1.
Introducción
En “La invención de lo cotidiano”, Michel de Certeau (2007) propone un conjunto de postulados sobre las artes del hacer dentro de las ciudades. En su texto, las tácticas y las estrategias aparecen como narrativas que construyen los vínculos diarios. Los peatones enuncian itinerarios y recorridos, los comerciantes tradicionales construyen el ritmo y la rutina, de espacios edificados, calles, casas y monumentos, los cuales enuncian la memoria y salvan, día a día, los retos de la historia. De Certeau, además afirma que es importante mirar a las ciudades como un conglomerado imposible de insólitas conexiones y factible a la observación minúscula y al detalle molecular. Las tácticas y las estrategias son aquellas prácticas donde los andantes y habitantes enuncian a modo de relatos, la identidad dentro de la dimensión de la vida cotidiana: “Los caminos de los paseantes representan una serie de vueltas y rodeos susceptibles de asimilarse a los giros o figuras de estilo” (De Certeau, 2007, p. 112).
Desde finales del siglo XX, los centros históricos y más aquellos declarados por la UNESCO, se han convertido en campos de disputa, donde emergen intensas fricciones entre la salvaguarda del patrimonio y su mercantilización con fines turísticos (Ayala y Vázquez, 2024). Estos lugares evidencian conflictos entre el manejo del patrimonio y las prácticas de significación cotidiana que tienen sus habitantes. El objetivo del artículo es analizar las transformaciones que la declaratoria de patrimonio cultural de la humanidad (UNESCO, 1996) ha generado en los distintos modos de habitar el centro histórico de la ciudad, escenario donde de manera intensiva se ha desarrollado una política ligada hacia su proyección turística mundial. Lo que vemos en Querétaro, al igual que en otras partes del mundo, es cómo estas declaratorias coadyuvan tanto “con la restauración de la arquitectura como la sobrevaloración del centro histórico” (Pérez, 2023, p. 121).
La metodología que sostiene el presente texto proviene de la antropología, con la construcción de postales etnográficas, para generar un análisis de las tensiones que existen entre la turistificación, el patrimonio y las formas de habitarlo. Allí posicionamos a los actores que participan, sus relatos y acciones, para activar técnicas como la observación participante, el diario de campo y las entrevistas a profundidad.
Hoy, el fomento del turismo masivo ha generado enormes transformaciones en los centros históricos. A partir de políticas públicas que reordenan, estilizan e higienizan la imagen urbana y el espacio, se fomenta una ciudad ad hoc para los visitantes. Planeada y representada como amigable y accesible con el turista, pero ¿cuánto lo es para sus habitantes? Para responder a esta y varias preguntas, el presente texto se ha organizado en tres apartados. El primero a modo de estado de la cuestión, posicionamos las fricciones entre turismo y patrimonio, vistos desde sus habitantes. Se mira a la gentrificación como un proceso de desplazamientos y despojos que transforma radicalmente los modos de vida tradicionales en los espacios declarados (Gnecco, 2021). En la segunda parte se exponen tres postales etnográficas, las cuales recuperan distintos hechos que nos permiten comprender de manera entrelazada cómo se viven desde múltiples escalas, las fricciones entre la habitabilidad y la turistificación en el centro histórico de Querétaro. Y, finalmente en el tercer apartado, se concluye, cómo a partir de las políticas de turistificación justificada desde el patrimonio se generan acciones que fragmentan el tejido social, entre los habitantes tradicionales, con lo cual, aumentan las sensaciones de exclusión y desplazamiento.
2.
Metodología
La investigación es de carácter cualitativo y de corte etnográfico, pretende la comprensión de las tensiones socioculturales entre turistificación, patrimonio y formas de habitar un centro histórico declarado patrimonio cultural de la humanidad. Toma como universo de estudio las dinámicas cotidianas que ocurren en calles y plazas del centro histórico de Quéretaro, entre 2024–2025; mientras que la muestra se constituye con sus habitantes actuales y antiguos, seleccionados mediante criterios de pertinencia cultural y experiencia de vida en el territorio; con ellos se estructuran tres postales etnográficas (Crapanzano, 1980), que sirven de base para el análisis correspondiente. Se trata de un análisis interpretativo, sustentado en la tradición antropológica, que privilegia la descripción densa. Se aplica las técnicas de observación participante y entrevistas. La finalidad de la investigación es comprender cómo distintos ciudadanos, como actores principales de un proceso cultural, experimentan, narran y se apropian de los escenarios patrimoniales en contextos de tensiones radicales y recurrentes con la masificación turística.
3.
Resultados
3.1. Patrimonio y turismo. Habitar los centros históricos en la encrucijada global.
En la actualidad, los estudios vinculados con el turismo se nutren de enfoques y metodologías que se encuentran situadas de manera fronteriza entre la antropología, la sociología, el urbanismo o la geografía. Desde estas perspectivas, la descripción analítica de fenómenos, problemáticas y procesos va mostrando los énfasis temáticos que dan cuenta del espíritu del tiempo dentro del mundo contemporáneo. En los últimos 25 años, desde los estudios críticos hemos visto un vuelco de posibilidades para su comprensión. Lejos de hacer un inventario detallado de los cientos de artículos vinculados, agrupamos aquellas tendencias vinculantes con el objetivo de este artículo, enfatizando los análisis del turismo como política pública de patrimonio (Vera, 2020), como conflictos entre lo local y lo global (Pastrana et al., 2022), así como la creación de conceptos como pueblos y barrios mágicos (Ortíz, 2020), sus repercusiones, en tanto a despojos y ecoextractivismo (Nuñéz et al., 2021) y también las resistencias locales frente a las amenazas globales (Morales, 2024). En dichos enfoques se reflexiona sobre el turismo desde sus disputas, los actores sociales que lo componen, el espacio y, en definitiva, de las asimetrías del poder. “En el caso del turismo y declaratorias de patrimonio intangible, son evidentes los efectos colaterales que tienen entre la población local donde la discriminación y la desigualdad se recrudecen” (Vázquez y Morales, 2022, p.26).
El turismo es una práctica social extendida y aceptada en todo el mundo (Torres y Araujo, 2013). Implica un proceso de organización geopolítica y socioeconómica, donde las dimensiones de tiempo y espacio juegan un papel crucial. Ahí la circulación, los desplazamientos y las conexiones son indispensables para crear itinerarios globales capaces de enlazar con escenarios locales. En la actualidad, el turismo como actividad económica reporta un pleno crecimiento y cada vez van quedando en el olvido aquellas imágenes vinculadas con la época de la pandemia del SARS-COV-19, donde las calles, las plazas y las avenidas de las principales ciudades del mundo lucían en profunda soledad. Sin embargo, este resurgimiento del turismo volvió a mostrar distintos dilemas en torno al uso del espacio en los centros históricos. Si la pandemia sirvió para mostrar la desigualdad social, el turismo, y especialmente el turismo masivo, estaba reviviendo los males históricos que caracterizan a múltiples ciudades, como la discriminación, el racismo y la colonialidad. Para autores como Trivi (2018):
Los intereses económicos y políticos que sostienen al turismo capturan uno de los símbolos identitarios de la ciudad para apuntalar la generación de valor, acallando voces críticas sobre los impactos de la actividad, modificando las prácticas de apropiación del espacio de los habitantes y condicionando aquellas de los nuevos visitantes. (2018, p.1139).
En 2025, organizaciones sociales de distintas ciudades se han manifestado en contra de la gentrificación enunciando la consigna: tourist go home. Un ejemplo de ello son Barcelona (15 de junio) y Ciudad de México (15 de julio) donde los colectivos con presencia de habitantes salieron al espacio público para denunciar y criticar los modelos masivos de turismo, junto con sus palpables consecuencias en el fomento del desplazamiento y la desigualdad social, y señalar la complicidad entre los gobiernos y empresas que la provocan y promueven. En términos académicos, las discusiones críticas sobre el turismo fueron construyendo los campos temáticos y las perspectivas ligadas con la gentrificación (Glass, 1964), la acumulación por desposesión (Harvey, 2013), el extractivismo (Gudynas, 2015), la colonialidad y la blanquitud (Sánchez Arismendi, 2023), así como las luchas colectivas por el derecho a la ciudad (Lefebvre, 1969). Dichos enfoques, tomaron un gran auge, innovando en metodologías para el registro de la realidad y haciendo esfuerzos importantes para la divulgación y democratización del conocimiento.
Actualmente, la gentrificación es uno de los grandes paraguas para el análisis sociocultural y espacial de distintas prácticas culturales asociadas con las asimetrías sociales. Algunos ejemplos están expresados en la adjetivación de la gentrificación como: gentrificación criolla, latino-gentrificación, gentrificación a la mexicana (Gómez, 2015; González, 2010; y Hiernaux, 2016). Otra perspectiva muy recurrente es el abordaje de la gentrificación situada desde actores sociales: gentrificación y poblaciones indígenas (Gatica et al, 2023), gentrificación y poblaciones juveniles o niñeces (Moncrieff, 2025), hasta llegar a la narcogentrificación (Holzman, 2019), por mencionar algunos. Así también hay interés amplio en particularismos temáticos como, por ejemplo, gentrificación alimentaria (Hernández y Vázquez-Medina, 2023), gentrificación y patrimonio (Valencia, 2019), gentrificación y ocio (Mateo y Díaz, 2009), gentrificación y vivienda (Kern, 2022). Todo lo anterior se ha convertido en los matices de atención que a diario se multiplican a razón del enorme interés académico por el tema y sobre todo porque cada vez más organizaciones de la sociedad civil se manifiestan en el espacio público para denunciar los procesos de despojo y acaparamiento devenidos por la gentrificación.
https://elpais.com/opinion/2025-06-17/pistolas-de-agua-contra-el-turismo.html y https://www.bbc.com/news/articles/cp8d87l6lp1o
En cuanto a las discusiones vinculadas con las prácticas de resistencias y las luchas por los derechos en la ciudad, uno de los temas de mayor auge es la pugna por el espacio habitacional, y ello no es baladí, ya que, dentro del panorama epistémico construido desde los procesos de desplazamiento y desalojo de la vivienda, los anclajes que presentan las persistencias, la acción colectiva y la proyección de la memoria del lugar están todos ellos asociados con la habitabilidad (Vera y Lucio, 2023). En la gran mayoría de la literatura académica antes mencionada, los términos: desplazamiento, despojo, desalojo, limpieza, regulación y ordenamiento expresan las gramáticas que enuncian la intervención de actores externos (empresas y gobierno) que toman decisiones y que ejercen una presión jurídica y económica frente a la habitabilidad tradicional, la cual se trata en aquellas formas del hacer desde la memoria y la identidad de las personas residentes. Son los enlazamientos con el territorio público y privado, a partir de interacciones simbólicas, donde el apego, la autoadscripción y la pertenencia espacializada se vuelven un elemento de cohesión social. En un espacio donde la habitabilidad existe, esta se gestiona desde los procedimientos minúsculos donde “sus trayectorias y prácticas cotidianas revelan cómo los límites simbólicos y materiales no solo dividen, sino que también generan interacciones, resistencias y apropiaciones del territorio” (Moncrieff, 2025, p.13).
Habitar, representa un conjunto amplio de experiencias que movilizan de manera continua la vida pública y privada. Cuando una persona sale de una vivienda, se comienzan a tejer relatos que conectan un punto con el otro: “para habitar es preciso sostener una idea precisa de espacio, de casa, de lugar, de ciudad que continuamente se está rehaciendo en nuestra conciencia, bajo la influencia de las imágenes exteriores y de las vivencias” (Llorente, 2015, p. 344). Un espacio habitado ofrece no solamente la comprensión de la identidad y la territorialidad, da la pauta para percibir los vínculos sociales y los modos cómo el espacio se ocupa y se gestiona. “La diversidad de percepciones respecto a las prácticas o experiencias que los usuarios tienen en relación al espacio habitado en el que se inscriben, depende por mucho de los factores humanos, sociológicos y generacionales que están implícitos en ello” (Aguilar y Anguiano, 2021, p. 29).
Ahí, tras las cortinas de las ventanas, está el ojo vecino que advierte y acompaña. Las conversaciones espontáneas, cara a cara, son parte indispensable para el reconocimiento que construye y da pertenencia. Los que habitan una ciudad y comparten un espacio determinado construyen un ethos de significados que sirve para interpretar y manejar aquello que les rodea. Cuando existen crisis o circunstancias problemáticas, estos significados generan los enlaces que estructuran la acción colectiva que, en gran diversidad de ocasiones, sirve para defender el espacio. Para Jane Jacobs, los barrios habitados son una unidad espacial de experiencias culturales diversas, se trata de “un lugar que mantiene sus problemas a una distancia tal que no se deja destruir por ellos” (Jacobs, 2000, p.143).
Habitar significa construir de manera colectiva un sentido espacial común. Al proyectar la vida cotidiana al turismo, el alma de los barrios y las ciudades se fragmenta y divide. El bisturí que hace los cortes está afilado por campañas y agendas comerciales para incentivar la visita, logrando por medio de festivales culturales, reuniones masivas de negocios o ferias, las excusas adecuadas para controlar el ritmo y volumen de quienes llegan, modificando las pautas socio territoriales construidas a lo largo de décadas por los habitantes. Usualmente, el turismo y sus impactos se enuncian desde el relato monetario positivo; se habla de derrama económica, se describen los millones de turistas y lo que generan en cuanto a empleos, pero pocas veces se narra sobre las otras derramas, por ejemplo, el alto volumen de toneladas de residuos sólidos, el costoso manejo de aguas grises y negras, el aumento del tráfico vehicular, los problemas de estacionamiento, el encarecimiento exagerado del costo de la vivienda, los dilemas de gestión y distribución del agua potable, altos índices de ruido, o el aumento de la inseguridad y delincuencia organizada. Todas estas otras derramas aparecen de manera simultánea a las políticas de masificación turística, las cuales, de forma progresiva, van empujando y desplazando a los residentes hacia fuera de sus espacios originarios dentro de las ciudades.
De ahí que sea cada vez más notorio que las calles, las casas y los entornos de alta demanda turística tengan, cada vez, menor índice de habitantes y cada vez mayor presencia de personas con capacidades adquisitivas mayores a la población tradicional, usualmente de origen popular y clases medias. Cuando una calle o un barrio se va deshabitando, ese espacio inmediatamente se ocupa con una función distinta. En el caso de la turistificación, el cambio de uso habitacional a uso terciario de servicios vinculados con hospedaje y alimentación es el ejemplo más evidente. Mediante fachadas hermosas, ordenadas y homogeneizadas, calles anchas y adecuadas para los visitantes, se va generando un conjunto de externalidades que funcionan con el calendario turístico. Angela Gilia afirma:
Facilitar el tránsito peatonal puede implicar la multiplicación de bares y restaurantes con terrazas al exterior y transformará la calle en un espacio en donde la actividad prevaleciente será la de sentarse a consumir, de modo que quienes no puedan hacerlo se verán indirecta pero enérgicamente excluidos del nuevo uso dominante. (Gilia, 2017, p.26).
En estos espacios, los horarios son definidos por el ritmo de la compra y la venta. Los espacios abren y cierran a partir de las jornadas de trabajo y los salarios. Aquí las personas que laboran usualmente, habitan en lugares distantes, por lo cual su jornada laboral contiene un uso intensivo de tiempo para el traslado. La vida cotidiana de estos centros de trabajo se organiza a partir de temporadas altas y bajas, horas pico, días buenos o periodos vacacionales. Por lo tanto, el uso del tiempo está perfilado por el volumen de los turistas y el modo de atención.
Llamamos externalidades a la exteriorización estética del espacio, donde la forma sustituye el fondo y la función. Un ejemplo de ello es el ordenamiento de colorimetría en fachadas, el arreglo visual de los jardines con plantas no nativas, entre muchos otros que podemos observar en el espacio público.
3.2. El centro histórico de Querétaro.
En 1996, el centro histórico de Querétaro fue declarado por la UNESCO como patrimonio cultural de la humanidad. Años antes, el gobierno del Estado, a partir de un conjunto amplio de acciones, preparó el terreno para su inscripción. Esa preparación tuvo que ver no solamente con la generación de información e investigación sobre el estado del patrimonio y el argumento de su autenticidad; sus acciones también estuvieron vinculadas a la realización de un conjunto de transformaciones espaciales, principalmente orientadas hacia la imagen urbana y el ordenamiento del territorio. Un par de años antes, se creó una comisión interinstitucional donde arquitectos, urbanistas e historiadores compartían opiniones sobre la importancia del espacio y su posible potencial. A partir de esa visión conjunta se comenzaron las actividades ligadas con la catalogación de sitios y monumentos, la generación de poligonales y la aplicación de acciones para la mejora de la imagen urbana.
En calles como 5 de mayo, una de las vías icónicas del centro histórico, se comenzaron los trabajos de iluminación, cableado subterráneo, arreglo de fachadas, ensanchamiento de aceras, cambio de materiales para las calles, sustitución de árboles por vegetación paisajística, señalización e información turística. Así, la calle fue cambiando de las puertas hacia afuera, con mejorías estéticas y notorias transformaciones que inmediatamente fueron aplaudidas por los políticos. Posteriores a los primeros años de la declaratoria emergieron nuevos comercios: primero los restaurantes, luego los hoteles, seguidos por las cafeterías, las panaderías, los teatros y las galerías. Las aceras vieron nuevos peatones; ya no solo eran los vecinos de antaño o los trabajadores de las oficinas de gobierno. Comenzaron a llegar los visitantes, primero aquellos de otros lugares de la ciudad, que regresaron al centro para ser testigos de las transformaciones y, posteriormente, visitantes de otras partes del país y del extranjero.
A casi 30 años de la declaratoria, Querétaro se ha convertido en una de las ciudades más visitadas, a nivel nacional. Sus calles y aceras reciben poco más de siete millones de visitantes anuales. Su crecimiento en alojamientos de hoteles y de plataformas digitales sigue en aumento, al igual que el incremento de restaurantes, bares y cafeterías. El crecimiento de empresas turísticas ha sido exponencial en estas tres décadas, pasando de apenas unas decenas hasta el día de hoy, que sus números se contabilizan en centenas. La transformación dentro del espacio público es evidente. Los jardines se arreglan cada periodo vacacional con flores de temporada, los andadores y las calles se acondicionan para el esparcimiento de los visitantes y las plazas se han convertido en foros al aire libre para escenarios de festivales artísticos. Y en simultáneo a estas transformaciones expansivas a favor del turismo, podemos mirar desplazamientos y fragmentaciones de la habitabilidad. Siguiendo en la calle 5 de mayo, que es un gran referente, en sus dos primeros tramos, observamos la progresiva salida de los habitantes. Hace 20 años existían al menos 30 predios utilizados como casa habitación, de los cuales a la actualidad solamente quedan seis. Hoy los espacios que antes eran viviendas se han transformado en restaurantes, cafeterías, tiendas de artesanías y souvenirs, así como un emblemático hotel de cinco estrellas, que anteriormente era una vecindad.
En los últimos 10 años, la inversión gubernamental para el posicionamiento de la ciudad como una marca ha ido en aumento, al igual que la inversión para el crecimiento del aeropuerto y las vías terrestres de comunicación. Sin embargo, estas transformaciones también generan impactos para las personas que habitan la ciudad. A continuación, se muestran tres postales etnográficas donde enlazamos casos, discursos en torno a la habitabilidad, el patrimonio y la gentrificación.
3.3. La ciudad iluminada. La lucificación del patrimonio
Para distintos turoperadores de la ciudad de Querétaro, el turismo puede entenderse antes y después de la pandemia. Señalan que las tendencias, las actividades y las temporalidades cambiaron radicalmente, junto con los paquetes, las ofertas, los servicios, los viajes y los transportes. De ahí que se generaran acciones intensas de mercadotecnia para atraer a turistas deseosos de dejar atrás el confinamiento, el miedo y la zozobra creada por la pandemia.
En el espacio público del centro histórico de la ciudad comenzaron a aparecer un conjunto de objetos utilizados como distintivos de marca. Uno de ellos fue las letras de tamaño monumental, con el nombre de la ciudad en la Plaza de armas. A un costado, se pusieron distintos mobiliarios y objetos a modo de sets para que los visitantes pudieran tomar fotografías. Estos objetos eran semifijos y se podían observar también en las calles peatonales y en las plazas. Así, estos spots en espacios públicos fueron quedándose como estrategia de atracción turística, generándose cada año más y más conceptos, hasta que en 2023 se realizó un intenso proyecto de iluminación por medio de luces blancas y de colores en las plazas, las calles, los monumentos y los andadores, todos ellos tuvieron una gran acogida por parte de los visitantes.
Estos portales de luces, túneles de luz de iluminación aérea constan de enormes estructuras de metal que se plantan en bases pesadas y se elevan para sostener una gran cantidad de cables de acero, desde donde se descuelgan miles de luces LED. En el andador 5 de mayo, en su tramo de Plaza de Armas al jardín Zenea, se colocaron más de una decena de estas estructuras. A lo largo de los días previos al encendido, una gran cantidad de trabajadores subcontratados por el gobierno desplegó materiales eléctricos, grúas, postes y herramientas. Los trabajos de instalación los realizaban en su mayoría por la noche, para no interrumpir los flujos diurnos de la calle y, cuando llegó el día del encendido, los turistas se aglomeraron en el espacio para poder tomar selfies entre el brillo nocturno de la ciudad.
Los días fueron transcurriendo con un espectáculo noctámbulo para los visitantes y poco a poco se convirtió en una progresiva molestia para los habitantes. Dado el número de luces y las instalaciones eléctricas, en el centro histórico, el flujo del voltaje de luz en las viviendas se hizo inconstante. En varias viviendas y en algunos espacios comerciales se comenzaron a reportar bajas de luz y afectación en aparatos eléctricos: “Esta Navidad se descompuso mi refrigerador; fueron tantas las altas y bajas de luz que un día, cuando regresé de trabajar, no había luz y de pronto volvía a llegar y mi refrigerador se fundió. Me dio mucho coraje porque nadie se responsabiliza por eso” (L. Hernández, comunicación personal, 17 de marzo, 2025).
En el espacio público, el espectáculo de luces también generó distintos dilemas. Dada su instalación nocturna, los vecinos se comenzaron a quejar del ruido de máquinas y de grúas que interferían con las horas de descanso de los habitantes. También se reportaron afectaciones materiales a fachadas de casas, a razón de anclajes de cables.
Por otro lado, varias de las estructuras utilizadas para sostener las luces generaron dificultades de accesibilidad en el espacio abierto. Al estar sostenidas con una base de gran volumen, dichas estructuras se convirtieron en obstáculos para los viandantes, lo que provocaba una gran cantidad de lesiones en los pies y las piernas, ya que los paseantes veían y sacaban fotos a la iluminación aérea y las caídas y los pisotones se convirtieron en algo común.
En el tiempo diurno se reportaron varios accidentes provocados a personas de visualidad limitada. J. Luna , integrante de una asociación para ciegos y débiles visuales, señala: “Las personas que no podemos ver generamos a lo largo del tiempo un mapa de las calles y los trayectos a partir del sentido de la orientación, del vínculo de los espacios y los tiempos y de mapear con la mente los objetos a los cuales estamos acostumbrados. Sin embargo, de la nada nos ponen estructuras que para nosotros resultan en un nuevo peligro”. (J. Luna, comunicación personal, enero 2025).
Otros grupos vinculados con los derechos del peatón se sumaron a la queja ciudadana, a la cual la Secretaría de Movilidad del ayuntamiento de Querétaro atendió colocando cajas de madera o costales de tierra para evitar tropiezos y posibles accidentes. Sin embargo, esto no se cumplió de manera adecuada y quedaron varias estructuras al descubierto, y con ello se incrementaron los accidentes.
Figura 1
Estructuras antipeatonales
Cuando terminó la temporada navideña, comenzó el levantamiento de amenidades para los turistas. De pronto llegaron enormes transportes y se llevaron las letras, las luces y los cables. Sin embargo, pasaron los días y las semanas y las estructuras se mantenían. Ahí estaban convertidos en obstáculos y trampas para viandantes, con aspectos desgastados y descuidados, porque ya no había visitantes ni iluminación que sostener. En el año 2025, estas estructuras ocuparon el espacio público por más de un mes posterior a la finalización de la temporada, fueron reportadas varias veces por los vecinos y no fueron atendidos por la autoridad en turno.
“Nosotros ya pusimos varias quejas en la delegación del centro histórico, hicimos reportes y cartas. Es totalmente incongruente que el centro que se vende para los turistas con una imagen de patrimonio y con mucho orden, se deje para los pocos habitantes que quedamos problemas, basura y desorden” (María F. comunicación personal, abril de 2025).
3.4. Las paradojas del patrimonio. Las dos caras de la muñeca
Entre el 2018 y el 2019, el mundo conoció a la ciudad de Querétaro gracias a la muñeca Lele. Pero ¿quién es Lele, de dónde surgió y cómo es que el mundo la conoció? Para dar respuesta, nos vamos a 70 kilómetros de distancia con dirección hacia el Estado de México, donde se encuentra el municipio de Amealco de Bonfil. En este lugar hay un conjunto amplio de comunidades indígenas que se auto adscriben como ñäñho y que la población no indígena desde épocas coloniales denominó otomís. Algunas de las comunidades ñäñho más representativas por su utilización de la lengua, indumentaria, realización de rituales y sistemas normativos tradicionales son: San Ildefonso Tultepec y Santiago Mexquititlán. Las comunidades están organizadas en unidades territoriales y de parentesco, situadas en los barrios donde muchas veces se comparten actividades vinculadas con la agricultura y la realización de rituales, a razón de las deidades ancestrales, el culto a los difuntos y la religiosidad popular.
En la lengua ñäñho, la palabra “lele” significa “bebe”, y usualmente ese es el modo de llamar a una persona, en el periodo de recién nacido hasta que puede caminar. En el siglo pasado, las mujeres ñäñho comenzaron a elaborar muñecas con diseños bordados propios de su cosmovisión. Con telas de manta, hilo de colores llamativos, las muñecas fueron volviéndose populares y representativas de las mujeres indígenas, quienes durante décadas las vendieron en espacios públicos del centro histórico de la ciudad. Durante años, era usual encontrar a mujeres ñäñho que se dedicaban a comerciarlas en las banquetas, plazas y jardines. Usualmente, caminaban ofreciendo sus artesanías ayudadas de una canasta que les permitía transportar productos como servilletas de tela, manteles bordados y también hierbas aromáticas del campo.
Sin embargo, luego de distintos planes vinculados con el ordenamiento del centro histórico, su presencia fue reconocida como una actividad ligada con el comercio ambulante y fue prohibida. Aun hoy en día existe en la memoria de mujeres artesanas, distintos actos violentos realizados por inspectores y personal policiaco para quitarlas del centro. Uno de ellos en 2012, cuando un grupo de policías e inspectores golpearon, decomisaron y violentaron a un grupo de artesanas que realizaban comercio en la vía pública. Este evento no solamente mostraba la necesidad de control del espacio de parte de la autoridad, también formaba parte de las mejoras de la imagen del centro histórico que, según la narrativa del entonces gobierno, se hacían para brindar a los turistas un espacio donde las vialidades, plazas y andadores pudieran estar ordenados. De ahí que los jardines, las calles y las fachadas fueran escrupulosamente arreglados. La limpieza y la señalización se comenzaron a volver manifestaciones visibles de un centro histórico que se estaba perfilando hacia una oferta turística de mayor alcance.
En 2018, la Secretaría de Turismo del gobierno de Querétaro lanzaría la campaña de Lele como embajadora del mundo. Esta consistió en una diversidad de estrategias que tenían el objetivo de posicionamiento de la marca ciudad como destino turístico y utilizarían a la muñeca Lele como branding principal. Para ello elaboraron una muñeca de cuatro metros de altura, la cual recogía algunas de las características de las elaboradas por las artesanas indígenas. Dicha muñeca monumental, fue nombrada embajadora de Querétaro ya que una de sus misiones fue visitar distintos países del mundo para incentivar la promoción turística; entre ellos: Inglaterra, Estados Unidos, Canadá, Italia, China y Qatar. Su popularidad cobró relevancia en las redes sociales y su presencia se volvió viral, a razón de millones de fotografías y videos.
Figura 2
Lele monumental
En el espacio público del centro histórico también se utilizó a Lele en forma de gráfico. En varias esquinas de los puntos más visitados por los turistas, se colocó en las luces de los semáforos la imagen de Lele, causando revuelo entre los visitantes, y convirtiendo estos sitios en spots fotográficos. Asimismo, las tiendas de artesanías y recuerdos comenzaron a diversificar la producción de mercancías con esta nueva representación gráfica, y de pronto brotó una amplia variedad de camisetas, bolsas, llaveros, postales, platos, toallas, tazas y demás objetos donde Lele estaba presente.
Para el 2019, la campaña turística internacional de Lele obtuvo su primer reconocimiento como la mejor estrategia de posicionamiento de marca ciudad, a nivel nacional, y en las redes sociales se observó nuevamente una enorme difusión de su imagen. Por otro lado, en el espacio público, la política de crecimiento turístico intensificó las intervenciones policiacas dedicadas a la vigilancia de la venta de artesanías. A lo largo de los años, la tensa calma entre la norma y la emancipación construyó sus cotidianos equilibrios, hasta que, en 2024, el entonces electo alcalde comenzó con la implementación del Plan Orden, el cual consistía en “limpiar el centro histórico del comercio informal” y “recuperar los espacios para la ciudadanía”.
Los eventos acontecidos aquel día, marcaron un nuevo hito dentro de la memoria de las mujeres ñäñho, al ser agredidas por medio de un operativo policial, donde de manera violenta y arbitraria fueron desalojadas de las calles con sus artesanías decomisadas. Con más de 120 policías, destacamentos antimotines y unidades caninas, se estableció un cerco en los lugares a donde usualmente las artesanas caminaban vendiendo sus muñecas. De inmediato, en las redes sociales y en los medios de comunicación, los colectivos vinculados con la procuración de los derechos humanos y asociaciones civiles, registraron y denunciaron los hechos violentos, señalando la gran paradoja: una ciudad que golpea a sus artesanas es la misma ciudad que se muestra al mundo por medio de una muñeca artesanal.
En las declaraciones emitidas por el presidente municipal de Querétaro, el argumento para justificar dicho operativo fue que, a partir de ello, se liberaron las vialidades de la zona patrimonial. Lo que ha sucedido desde aquel entonces con el establecimiento del “Plan Orden” ha sido el recrudecimiento de la vigilancia y segregación de las personas en el centro histórico, especialmente si se trata de mujeres indígenas dedicadas a la venta de artesanías. M. Pascual, mujer dedicada a esta actividad comenta: el gobierno les da mucho poder a los inspectores, les paga porque nos quiten y nuestro único crimen es hacer artesanías como la muñeca Lele.
Figura 3
Nota periodística sobre el operativo contra las artesanas
Nota. Fotografía. Cruz, M. L. Pérez, 2024, Diario de Querétaro. https://oem.com.mx/diariodequeretaro/local/inicia-operativo-centro-historico-para-recuperar-espacios-publicos-13098583
3.5. Ciudadanos de segunda. El reto de habitar
Es temprano por la mañana; los rayos de sol comienzan a iluminar las calles de rosa cantera, que poco a poco van dejando atrás la quietud y el silencio. De pronto suena el grito de un vendedor que va desde su triciclo ofreciendo delicias para los transeúntes, que se van desbalagando al movimiento del reloj que no se detiene. Caminando por las aceras, se puede percibir el olor del café y los alimentos matutinos que darán energía a las personas, que tienen como destino el acudir a la escuela o al trabajo. En el piso de las calles se observan las huellas de la noche: bolsas de basura, botellas de vidrio, filtros de cigarros y demás pertrechos de almas noctámbulas.
Al andar, se escucha con sonoridad el: “buenos días”, junto con su respuesta inmediata de: “buenos días”. Las patas de los perros se apresurarán para comenzar sus respectivos paseos al mismo tiempo que las escobas dejan su remanso e inicia el sonido del barrer de las hojas que desde los árboles han caído. La conversación surge de manera espontánea entre las vecinas que, mientras barren, narran los sucesos de la noche o del día anterior. Ellas se preguntan: ¿cuándo pasará el transporte que se lleva la basura? En la acera, nunca falta el vecino que va a la panadería y las saluda, o la vecina que sale apresurada con sus hijos e hijas rumbo a la escuela. Pasa el vendedor de periódico, las saluda, se detiene, entrega en mano las noticias de la ciudad, continúa su andar en la bicicleta sorteando los vehículos que, con mayor continuidad, se van abriendo paso.
Hace aproximadamente 20 años, esta estampa citadina era común en una gran cantidad de las calles que conforman el centro histórico de Querétaro, incluida 5 de mayo, hoy en día, vialidad icónica del turismo y sitio preferido de los visitantes por su oferta gastronómica, hoteles y venta de artículos artesanales y de diseño. Ante el crecimiento del turismo nacional y el vuelco del centro histórico hacia el sector comercial internacional, se observa también un aumento en el precio de la renta y la venta de inmuebles. Desde hace más de 20 años, el gobierno, mediante sus distintas políticas e iniciativas de fortalecimiento del desarrollo económico, ha puesto enorme atención para el cuidado de la imagen de las calles más visitadas, con el fin de ofrecer al visitante experiencias significativas en el corazón de la ciudad.
Sumado a esto, los aumentos del precio de la renta de la vivienda han ido transformando la composición de las casas y las calles que sostienen al centro histórico. Un ejemplo de ello lo encontramos en los siguientes relatos provenientes de entrevistas hechas a personas que durante alguna época lo habitaron y que, a partir de las intensas transformaciones, tuvieron que dejar su céntrica cotidianidad:
“Nosotros en 2018 pagábamos de renta por un departamento de dos habitaciones con cajón de estacionamiento 5,400 pesos (250 dólares); progresivamente nos comenzaron a pedir más renta y no pudimos continuar pagándola. El otro día pasé por ahí y había un letrero de Se renta. Llamé por curiosidad y estaban pidiendo 11,500 pesos (580 dólares)”. (Guadalupe N. comunicación personal, abril de 2025).
La transformación del espacio público, a partir de la inversión de proyectos gubernamentales para la mejora de la imagen urbana, sin duda, ha vuelto atractivo para inversionistas y turistas la zona de monumentos, las calles y múltiples fachadas de viviendas. Y esto en la vida cotidiana de los habitantes se percibe así:
“Pues a las personas que vivimos aquí nos sale muy caro mantener la arquitectura histórica. Si queremos hacer algo, los inspectores nos vigilan y clausuran. Pero también veo que con los empresarios que invierten en casas antiguas para hacer hoteles o salones de fiestas hay todas las facilidades. Basta darse la vuelta por la noche en el centro y no falta ver transportes de materiales y trabajadores tirando y construyendo el patrimonio” (Eduardo R., comunicación personal, mayo de 2025).
En cuanto a los servicios, las personas que habitan cerca del mercado tradicional de La Cruz señalan que han detectado, en los últimos años, problemáticas del abasto de agua. Estas han coincidido en temporadas altas de visitantes, generándose la sospecha de que el gobierno canaliza el agua a los hoteles y disminuye el volumen a las casas.
“Aquí estamos sospechando que nos están limitando el agua para que los hoteles y restaurantes puedan seguir operando. ¿Se imagina llegar a un hotel sin agua? Eso no es posible, ¿verdad? Qué casualidad que en las casas no hay agua y en los hoteles y restaurantes del mero centro sí; con ese tipo de cosas los que vivimos aquí nos sentimos como ciudadanos de segunda” (Angelica A., comunicación personal, febrero de 2025).
El encarecimiento de la renta va de la mano con el aumento de los precios de bienes y servicios y la sustitución de giros comerciales, ya que la oferta se piensa hacia un sector económico alto, con lo cual se limitan las posibilidades de acceso a los vecinos originarios de estos lugares.
“Ahora hay sitios muy bonitos, con mucho lujo, pero por el nivel de precios ya no podemos acceder a ellos. Eso se siente feo; ahora tenemos que salir fuera del centro para encontrar lugares para comer o hasta para tomar un café. ¿No tenemos los habitantes de un centro que es patrimonio de la humanidad el derecho de tomar un café y un pan sin tener que pagar cientos de pesos?” (Erica S. comunicación personal, mayo de 2025).
En la calle 15 de mayo, en el número 56, se encontraba una unidad habitacional de cinco departamentos, la cual albergaba a familias compuestas por hijos de edad escolar, estudiantes de bachillerato y licenciatura, mujeres trabajadoras en los cuidados del hogar, maestros y un bombero. Una ex habitante de ese lugar nos dice lo siguiente:
“Me da mucha nostalgia ya lo derribaron. Eran cinco departamentos muy chiquitos y todos nos conocíamos. La renta en 2015 era de 4000 pesos. Digo que me da nostalgia porque el otro día pasé por la calle 15 de mayo y ya no existe, ahora están haciendo una gran construcción; no sé si será un estacionamiento o será un hotel enorme. En ese lugar tuvimos momentos muy felices y da tristeza verlo destruido” (María G. comunicación personal, junio de 2025).
4.
Discusión
Los entornos urbanos
son el escenario en el que desarrollamos nuestras vidas cotidianas,
en una estructura urbana que está definida
sobre la base de los valores de una sociedad capitalista y patriarcal
y en la que ambos sistemas se retroalimentan.
Blanca Valdivia, 2018.
La gentrificación en el centro histórico de la ciudad de Querétaro es una realidad imposible de ocultar y de callar. Es interesante la manera en que la literatura en torno a la gentrificación en esta ciudad, Gómez (2015), Hiernaux (2017) y Gayosso Ramírez (2017) coinciden en señalar que la utilización del imaginario del centro histórico, como estandarte para el turismo y la oferta residencial por parte de empresas inmobiliarias, ha impactado drásticamente entre los habitantes y el paisaje.
Las políticas públicas orientadas hacia la salvaguarda del patrimonio han ayudado a conservar, mantener y proteger el espacio edificado. En los casos abordados, por medio de las postales etnográficas, hemos podido observar que el arreglo y ordenamiento constante del espacio público tiene una aplicación permanente de presupuesto que ha servido para financiar acciones de conservación y mantenimiento de calles, plazas y monumentos; al mismo tiempo que ha promovido el establecimiento de acciones para la vigilancia y control estricto de la accesibilidad, lo que ha generado sensaciones de exclusión entre quienes utilizan el centro histórico como un espacio de entretenimiento y goce, hasta aquellos que se sienten marginados de la posibilidad de acceso y disfrute.
Con casi 30 años de una declaratoria de la UNESCO, es imposible no observar las transformaciones del espacio, a partir de la orientación del centro histórico como un destino turístico. Sin lugar a dudas, este cambio ha atraído un mayor número de inversiones, apertura de empleos y derrama económica. Empero, también ha servido para ir fragmentando el tejido social de los habitantes tradicionales. Como lo hemos señalado, el posicionamiento de capitales globales dentro de los mercados inmobiliarios ha generado un incremento al precio de la renta y de la venta y, por lo tanto, un drástico encarecimiento en los imponderables de la vida cotidiana, a partir de la ilusión patrimonial a lo que Jiménez Pacheco (2020) nombra: rentismo cultural. Los habitantes de una ciudad, de una calle o un barrio son quienes la sostienen, desde la vida cotidiana el espacio y la memoria de un lugar, haciendo frente a las múltiples formas de regulación y vigilancia:
Si es cierto que por todos lados se extiende y se precisa la cuadrícula de la “vigilancia”, resulta tanto más urgente señalar cómo una sociedad entera no se reduce a ella; qué procedimientos populares (también minúsculos y cotidianos) juegan con los mecanismos de la disciplina. (De Certeau, 2007, p. 81).
La gentrificación potencializa las sensaciones de desigualdad y los sentimientos de exclusión. Escuchar las voces de los habitantes se vuelve crucial para comprender cómo se vive desde adentro la compleja problemática, la cual podemos afirmar que sucede con distintas intensidades y matices en los centros históricos y más en aquellos donde el turismo se ha convertido en el ariete para el desarrollo de las economías globales. Como lo podemos observar en múltiples casos alrededor del mundo, es indispensable la intervención del Estado con la generación de políticas que puedan trascender más allá de la regulación de la oferta turística, a partir del incremento de cuotas para visitantes y prestadores de servicios; se tienen que ensanchar y sofisticar las políticas a favor de los habitantes, generando facilidades y accesibilidad normativa para la gestión de su experiencia cotidiana en calles, casas, espacios públicos y procesos barriales.
En la actualidad, es indispensable plantearse otros esquemas de ordenamiento del espacio donde la higienización a partir de la violencia, la desigualdad y el racismo no apunte nuevamente sobre aquellos actores sociales que, históricamente, han sido discriminados y que, paradójicamente, son los que aportan distinción, identidad y autenticidad al patrimonio cultural de la ciudad.
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