ARQUITECTURA Y ETNOGRAFÍA:

SENDEROS PARA OBSERVAR EL PATRIMONIO CULTURAL

CONSTRUIDO EN CENTROS HISTÓRICOS DE MÉXICO


Architecture and ethnography:

Paths for observing the built cultural heritage in Mexico’s historic centers



Angélica Álvarez Quiñones, Tecnológico Nacional de México - Querétaro (México)

(angelica.aq@queretaro.tecnm.mx) ( https://orcid.org/0000-0002-6944-8060)



Resumen

Este trabajo aborda tres principales ideas en torno a la mirada analítica sobre los centros históricos de ciudades mexicanas, caracterizados a través del caso específico de la ciudad de Querétaro. La primera de ellas se refiere al carácter cambiante de la noción de patrimonio cultural y los retos que implica para la disciplina arquitectónica. La segunda idea trata sobre el encuentro multidisciplinar, necesario para mirar el patrimonio cultural edificado en los centros históricos y del reciente auge de la etnografía como forma privilegiada de aproximación. La tercera idea se centra en la aplicación de algunas categorías de análisis de la etnografía del espacio y el lugar, sobre el centro histórico de Querétaro. Los centros históricos con valor patrimonial forman parte de los fenómenos urbanos contemporáneos y sus dinámicas sociales. El entorno construido es un sistema complejo de actividades que le dan sentido a múltiples formas de habitar. El propósito de este texto es mostrar algunas de las formas de habitar, siempre cambiantes, siempre en conflicto.

Abstract

This work addresses three main ideas regarding the analytical perspective on the historic centers of Mexican cities, characterized through the specific case of Querétaro. The first concerns the evolving nature of the notion of cultural heritage and the challenges this poses for the discipline of architecture. The second idea addresses the multidisciplinary approach necessary for examining the built cultural heritage in historic centers and the recent rise of ethnography as a privileged method of analysis. The third idea focuses on the application of specific analytical categories from the ethnography of space and place to the historic center of Querétaro. Historic centers with heritage value are part of contemporary urban phenomena and their social dynamics. The built environment is a complex system of activities that give meaning to multiple ways of inhabiting. The purpose of this text is to showcase some of these ever-changing, ever-conflicting ways of inhabiting.




Palabras clave

Arquitectura, centros históricos, etnografía, patrimonio cultural edificado, Querétaro.


Keywords

Architecture, built cultural heritage, ethnography, historic centers, Querétaro





Artículo recibido: 2-sep-25. Artículo aceptado: 28-nov-25.

DOI: 10.33324/uv.vi87.1067 Páginas: 32-47






1.

Introducción

La construcción histórica de un concepto de patrimonio cultural podría explicarse, en términos amplios, como parte del conjunto de nociones que conforman el pensamiento moderno, predominante en el mundo occidental y occidentalizado. Hablamos de la modernidad de larga data, sostenida en la profunda transformación social que implicó el surgimiento de la burguesía y el fin del orden medieval en la Europa occidental. En una sociedad ávida de la producción y el consumo de bienes y prácticas de distinción, los objetos adquiridos y legados entre generaciones, adquirieron gran importancia en el orden de la vida social. No solamente las familias acumularon riqueza en forma de objetos singulares, sino también los incipientes gobiernos seculares que se encargaron de dar valor a los objetos del pasado, que por su permanencia en el tiempo fueron altamente apreciados. Como ha historiado Choay (2009), los monumentos arquitectónicos y objetos artísticos de las culturas pretéritas, se identificaron como objetos dotados de valor histórico y cultural, que más tarde se denominaron patrimonio cultural.

Las transformaciones en la forma de comprender la idea de cultura durante los siglos que siguieron al surgimiento del pensamiento moderno, provocaron que también el concepto de patrimonio cultural se transformara. Por mucho tiempo prevaleció la noción de patrimonio cultural como objeto material y fue hasta el final del siglo pasado cuando se inició un proceso de incorporación de los conocimientos, las prácticas y el conjunto de elementos que conforman el patrimonio cultural de forma intangible, inmaterial. En el inicio de este siglo también inició un proceso de reconocimiento y registro internacional de los rasgos inmateriales de las culturas locales, así como de la necesidad de establecer estrategias para su conservación y salvaguarda, que pueden constatarse en las publicaciones de UNESCO (2004).

El patrimonio de la humanidad, que se ha clasificado bajo las categorías: naturaleza, monumentos artísticos y prácticas culturales inmateriales, se presenta como un reto para ser reconocido bajo miradas integrales que logren conectar los tres ámbitos. Existen esfuerzos en este sentido, desde diversas miradas disciplinares y cada una aporta sus propios enfoques y estrategias de análisis e intervención. Los centros históricos latinoamericanos son un ejemplo de la necesidad de ajustes conceptuales multidisciplinares sobre el patrimonio cultural. La arquitectura es una de las disciplinas, quizá la de más largo vínculo, encargadas de las acciones de conservación y restauración del patrimonio cultural edificado. Las visiones predominantes en una primera etapa de reconocimiento del patrimonio arquitectónico, velaron por la preservación de las formas, los materiales y las estructuras de los inmuebles. Pero la idea de preservación y conservación física de los edificios es inevitablemente incompatible con la naturaleza cambiante del uso y el sentido de las actividades de los grupos sociales que los habitan. Así que el desfase entre la conservación física y la transformación social de entornos patrimoniales ha sido durante mucho tiempo un problema por enfrentar.

Las disciplinas arquitectónica y urbanística participaron del positivismo moderno en el establecimiento de sus métodos prácticos y analíticos, que se consolidaron en la primera mitad del siglo pasado, en los que predominó un pensamiento homogeneizante. Desde ese paradigma se establecieron los criterios de restauración y conservación de la arquitectura monumental en los centros históricos. Se trató de un interés centrado en el objeto, en sus técnicas y sistemas constructivos, en sus dimensiones y materiales. Este interés no fue únicamente disciplinar y social sino fundamentalmente gubernamental. En 1972, se promulgó en México la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticos e Históricos para la protección del patrimonio cultural. En esta ley se reconoció el valor de los conjuntos de inmuebles y no solamente el de los inmuebles como monumentos aislados, lo cual implicó una transformación significativa en la forma de conceptualizar el patrimonio cultural construido. En 1987, la publicación de la Carta Internacional para la Conservación de las Poblaciones y Áreas Urbanas Históricas brindó alcance internacional a la idea de patrimonio cultural como conjuntos, núcleos urbanos grandes o pequeños, donde se incluyen los barrios, barriadas o arrabales. Además, el documento establece que dichos núcleos son expresión de los valores de los grupos urbanos tradicionales y se encuentran amenazados, tanto por el deterioro como por la destrucción intencionada (ICOMOS, 1987).

Además de la importancia de un cambio en la forma de mirar el patrimonio cultural de los centros históricos, a nivel de conjuntos, permanece la necesidad enfática de conservar, restaurar y proteger al patrimonio edificado. La Carta menciona como amenazas principales a la destrucción intencionada del patrimonio construido y a la memoria histórica que representa; a las catástrofes naturales; y a la falta de instrumentos de planeación urbana adecuados. Al conceptualizar al patrimonio no solamente como monumento aislado sino como conjunto de inmuebles y de funciones adquiridas por la población históricamente, hasta el presente, conservar y proteger se presentan como objetivos mucho más complejos que los de la restauración y catalogación de edificios aislados. Ante estos cambios, la visión de conjuntos patrimoniales propició el reconocimiento de una atención multidisciplinaria para su resguardo y conservación. Los arquitectos, sin embargo, han sido los principales encargados de intervenir los conjuntos históricos patrimoniales. Durante el siglo pasado se encargaron de investigar y definir los criterios para la catalogación de los edificios y su declaratoria. Los recintos históricos latinoamericanos pudieron ser comparados entre sí por sus afinidades y por sus distinciones. Los edificios y sus formas han dado cuenta de la historia de los procesos de conquista administrativa y religiosa, de los procesos de independencia, de las revoluciones, de los procesos de secularización. Los conjuntos históricos latinoamericanos cuentan, a través de sus edificios, las disputas por la transformación de las prácticas con sentido religioso hacia las prácticas institucionales de administración, de salud, y de educación, entre otras. También dan cuenta de las transiciones jerárquicas de las familias que concentraron el poder en los distintos momentos de la historia nacional. La permanencia de los edificios permite ver la transformación de las prácticas sociales y es una fuente de información sobre los acontecimientos sociales contemporáneos. Por eso es tan importante la contribución de los arquitectos que han historiado el patrimonio construido. Las formas arquitectónicas, los materiales, las estructuras y todos los elementos físicos son la manifestación de las elecciones posibles, en el momento de su construcción, valoraciones no solamente económicas y técnicas, sino fundamentalmente culturales. La importancia de historiar los entornos construidos, bajo esta perspectiva, ha sido enfatizada entre muchos otros autores, por Marina Waisman (1993). Además de historiar, a la arquitectura le ha tocado la compleja labor de conservar. Para ello ha contribuido a la elaboración de normas y reglamentos, ha definido estrategias para evitar el daño físico de las construcciones por el paso del tiempo o la transformación intencionada. En los conjuntos históricos patrimoniales se ha dado por más de un siglo una disputa entre la conservación y la transformación, en la que los arquitectos han fungido múltiples veces, como vigilantes y represores.

Las dinámicas de vigilancia sobre el patrimonio construido en centros históricos tienen su contraparte en las dinámicas de evasión del control, por parte de los habitantes, que merecen ser analizadas con una óptica que va más allá del alcance de los arquitectos y que podría contribuir a la comprensión de los fenómenos contemporáneos de conservación de los centros históricos patrimoniales. Esta tensión establecida entre quienes vigilan y quienes transgreden la vigilancia es descrita por la antropóloga Setha Low (2017) como espacio en disputa o contested space. Para Low, los espacios en conflicto son lugares privilegiados para analizar la compleja relación entre espacio y cultura. Cuando el patrimonio construido en los centros históricos se consideró solamente como objeto aislado, monumental, la tarea fue difícil, pero estaba delimitada a los aspectos materiales de la conservación. Ahora, considerado como una parte del conjunto patrimonial, forma parte del sistema de prácticas cambiantes de sus habitantes, visitantes, administradores o negociantes. Ante esta amplitud conceptual ¿qué significa y hasta dónde es posible conservar? Desde la antropología, el espacio construido ha sido analizado como una de las múltiples expresiones de la cultura de los grupos sociales, se ha entendido su papel como cultura material y la importancia que tiene en las interacciones simbólicas y sus transformaciones. Este reconocimiento sobre la importancia de la dimensión espacial en los estudios antropológicos, sin embargo, no se ha desarrollado lo suficiente como para impulsar estudios multidisciplinarios o conformar una doble mirada arquitectónica-antropológica o antropología-arquitectónica, como apuntaron en su momento Amerlinck y Bontempo (1994).

El encuentro disciplinar de la arquitectura y la etnografía no es aún un campo consolidado. Se encuentran en desarrollo ejemplos de arquitectura, una arquitectura disruptiva respecto de los modelos modernos e industriales de producción de espacios habitables. Existen nuevos formatos de asociación horizontal en talleres de arquitectos, que emplean metodologías participativas como principal vía de diagnóstico, diseño y construcción de espacios, cuyo corte da cuenta de una perspectiva etnográfica. Se pueden mencionar las búsquedas latinoamericanas de arquitectos como Simon Hosie y su metodología “Planos vivos” (Hosie Samper & Said Lissa, 2017). También es posible mencionar las arquitecturas emergentes centroamericanas encabezadas por Al Borde, Fábrica Nativa Arquitectura, Taller Con lo que hay 4, Ensusitio arquitectura, Natura futura y otros ejemplos compilados en el documental “Hacer mucho con poco” (Kliwadenko & Novas, 2017). Estos ejemplos muestran una nueva forma de hacer, centrada en los problemas específicos y en contacto directo con los habitantes. Para el caso de los centros históricos, las intervenciones plantean problemas emanados de la diversidad de fenómenos socioculturales que en ellos ocurren. El alcance de este trabajo es el de mostrar algunas de las categorías socioespaciales bajo las cuales es posible analizar las dinámicas cambiantes de quienes habitan entornos patrimoniales. Con la incorporación de nociones sobre el patrimonio cultural en sus formas inmateriales, las edificaciones en centros históricos se podrían observar como un elemento que se suma a las prácticas, las tradiciones, las transformaciones y los saberes que integran, en conjunto, una noción ampliada de patrimonio, en la que el espacio no es necesariamente monumental y en la que se reconoce el carácter cambiante de la vida social y de los lugares en donde ocurre.



2.

Métodos


2.1 Arquitectura y etnografía para mirar el entorno patrimonial


La arquitectura y la antropología tienen un interés común en el reconocimiento del significado de los entornos construidos. Desde la década de 1960, hubo una gran producción de propuestas teóricas que ya apuntaban a la necesidad de miradas interdisciplinarias, sin embargo, más que colaboraciones, hubo un intenso intercambio de conceptos emanados de campos como la filosofía, la sociología, la arquitectura, el urbanismo, la psicología y las emergentes ciencias ambientales. El último tercio del siglo se caracterizó por la búsqueda de metodologías nuevas, cualitativas, para comprender las dinámicas sociales y su relación con los entornos habitados. La propia noción de entorno se compartió entre diversas disciplinas, equiparable a las nociones de espacio o lugar, por las que se decantaron otras. Una de las colaboraciones interdisciplinarias más importantes en la materia fue protagonizada por la arqueóloga Susan Kent y el arquitecto-antropólogo Amos Rapoport, la cual quedó plasmada en la obra “Domestic Architecture and the use of Space” (Kent, 1990). La originalidad de las propuestas de Kent y Rapoport consistió, primero, en el abordaje del estudio del entorno construido a partir de los espacios no monumentales, hasta entonces privilegiados como objeto de análisis de los arquitectos y arqueólogos. Segundo, en la incorporación de la noción de sistema a la comprensión del espacio construido: sistema de actividades como sistema de lugares. Kent y Rapoport compartieron una serie de conceptos que más tarde serían aplicados al estudio de entornos construidos, habitados o deshabitados, como por ejemplo, la idea del entorno conformado por elementos fijos (edificaciones), no fijos (personas) y semifijos (objetos) (Rapoport, 2003).

El desarrollo de conocimiento arquitectónico y antropológico, nutrido de múltiples intercambios con otras disciplinas, tuvo continuidad en la década de 1990. Nuevamente Rapoport con mirada arquitectónica y antropológica, colaboró con la antropóloga Mari Jose Amerlinck y el arquitecto Fernando Bontempo. Como resultado de sus colaboraciones en seminarios y conferencias, publicaron “El entorno construido y la antropología: introducción a su estudio interdisciplinar”. Amerlinck y Bontempo (1994) propusieron, en esta obra,estrategias de observación etnográfica sobre los entornos construidos a partir de las propuestas de Rapoport. La mirada interdisciplinar arquitectura-antropología ha contado con herramientas para observar los entornos construidos y habitados con propuestas desde ambos campos. Es posible afirmar que el camino ha sido recorrido más desde la antropología que desde la arquitectura, hasta ahora. Se debe destacar el trabajo desarrollado por la antropóloga Setha Low, quien ha colaborado con un gran número de investigadoras para el análisis de las nociones de espacio y lugar. En colaboración con Denise Lawrence-Zuñiga proponen algunas categorías de análisis sobre la localización de la cultura (Low & Lawrence-Zúñiga, 2003). Estas categorías son: espacios incorporados o corpóreos; espacios y género; espacios inscritos; espacios en disputa y espacios transnacionales. A través de estas categorías es posible analizar las dinámicas espaciales de los lugares, de acuerdo con las autoras. Como puede adelantarse, estas categorías se corresponden con dinámicas socioespaciales que están presentes en los centros históricos patrimoniales.

Setha Low ha trabajado en el análisis de diversos contextos culturales, enfatizando el papel de los espacios construidos no solamente como escenarios donde ocurren las interacciones sociales, sino como parte de ellas. Con este mismo énfasis, las antropólogas Amalia Signorelli (1999) y Ángela Giglia (2012) han aportado reflexiones teóricas para definir las ramas de la antropología, dedicadas al estudio del espacio y las interacciones sociales, especialmente en las megalópolis latinoamericanas. Entre sus reflexiones se encuentran las dinámicas socio espaciales que ocurren en centros históricos y su relación o desarticulación respecto a las demás zonas de la ciudad expandida. Estas visiones integrales sobre las mega ciudades contemporáneas, son necesarias para el estudio de los centros históricos y rompen con una tradición de investigaciones centradas en los núcleos históricos como entes aislados.

Para la antropología, el entorno construido no es el resultado matemático de sus características físicas sino una manifestación material de la cultura. Interesa el tipo de relaciones de poder que se establecen en y por el espacio. Pueden encontrarse tensiones o relaciones de control de unas personas sobre otras, o los valores simbólicos de las configuraciones espaciales que permiten o inhiben ciertas actividades. La antropología puede describir lo que sucede en el lugar, pero cuenta con pocos elementos para reconocer y describir las características físicas del espacio, en relación con la historia, la legislación y la técnica de su tiempo. Es éste el conocimiento que la arquitectura puede aportar a las investigaciones sobre los entornos construidos y habitados. Observan las arquitectas Linda Groat y Carole Després, que las características físicas de los entornos construidos sufrieron una especie de exclusión en las búsquedas teóricas y metodológicas de los estudios sobre espacio y comportamiento, que proliferaron a partir de la década de 1960. La centralidad de la forma física de los entornos había sido tan grande durante la primera mitad del siglo, que los investigadores de la segunda mitad prefirieron obviar o incluso olvidar su importancia. Sin embargo, afirman, la forma física tiene mucho que aportar en la búsqueda de significado en los entornos construidos, en conjunto con la temporalidad y el nivel de análisis (Groat & Després, 2012). Se trata de que la arquitectura pueda no solamente adoptar las aportaciones metodológicas de las humanidades como la etnografía, los estudios de caso, el microrrelato y otras estrategias cualitativas de investigación, sino que pueda aportar sus propios métodos a los estudios interdisciplinarios.

Todas las herramientas y métodos de análisis que se usaron en el pasado por arquitectos y arqueólogos, pueden ser aplicados ahora bajo la perspectiva cultural de la antropología para el estudio del entorno y la cultura. Corresponde al siglo XXI la consolidación de los enfoques comprensivos, hermenéuticos, fenomenológicos, que apenas fueron planteados en las décadas finales del siglo pasado, como la posibilidad de enriquecer el conocimiento sobre los entornos que habitamos, incluidos los centros históricos. Los entornos construidos y habitados son un gran objeto de análisis para desarrollar una perspectiva integral cualitativa, que pueda aprovechar la gran cantidad de recursos para la recolección de datos numéricos, gráficos y descriptivos. Propone Setha Low que la etnografía, como método de aproximación antropológica, requiere de marcos comprensivos renovados, con categorías que permitan el análisis de la complejidad de los espacios y los lugares (Low, 2017).

La seriedad de los trabajos antropológicos y sus aportaciones en las últimas décadas han dado lugar a su consolidación y adopción en múltiples campos disciplinares, como la arquitectura. La antropóloga Francisca Márquez ha incorporado el dibujo arquitectónico como herramienta en la observación y registro de los entornos habitados. Márquez ha colaborado con arquitectos y sociólogos en el estudio cruzado de tres ciudades patrimonio de distinto origen histórico, Buenos Aires, Santiago de Chile y Brasilia. Entre las tres existen diferencias físicas e históricas fundamentales, las primeras contienen huellas de la utopía europea, la segunda ha sido marcada por la dictadura. Brasilia por su parte, es ejemplo indiscutible de la materialización del sueño moderno europeo en territorio latinoamericano, completamente planificada y racionalizada. Las tres ciudades cuentan con espacios patrimoniales, aunque solamente Brasilia tiene el reconocimiento por la UNESCO. El estudio encabezado por Márquez da cuenta de la diversidad de ‘contra-narrativas’ en torno a la memoria de los lugares monumentales, aquellas que se quiere conservar y aquellas que quieren ser olvidadas (Márquez, 2019). Con dibujos arquitectónicos como herramienta etnográfica, la publicación de Francisca Márquez es un ejemplo del acercamiento metodológico entre arquitectura y antropología, toda vez que la autora reconoce que su investigación se enmarca a medio camino entre la antropología urbana y política, pero con fuertes referencias a la historiografía y a la arquitectura. En la línea de Márquez, cuando hablamos de ciudades mexicanas con centros históricos, podemos generalizar en algunos de sus aspectos compartidos por el origen hispano-europeo y el desarrollo de una historia nacional compartida, pero siempre en el entendido de que cada lugar se distingue de los otros, no solamente por aquello que se ha conservado, sino por aquello que se ha transformado, y en especial por aquello que se ha destruido.

En el siguiente apartado presentamos una serie de aproximaciones al estudio de los centros históricos de México, a partir de imágenes descritas sobre lugares del centro histórico de Querétaro, que pueden guardar distancias cortas o largas respecto a otros entornos patrimoniales.



3.

Resultados


3.1 Hacia una arquitectura etnográfica en centros históricos


La ciudad de Querétaro fue fundada en 1531. Como en muchos casos en el territorio colonial español, la conquista se narra en torno a una leyenda en la que intervino el apóstol Santiago para apaciguar a los pobladores originarios, en su lucha contra los conquistadores. La ciudad fue construida sobre las ruinas del pueblo originario, ocupando la parte más alta del lomerío conocido como Cerro del Sangremal. También forma parte del relato fundacional la intervención del líder originario otomí Fernando de Tapia, su nombre español, lo muestra como aliado de los conquistadores. Como símbolo de la conquista se construyó en el lugar fundacional el conjunto conventual que lleva el nombre de el Convento de La Cruz. La ciudad se trazó bajo las normas geométricas características del urbanismo novohispano, con ejes en dirección norte-sur y oriente-poniente, pero no contó con una Plaza Mayor como la mayoría de las trazas novohispanas. También le caracteriza a la ciudad fundacional, la combinación de la traza geométrica en las zonas de planicie que lo permitieron, con la traza serpenteante original en las zonas con accidentes topográficos como el propio Cerro del Sangremal.

Miró y Utrilla (2018) analizan cómo fue construida histórica y socialmente la idea de patrimonio en Querétaro, tras el periodo dictatorial denominado porfiriato y una vez culminado el periodo revolucionario en México. La estabilidad política y social permitió que los bienes muebles e inmuebles considerados con valor histórico fueran resguardados por grupos sociales interesados en su conservación. Hubo esfuerzos por conservar y resguardar el patrimonio construido en la entidad, desde 1914; pero hasta 1939 tuvo lugar su catalogación gracias a la formación del Instituto Nacional de Antropología e Historia. En 1942 se firmó La Ley de Conservación de la Ciudad de Querétaro, primera legislación de carácter local para la conservación del patrimonio construido y del conjunto de la ciudad considerada típica y monumental. Se prohibía así, la construcción de nuevas edificaciones fuera del estilo arquitectónico y sin el consentimiento de la Junta de Vigilancia.

El primer cuadro de la ciudad fue declarado patrimonio cultural por la UNESCO en 1996. Para entonces el recinto histórico ya era considerado un lugar de interés turístico en México y en el extranjero, pero a partir de entonces se intensificó la actividad turística, acompañada de procesos de cambio de uso de suelo habitacional por comercial y de servicios. Como en la gran mayoría de ciudades con centros históricos en México, Querétaro vivió a partir de la década de 1970 una gran expansión urbana derivada de los procesos de industrialización, migración de la población rural hacia las ciudades, desarrollo inmobiliario masivo, entre otros. El centro histórico de Querétaro (CHQ), que conserva un alto índice de uso habitacional, ha recibido las tensiones inherentes al crecimiento urbano acelerado y paulatinamente se ha convertido en un lugar de paseo, que congrega a las principales actividades artísticas, religiosas y educativas de la urbe. Querétaro no escapa a los procesos de gentrificación que se han caracterizado de manera diferenciada en ciudades europeas y latinoamericanas, pero que tienen en común el desplazamiento de la población originaria hacia otros sectores de la ciudad, por el encarecimiento de los inmuebles, de los servicios y de la vida en general, entre otros efectos del turismo y la terciarización. La gentrificación como fenómeno global, requiere de caracterizaciones locales, como la elaborada por Ayala y Vázquez (2025) desde la mirada etnográfica, sobre las transformaciones de la Calle 5 de Mayo en el centro histórico de Querétaro. Se trata de una gentrificación narrada desde los habitantes y comerciantes tradicionales, que viven en constante tensión entre el valor de pertenecer a un lugar patrimonial y las dificultades para habitarlo. Las estrategias son múltiples, todas ellas en el marco de las disputas por la apropiación de un espacio valorado desde diversos puntos de vista.



3.2 Espacio en disputa como eje de análisis socioespacial


Los espacios construidos, públicos o privados, suelen ser contenedores de dinámicas sociales que se encuentran siempre en tensión y están sujetas a los acuerdos, resistencias o confrontaciones entre sus habitantes. Cuando estas tensiones y conflictos son la característica más evidente de los entornos, se trata de lugares en los que las relaciones de poder asimétricas se manifiestan de manera simbólica. Los centros históricos participan, desde luego, de esta categoría de análisis, en la que pueden incorporarse las demás categorías que abordaremos en adelante: espacio corpóreo; espacio y género; espacio inscrito y espacio transnacional, tomadas de Low y Lawrence-Zuñiga (2003).

Existe una correlación entre el grado de control que se ejerce sobre el espacio y la capacidad de resistencia, que surge como contraparte. En los centros históricos como Querétaro, el control es visible en múltiples atributos del entorno construido: la limpieza, el control geométrico de la vegetación, la iluminación, el cuidado de las fachadas de los edificios y el despliegue de diferentes dispositivos de vigilancia como la presencia de agentes o cámaras. En el CHQ, las manifestaciones de resistencia y oposición a los problemas generados en los municipios del estado o en el interior de la ciudad, ocurren en la plaza pública, donde se encuentra el Palacio de Gobierno Estatal, la Plaza de Armas. Como en otros lugares, las manifestaciones son contenidas o dispersadas por la fuerza pública, que siempre está presente. La Plaza de Armas funciona bajo dinámicas de tensión, que se disipan en la tranquilidad de su aspecto físico, siempre impecable, en el paso de visitantes o habitantes, en la permanencia de boleros establecidos, que contribuyen a la limpieza que impregna el entorno y en la oferta de servicios de alimentación para población con poder adquisitivo medio y alto. Las plazas del centro histórico se controlan bajo distintos gradientes de vigilancia, de acuerdo al tipo de espacios que las rodean y su importancia política o económica. Algunos registros de las dinámicas socioespaciales en las plazas públicas del CHQ se pueden observar en los croquis realizados por estudiantes de arquitectura en un taller de dibujo etnográfico (Figuras 1 y 2). En ellos, se abstraen de la realidad observada los elementos fijos que generalmente dibujan los arquitectos, pero también se ha intentado captar la presencia de elementos no fijos, personas y los semifijos, objetos de presencia efímera. La observación del espacio como un sistema de objetos permanentes y semifijos que son usados por las personas, permite ver la relación del espacio con el tiempo y la imposible tarea de hacer fija la realidad de las interacciones que ocurren en él. La misma Plaza de Armas es el lugar de las disputas establecidas entre los vendedores informales de artesanía (global disfrazada de local) y las autoridades que se encargaron de limpiar la imagen del centro histórico, justo antes del comienzo de la temporada alta de actividad turística. Las tensiones involucran a los comerciantes formales que están en desacuerdo con la propagación de la venta informal; los vendedores informales, de origen étnico, artesanos, que ocupan el espacio bajo las narrativas de condiciones desiguales frente a la vorágine del comercio transnacional; y de las autoridades que aplican las leyes contra la ocupación ilegal del espacio para el comercio. El uso de la fuerza pública es un recurso que hace notorias las disputas y también reitera los lugares ocupados por cada quien en el orden social.



Figura 1

Croquis etnográfico del Jardín Zenea, Querétaro.



Nota: Croquis elaborado por Regalado (2023)



Figura 2

Taller de dibujo etnográfico en Plazas Públicas del Centro Histórico de Querétaro.



Nota: Fotografías de Toscano (2023)



No solamente las plazas públicas son lugares en disputa. Se puede considerar un espacio en disputa el de las construcciones, modificaciones y derribos de los espacios domésticos tradicionales que, tras las fachadas, se resisten a las normativas de conservación de la imagen tradicional del entorno patrimonial. Es un secreto a voces que las viviendas en el centro histórico se transforman de noche, de manera clandestina, se pintan y se derrumban al margen de las autoridades encargadas del control de la imagen urbana patrimonial. Esta actividad clandestina en tensión con las restricciones oficiales, provoca problemas de habitabilidad cuando se siguen patrones ya tradicionales de densificación de los espacios construidos, la obstrucción del paso del aire y de la luz en las colindancias y también la invasión parcial de los lotes. A diferencia de otras ciudades con centros históricos mexicanos deshabitados, Querétaro ha conservado el uso habitacional de su centro histórico, bajo las estrategias de resistencia mencionadas. Una vista de las azoteas puede mostrar el espacio en disputa del centro histórico, ver figura 3.



Figura 3

Espacio en disputa. Entre la transformación y la conservación de la vivienda



Nota: Edificación espontánea en el centro histórico de Querétaro. Fuente Redacción El Universal Querétaro (2023)



3.3 Espacio corpóreo: el cuerpo como presencia


El espacio corporizado, incorporado o corpóreo, posibles traducciones de la idea propuesta por Low y Lawrence-Zúñiga (2003) embodied space, es una categoría poco empleada en el análisis de los entornos construidos y habitados. Se trata del uso consciente del cuerpo como recurso para estar, para ocupar el espacio. En el ejemplo sobre los vendedores ambulantes, es el cuerpo asentado directamente en el suelo, rodeado de los objetos de venta, el que ejerce la ocupación de un espacio y dificulta su desalojo. La experiencia de habitar el espacio es una experiencia corporal y son los sentidos los que nos permiten percibir el espacio como inseguro o como un cobijo. La relación del cuerpo con el espacio en la experiencia individual o colectiva de habitar, ha ocupado a la psicología ambiental y otros campos interesados en comprender las nociones culturales de proximidad.

En el CHQ ocurre un sinnúmero de interacciones sociales, que implican una noción corpórea de la experiencia del entorno construido. Algunos de sus lugares, calles, plazas o establecimientos, congregan grandes contingentes, especialmente en fechas festivas como la conmemoración de la independencia nacional o el fin de año, el aniversario de la ciudad o los eventos culturales masivos. Entonces, el espacio se habita en distancias muy próximas y es permitido por quienes participan. Por el contrario, la proximidad de personas desconocidas al transitar o permanecer en los mismos espacios en fechas y horarios distintos, puede provocar desconfianza e inseguridad. También hay un ritmo en las interacciones físicas con el entorno edificado, espacios donde está prohibido pisar, como los jardines, o lugares donde no es posible aproximarse, de acuerdo con la edad, el aspecto o el poder adquisitivo. El cuerpo es un medio de interacción en la disputa por la apropiación de los espacios construidos. El CHQ alberga a más de quince recintos conventuales que se construyeron durante el periodo colonial, para distintas órdenes religiosas. Es uno de los centros históricos mexicanos con mayor número de templos y conventos. La mayoría de los espacios conventuales cambiaron de uso durante los procesos de secularización de las instituciones nacionales y se convirtieron en escuelas o edificios administrativos. En cambio, la mayoría de los templos y atrios conservan su uso religioso hasta ahora. Entre los templos y los espacios atriales existieron portales, que, en su origen, tuvieron la función de albergar a los caminantes en su paso por la ciudad y también a los mendigos, como parte de las funciones de caridad de las órdenes religiosas.

La pobreza urbana es uno de los focos de atención en el cuidado de la imagen de los centros históricos patrimoniales, incompatible con la actividad turística y comercial, que tiene impactos en el uso habitacional. Sin embargo, los centros históricos son también lugares donde se concentra la población que puede ayudar a las personas en condiciones de pobreza, son lugares elegidos por quienes usan la proximidad corpórea para pedir ayuda. Los portales de los recintos religiosos se habitan, solamente de noche, por las personas que no tienen otra localización más que su propio cuerpo. Como parte de los temas sobre gentrificación en centros históricos y de ciudades turísticas en general, está la ocupación del espacio público (aceras, calles, esquinas, portales) por parte de la iniciativa privada para ofrecer servicios de alimentación al aire libre y con vista al patrimonio construido. Esta ocupación que ocurre generalmente al margen de la reglamentación, se ve doblemente invadida por los vendedores y mendicantes que usan el cuerpo para conseguir, entre las mesas, una venta o una ayuda. Nuevamente, surgen estrategias de control ante la disputa por la ocupación del espacio público.

El trabajo de Michell Martínez (2024) sobre la vida cotidiana y la identidad de las personas que viven en situación de calle en el CHQ, es un ejemplo de investigación etnográfica sobre el entorno patrimonial ocupado por personas sin lugar, que se apropian del espacio, lo habitan y lo significan. En la figura 4, el uso corpóreo del entorno histórico patrimonial.



Figura 4

Espacio corpóreo: el cuerpo como lugar



Nota: Portales en el centro histórico de Querétaro. Fuente Rangel (2023)



3.4 Espacio y género en los centros históricos


No hace falta explicar que los movimientos globales de reivindicación de género han permeado no solamente el ámbito académico, sino plenamente el espacio físico de las ciudades. El tema que une al espacio y el género ya estaba presente, de manera significativa, en los estudios sobre entorno construido y comportamiento, desde la década de 1960. Los roles asignados culturalmente, por género, en los entornos construidos son un tema transversal, presente en los estudios históricos desde la Grecia antigua hasta la transformación y sofisticación de los espacios de la modernidad arquitectónica (Colomina & Bloomer, 1992). Las nociones de género en el entorno construido y habitado, pasan por la definición cultural de lo público y lo privado, de la localización jerárquica de los géneros en los espacios, de la comprensión binaria del mundo, de la noción de familia y de espacio doméstico. Para observar los centros históricos, la perspectiva de género es indispensable y las posibilidades de análisis, múltiples. Tenemos muy presentes los fenómenos anuales de protesta con fecha 8 de marzo, día Internacional de las mujeres, potenciados tras el recrudecimiento de la violencia de género en la mayoría de los entornos urbanos. Las protestas del 8M son eventos masivos de transgresión de los entornos construidos, especialmente aquellos que se consideran valiosos para las ciudades: los entornos monumentales.

El CHQ ha sido, como las principales capitales de México y del mundo, objeto de pintas y afectación de los elementos urbanos fijos y semifijos. Este fenómeno de disputa por el espacio se puede observar también bajo la categoría denominada por Low y Lawrence- Zúñiga (2003) como espacio inscrito o inscribed space. Bajo esta categoría se encuentran los entornos que han sido intencionadamente marcados física y simbólicamente. Un ejemplo de espacio de género, inscrito y en disputa, son los muros de edificios patrimoniales, monumentos y mantas colocadas de manera temporal en el entorno patrimonial. Se establece una pugna por los lugares inscritos con las señales de impotencia y hartazgo sobre la violencia machista, que las autoridades afrontan a veces de manera violenta y a veces de manera pasiva o preventiva, como en el caso del CHQ, donde la trasgresión a la arquitectura y los monumentos, durante las marchas de 8M tienen una mayor tolerancia que otros casos, como el del siguiente apartado. Una imagen de estos lugares en disputa por razón de género se muestra en la Figura 5.



Figura 5

Espacio y género: marcas semipermanentes en el espacio


Nota: Marcha del 8M en el centro histórico de Querétaro. Fuente Andy Martínez (2024).



3.5 Espacio Inscrito


Como se ha explicado en el apartado anterior, el espacio inscrito puede tener múltiples formas de observación en centros históricos. Una de ellas es el conjunto de prácticas denominadas en general arte urbano, cuya forma notoria es el graffiti en sus múltiples tipos. Un caso reciente en el CHQ fue objeto de seguimiento por parte de la prensa local: el Andador Matamoros, un callejón a espaldas de una de las principales plazas del centro histórico, el Jardín Guerrero. El proceso inició con la ocupación de la vía pública, el callejón mismo, por mesas y sombrillas que algunos locales pequeños colocaron de forma semipermanente para ampliar sus espacios de servicios. Es posible que el carácter bohemio del callejón haya impulsado a unos primeros artistas espontáneos a escribir frases o pensamientos breves sobre el muro en blanco, frente a las mesas de los locales. El muro se fue llenando de escrituras cortas o firmas, que se convirtieron eventualmente en dibujos y finalmente en graffiti. Aparecieron artistas nocturnos que invadieron plenamente el muro con fragmentos de mural, combinados con insultos e imágenes sobrepuestas. Como en otros centros históricos con declaratoria patrimonial por la UNESCO, el grafiti y otras expresiones urbanas no tienen lugar y son consideradas como daño al patrimonio.

Esta práctica se controla mediante la constante vigilancia para evitarla o bien, mediante la permanente aplicación de pintura para borrar los gráficos. En el caso del Andador Matamoros, el muro llegó a ser una isla excepcional en el centro histórico, llena de grafiti. El lugar comenzó a ser ocupado no solamente por los comensales de los locales, sino por los grupos de artistas urbanos. El espacio reducido del andador provocó disputas y tensiones que culminaron con la intervención policiaca para el desalojo de los grupos de jóvenes, algunos de ellos, grafiteros, con la pinta del muro para borrar todos los gráficos y con la prohibición de cualquier nueva expresión marcada o ‘inscrita’ en el espacio. El lugar recibió vigilancia permanente y se convirtió en un lugar disputado y apropiado por parte de las autoridades locales (ver figuras 6 y 7). El entorno edificado es el lugar de las resistencias simbólicas que se ganan en forma de transgresión efímera. La ciudad para la gente y otras ideas afines promovidas entre otros por la activista norteamericana Jane Jacobs, encuentra sus límites en las tensiones que enfrentan a los grupos que habitan y a los grupos que controlan.



Figura 6

Espacio Inscrito: marcas y tensiones en el espacio patrimonial.


Nota: Andador Matamoros en el centro histórico de Querétaro. Fuente Sandoval & Sánchez (2025).



Figura 7

Espacio Inscrito: la imagen en disputa.



Nota: Andador Matamoros en el centro histórico de Querétaro. Fuente Munguía & Sánchez (2025).



3.6 Espacio transnacional


Esta última categoría que tomamos de la propuesta de las antropólogas Low y Lawrence-Zúñiga, integra los fenómenos espaciales y sociales que confrontan lo local y lo global en los centros históricos patrimoniales. El patrimonio cultural se sustenta en los valores locales que le otorgan originalidad al espacio físico y a las prácticas tradicionales. Esto ha implicado que las autoridades que gestionan los centros históricos, especialmente aquellos con declaratoria UNESCO, se vean obligadas a restringir el arribo de prácticas transnacionales de comercio o servicios, y a fomentar la conservación de las prácticas tradicionales y locales. Sin embargo, esta tensión está presente en los centros históricos, debido principalmente a la necesidad de recibir al turismo bajo estándares internacionales de calidad en los servicios y el comercio. El turista es un habitante temporal del centro histórico, que espera, de manera contradictoria, encontrar lo exótico en lo local, al mismo tiempo que sentir la comodidad de la modernidad global. Estas expectativas contradictorias encuentran salida en la versión casi intangible del modelo transnacional de negocio del que forman parte las plataformas digitales para el alquiler de espacios de hospedaje o para el transporte en auto. Nuevamente el entorno edificado patrimonial se muestra como lugar de tensiones y disputas que surgen de apropiaciones del espacio físico. Son muestra de ello las manifestaciones masivas en ciudades con entornos patrimoniales turísticos como Barcelona, Venecia o Amsterdam, cuyos habitantes han tomado las calles este mismo verano para exigir un alto al turismo de masas y al uso invasivo de las plataformas de alquiler inmobiliario temporal.

En el CHQ los umbrales se distinguen, como en otras ciudades del mundo, por la instalación de cajas con llave que aguardan la llegada de los usuarios de las plataformas de alojamiento. Las estrategias de transformación de los espacios habitacionales en horarios clandestinos se incrementan para acondicionar espacios y ofrecerlos como hospedaje de plataforma, sin que la autoridad encargada de vigilar las prácticas constructivas pueda frenarlas, como se observa en la Figura 8.



Figura 8

Espacio transnacional: lo global en lo local.



Nota: Turismo en el centro histórico de Querétaro. Fuente Vázquez & Arciniega, (2023).



4.

Discusión y conclusiones


Los centros históricos en ciudades mexicanas comparten algunos de los rasgos descritos en este trabajo, bajo las categorías de análisis etnográfico propuesto por Low y Lawrence-Zúñiga (2003). Estos rasgos son también compartidos por otros entornos construidos y habitables en ciudades y poblados que han seguido el modelo de desarrollo centrado en el turismo como detonante de riqueza y oportunidades para sus habitantes. Bajo todas las categorías analizadas: espacio en disputa; espacio y género; espacio inscrito y espacio transnacional, los entornos construidos son el reflejo de las dinámicas sociales, siempre en tensión, siempre en disputa. Caracterizar los conflictos es un paso hacia la propuesta de estrategias de intervención originadas del trabajo interdisciplinar y de la participación de las personas como habitantes expertos. El centro histórico es el núcleo de la zona metropolitana de Querétaro y en él, como afirma Ángela Giglia, habitar la metrópoli en cualquiera de sus hábitats (centro histórico, colonias, periferia, etc.) implica comprenderse como parte de un todo integrado por múltiples diversidades. Habitar significa pensar los lugares para estar en ellos, para existir en ellos. Así que podemos hacer un llamado a la imaginación para pensar en estrategias para habitar, desde múltiples puntos de vista, entre ellos la arquitectura y la antropología.

Aunque la transnacionalidad de los espacios patrimoniales parece inevitable, no es una tarea que involucre únicamente a las autoridades. Se requiere del análisis, la investigación de los fenómenos de transformación y conservación de los espacios construidos y de su difusión. Se trata también de la participación informada de los habitantes y del desarrollo de estrategias de mercado, que puedan impulsar los desarrollos locales desde la apropiación del espacio construido y habitable.



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