. Mujeres que simultáneamente, se vuelven fundamentales para la protección y transmisión del patrimonio, asegurando que además de las prácticas tradicionales, los inmuebles y los espacios continúen sirviendo como pilares vivos de identidad y comunidad.
Finalmente, visibilizar a las mujeres enlace31, quienes en “sus esferas productivas y reproductivas se desarrollan mayoritariamente sobre una base física que es su barrio, su entorno próximo” (Sarmiento et al., 2022, p.9) patrimonializado o no, son portadoras de un legado local, no solo como labor ética, sino epistemológica y política, en tanto que sus cuerpos, voces y experiencias permiten cuestionar las lógicas dominantes y proponer formas más justas, diversas e intergeneracionales de hacer ciudad; revalorizando así en todas las etapas de la vida, otras-nuevas-diversas formas de habitar-encarnar con-el patrimonio, personificando así eslabones entre lo que se pierde y lo que se preserva contra toda lógica.
Vemos entonces, que conviene orientar nuevas-otras preguntas considerando los para qué en armonía con sus fronteras y factibilidades, en tanto que las mujeres enlace en cada contexto y a través de su vida cotidiana en lo público y lo íntimo: son mediadoras comunitarias. Son un reconocimiento de que el patrimonio no se limita a lo monumental o visible, sino que está tejido en lo doméstico, lo relacional y lo vivido. Enlazan límites que suelen estar separados: el hogar y la calle, lo íntimo y lo colectivo, lo tradicional y lo moderno. Posibilitan la integración de nuevos pobladores sin desgarrar la memoria del lugar. Evidencian que la memoria es el legado que permite el acoplamiento del sentido comunitario necesario para la continuidad intergeneracional.
31 Recordando que “son también una expresión de resistencia creativa. A través de ellas, la funcionalidad de la identidad -como estrategia- y el recuerdo relacionado al conocimiento de las condiciones del lugar -como recurso activo-, se convierten en aspectos capaces de modificar las formas de habitar, consumir y defender el espacio” (Ayala-Galaz, 2025, p.281)
Agradecimientos y financiación
Agradezco a la Universidad Autónoma de Querétaro campus Centro histórico, por ser sede de mi trayectoria académica y su personal docente del Doctorado en Estudios Interdisciplinarios sobe Pensamiento, Cultura y Sociedad quienes hicieron de este andar, una experiencia de vida. Asimismo, valoro el recurso otorgado para lograrlo, por parte del Consejo Nacional de Humanidades Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT), durante los años 2020-2024.
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