1.
Introducción
Dada la omnipresencia y particularidad local del patrimonio, el turismo patrimonial es uno de los nichos turísticos más significativos (Salazar & Zhu, 2015). El turismo patrimonial cultural puede referirse al turismo religioso, al turismo de la diáspora (los viajes que realiza la población migrante o sus descendientes, a su lugar de origen o al lugar ancestral de su familia), la cultura viva, los pueblos y las ciudades históricas, el patrimonio construido, los yacimientos arqueológicos y los monumentos antiguos. El dinero que gastan los visitantes en entradas, recuerdos, transporte, comida y alojamiento aporta miles de millones, cada año a la economía mundial y emplea a millones de personas directa e indirectamente (UN Tourism, 2024). Se calcula que un tercio de todo el turismo internacional está relacionado con la visita a sitios, monumentos y paisajes del patrimonio cultural (UNWTO, 2009). Las luchas sobre quién controla el turismo del patrimonio reflejan, por tanto, su crecimiento (económico) y su éxito. Algunos sostienen que la globalización del patrimonio, a través del turismo, ha conducido a un mayor respeto por la cultura (tanto material como viva) del que existía anteriormente.
Sin embargo, la transformación de los bienes patrimoniales en destinos y de las expresiones culturales en espectáculos, rara vez es sencilla. La interfaz entre patrimonio y turismo es extremadamente compleja. En un entorno turístico, el patrimonio puede ser (mal)utilizado de diversas maneras y con distintos fines, por distintos agentes. Este artículo está basado en una revisión, en profundidad, de la literatura existente y aprovecha más de dos décadas de investigación personal sobre la intersección entre el patrimonio y el turismo.
2.
Marco metodológico
Esta revisión documental y experiencia personal me lleva a analizar, críticamente, algunas de las cuestiones clave que están en juego en la polifacética relación entre patrimonio y turismo, en particular los efectos positivos y negativos en el contexto de ciudades históricas; pero, también cuestiones como la autenticidad, el papel de los imaginarios y el estatus turístico especial de los bienes del patrimonio mundial. Lo que sigue se centra exclusivamente en él, aunque muchos de los temas tratados son igualmente aplicables al patrimonio natural o “mixto”.
3.
Resultados
3.1. Patrimonio (en turismo global)
El patrimonio es un concepto cargado de valores (Lowenthal, 1998). Se puede definir como lo que la sociedad contemporánea decide heredar y transmitir (Ashworth & Tunbridge, 2000, p. 6). El patrimonio no es historia, sino que se produce en el presente y en relación con nuestra experiencia actual. Desde el punto de vista del turismo, puede referirse a tradiciones culturales que encarnan el pasado “auténtico” (Aspray & Cortada, 2022) o al ambiente, moldeado de una manera particular para los turistas. En las últimas décadas, el patrimonio se ha considerado uno de los componentes más significativos; algunos incluso llaman al patrimonio “la esencia del turismo” (Timothy, 1997, p. 751). El turismo patrimonial puede definirse, a grandes rasgos, como el aprovechamiento de los componentes culturales, históricos y étnicos de una sociedad o lugar, como recursos para atraer turistas. No es exagerado afirmar que, en todo el mundo, el patrimonio y el turismo se han convertido en elementos inextricablemente unidos y mutuamente dependientes (Di Giovine, 2008).
Desde el punto de vista del turismo, el patrimonio ofrece amplias oportunidades para ver y valorar el pasado, de formas diferentes. Mientras que el patrimonio tiene el potencial de crear una base para el crecimiento del turismo, el propio turismo tiene el poder de generar fondos que hagan posible la preservación (NWHO, 1999). En realidad, sin embargo, estos fondos pueden ser utilizados por las autoridades o los agentes privados y no beneficiar directamente a las comunidades locales y los residentes. Además de su papel en el desarrollo económico, el turismo del patrimonio también ha sido ampliamente aceptado como una forma eficaz de lograr la función educativa (cultural) del turismo (UNESCO, 1965). Permite a los turistas interesarse más por las culturas y las sociedades (y por su salvaguardia). Además, el turismo del patrimonio se promueve, a menudo, para fomentar el nacionalismo y el patriotismo a nivel nacional y para difundir propaganda entre los visitantes internacionales (Timothy & Boyd, 2006).
A veces, el turismo del patrimonio proporciona un medio para establecer el orgullo local, porque hace hincapié en la presentación y el reconocimiento del valor local y la memoria cultural, al tiempo que permite a las comunidades locales conectar con el resto del mundo (Salazar, 2010a). Al mismo tiempo, el resultado puede ser mucho menos positivo cuando se desplaza a las comunidades locales y los residentes, por ejemplo, para hacer sitio a infraestructuras de turismo patrimonial (como en Cuenca, Ecuador, donde la persistencia de una visión conservacionista y ortodoxa del patrimonio, tanto como una visión de explotación capitalista descarnada del patrimonio, que resulta de la carencia de políticas y de un plan de gestión como herramienta de manejo en los 26 años de patrimonialidad de Cuenca, llevaron a proyectos de intervención provocando el desplazamiento de grupos vulnerables del espacio público y de familias de bajos ingresos, en el caso de algunos edificios).
La relación entre patrimonio y turismo se caracteriza, a menudo, por contradicciones en las que los “conservacionistas” consideran que las actividades turísticas comprometen los objetivos de conservación en aras del beneficio económico (Salazar, 2013b). El peligro de que se promueva el turismo antes que la conservación, es grande cuando las partes interesadas consideran el patrimonio principalmente como un recurso económico. La comercialización del patrimonio suele centrarse en los intereses de los turistas y los proveedores de servicios turísticos.
3.2. Turistas (Encuentro con el patrimonio)
La cuestión de la autenticidad aparece como punto central del debate académico sobre el turismo patrimonial (Aspray & Cortada, 2022). Este concepto tan ambiguo se utiliza principalmente para comprender las motivaciones y experiencias de los turistas. Se cree que los turistas buscan “autenticidad”, una búsqueda que refleja el deseo de una construcción y representación cultural genuina y creíble, en diversos contextos patrimoniales. Sin embargo, la autenticidad significa cosas distintas para cada persona. El deseo de vivir experiencias auténticas puede entrar en conflicto con la idea que tienen los expertos y los profesionales de lo que significa ser auténtico, sobre todo porque los turistas no siempre desean enfrentarse a la realidad sobre el terreno (McKercher & Du Cros, 2002).
La motivación de los “buscadores de autenticidad” lleva a los proveedores de servicios turísticos a escenificar algo como “auténtico” (MacCannell, 1976) para que coincida con el imaginario de los turistas (Salazar & Graburn, 2014). Los sitios patrimoniales se están comercializando y transformando en una producción consumible, para mejorar la experiencia turística, lo que se critica por provocar la pérdida de significado y de autenticidad. Sin embargo, el uso económico (de manera sostenible) no destruye necesariamente el significado del patrimonio. Las formas de consumo cultural, a veces, pueden incluso mejorar y animar activamente a las comunidades locales.
El debate académico sobre la autenticidad aún continúa. En el turismo patrimonial, el significado de la autenticidad no se inscribe simplemente en una realidad objetiva ni depende de la proyección simbólica de la construcción social. Más bien, la autenticidad se convierte en una cuestión clave de las experiencias turísticas. Ilustra las relaciones de poder asimétricas entre anfitriones, intermediarios e invitados (Salazar, 2010a). Los turistas llegan al encuentro con el patrimonio con sus propias agendas, contextos e imaginarios basados en intereses personales, experiencias previas y conocimientos. Dado que la mercadotecnia , la presentación y el desarrollo del turismo patrimonial se dirigen a los turistas, en lugar de a la población local, el turismo refuerza la relación asimétrica, que, a menudo, desemboca en conflictos sociales y culturales (Porter & Salazar, 2005).
El análisis crítico de los imaginarios turísticos puede ayudarnos a comprender la dinámica de esta relación asimétrica. Defino los imaginarios como “conjuntos representacionales transmitidos socialmente, que interactúan con los imaginarios personales de las personas y se utilizan como dispositivos de creación de significados y de configuración del mundo” (Salazar, 2012b, p. 864). El sector turístico y las autoridades locales no son los únicos agentes en la construcción de imaginarios turísticos. Los turistas aprovechan su poder adquisitivo para retroalimentar con su imaginación y sus preferencias de consumo la producción del paisaje patrimonial y, de este modo, contribuyen a las formas en que se representan y constituyen los lugares. En este sentido, los turistas que acuden a las atracciones patrimoniales contribuyen a la producción de sus propias experiencias a través de sus imaginarios (Salazar & Graburn, 2014) e imbuyen al patrimonio de su propio significado personal.
El patrimonio es un recurso para imaginar, materializar y dar a conocer el pasado. Así pues, los imaginarios ayudan a las personas a dar sentido al patrimonio. Sin embargo, estos imaginarios nunca son neutrales. Esto también se aplica al campo de los estudios sobre el patrimonio. El discurso autorizado o dominante sobre el patrimonio, por ejemplo, privilegia, sobre todo, las ideas occidentales del patrimonio material y basado en el lugar, «contra el que interactúan una serie de discursos disidentes y subalternos» (Smith, 2006, p. 42). Para contrarrestar esta situación, los estudiosos del patrimonio Emma Waterton y Steve Watson proponen una «imaginación crítica» en los estudios sobre el patrimonio, con el fin de «utilizar la teoría existente y emergente para construir marcos a través de los cuales se pueda contemplar el patrimonio en sus diversas formas: teorías en, de y para el patrimonio» (Waterton & Watson, 2013, p. 547).
El patrimonio, por un lado, pone en primer plano imaginarios colectivos altamente simbólicos, a menudo identidades etno-nacionales. Tales imaginarios apuntan a la dimensión constituyente, frente a las prácticas instituidas de las autoridades estatales, en sus diferentes escalas a través de las cuales operan los procesos de patrimonialización (Salazar, 2011). A través de la patrimonialización, referida al proceso por el cual el patrimonio se construye socioculturalmente, la identidad puede ser reubicada y trasplantada en imaginarios. Estos imaginarios se manifiestan en las actividades colectivas organizadas por el grupo y por quienes participan en ellas. Todos los grupos participan en procesos de patrimonialización. Algunos grupos, sin embargo, tienen más poder que otros, algunos dominan a la hora de poner en juego su patrimonio y los imaginarios relacionados con él. Es necesario comprender la diversidad de imaginarios sobre el patrimonio en contextos históricos y contemporáneos (Astudillo & Salazar, 2024). Aunque hay que replantearse la noción de patrimonio, también es importante reconocer sus definiciones en cada lengua y contexto.
Las investigaciones de Natasha Cabrera (Cabrera, 2019), Gabriela Eljuri (Eljuri, 2020) y Matthew Hayes (Hayes, 2020), por ejemplo, arrojan luz sobre cómo la conservación del patrimonio en los Andes promovió imaginarios patrimoniales, a partir de las experiencias de las designaciones de los centros históricos coloniales de Cuenca y Quito como patrimonio mundial. Esto muestra cómo el patrimonio oficial exhibe imaginarios asociados a la dominación cultural y económica eurocéntrica en los centros urbanos, en contraste con la folclorización de las poblaciones indígenas. Imaginarios alternativos basados en ontologías no occidentales nos permiten repensar el significado y la práctica del patrimonio en los encuentros y conflictos entre diferentes sistemas de significado en la vida cotidiana (Taçon & Baker, 2019).
3.3. Turismo del patrimonio mundial
Han pasado más de cincuenta años desde la aprobación de la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural por la Conferencia General de la UNESCO en 1972 (UNESCO, 1972). Desde entonces, los bienes del patrimonio mundial se han convertido en el centro del turismo patrimonial mundial (Shackley, 1998). Una vez inscrito un bien en la lista del patrimonio mundial, puede convertirse en un destino importante y tener un gran impacto para el desarrollo económico local (Salazar, 2010b). En este sentido, resulta interesante notar cómo Natasha Cabrera-Jara y Margarita Greene-Zuñiga (Cabrera-Jara & Greene-Zuñiga, 2024) en la cronología síntesis de sus investigaciones hacen coincidir el inicio del proceso de turismificación de Cuenca con la inscripción del centro histórico en la lista del patrimonio mundial, en 1999.
La expansión de los bienes del patrimonio mundial, desde las primeras designaciones de la lista en 1978, coincide claramente con el crecimiento del turismo mundial como forma principal de desarrollo económico y sociocultural (Salazar, 2013a). Aunque es difícil pensar en el patrimonio mundial sin tener en cuenta el turismo, el texto de la Convención no lo menciona en absoluto. Las directrices operativas originales de 1977 para la aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial tampoco abordan el turismo. Mientras que las versiones posteriores de las directrices sólo mencionan el turismo como una “amenaza” potencial para el patrimonio, vinculada a una gestión deficiente y a la creciente presión de los visitantes, las últimas versiones van reconociendo progresivamente la importancia del turismo para el patrimonio. Lo mismo ocurre con políticas más recientes relacionadas con el patrimonio, como la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de 2003.
Aunque la UNESCO tardó relativamente en integrar el turismo en su labor patrimonial, sus órganos consultivos y otras organizaciones internacionales desarrollaron instrumentos para conectar patrimonio y turismo en una fase mucho más temprana. Por ejemplo, ICOMOS lanzó una Carta del Turismo Cultural, en 1976, con 18 organizaciones internacionales como signatarias (Drost, 1996). Basándose en el concepto de “turismo sostenible”, lanzado conjuntamente por la Organización Mundial del Turismo y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en 1982, las organizaciones internacionales reconocen los graves perjuicios del turismo de masas y fomentan la elaboración de directrices y recomendaciones para el desarrollo turístico. Por ejemplo, la Fundación de la ONU dirigió la Alianza del Patrimonio Mundial para el Turismo Sostenible, entre 2006 y 2010. Unos cincuenta miembros del sector turístico, los gobiernos y el sector de la conservación unieron sus fuerzas para preservar más de veinte sitios del patrimonio mundial en siete países. Durante el mismo periodo, Amigos del Patrimonio Mundial, una iniciativa de la Fundación de la ONU, el Centro del Patrimonio Mundial y Expedia, fue un programa dedicado a concienciar sobre la importancia de proteger el patrimonio mundial, promover el desarrollo sostenible y ofrecer formas de explorar los bienes, a través de viajes sostenibles.
Aunque las organizaciones internacionales han elaborado políticas sobre el turismo del patrimonio, mediante la cooperación y directrices interinstitucionales, la inscripción en el patrimonio mundial de la mayoría de los bienes ha tenido graves repercusiones socioculturales y económicas. En primer lugar, la inscripción del patrimonio se está convirtiendo cada vez más en parte integrante de las campañas de mercadotecnia de sitios o destinos (Leask & Fyall, 2006, p. 287). El estatus de patrimonio mundial nunca se concibió como un dispositivo de mercadotecnia turística, pero cada vez funciona más así, actuando como una marca mundial de primer orden, y quizá también como un conjunto coleccionable, que se puede marcar en la lista de cosas por hacer de un turista- “he estado allí, he hecho eso”. La designación de patrimonio mundial se ha convertido en un «galardón muy apreciado» (Smith, 2002, p. 137) en el mundo del turismo y también ha surgido como una de las principales herramientas de promoción, ya que la lista del patrimonio mundial sirve como selección de exhibición de los mejores sitios turísticos patrimoniales. Es un problema del mercado y del turismo como agente del mercado del patrimonio.
Los países utilizan deliberadamente «su» patrimonio mundial en las campañas nacionales de imagen turística y de marca. En particular, los sitios culturales parecen recurrir a la etiqueta de patrimonio mundial (Hall & Piggin, 2001). Aunque la UNESCO nunca pretendió que la lista del patrimonio mundial se convirtiera en una guía turística en constante expansión de cientos de maravillas del mundo moderno, en realidad, sin embargo, los sitios del patrimonio mundial y las “maravillas” se han convertido en eso: atracciones simbólicas “que hay que ver” (o “conquistar”) en las visitas culturales, los itinerarios, la mercadotecnia de los operadores turísticos y las oficinas de turismo, con la concesión a los sitios del patrimonio mundial del equivalente a una calificación de 3 estrellas de la Guía Michelin (Evans, 2004, p. 316).
Además de los efectos de la mercadoctecnia del turismo del patrimonio mundial, hoy en día se presentan muchos expedientes de candidatura porque los gobiernos proponentes esperan que la “marca” (Ryan & Silvanto, 2009) del patrimonio mundial aumente drásticamente los índices de visitantes y, por tanto, los ingresos económicos (dominantemente la visión del “gestor” del sitio o de los políticos). Aparte de la falta de comprensión de lo que supone la designación, en gran parte del mundo existe la suposición errónea de que la inscripción en la lista del patrimonio mundial se traducirá inevitablemente en un aumento de la generación de ingresos. Muchos países ven en el turismo una importante herramienta de desarrollo, y a ojos de los gobernantes la idea de desarrollo equivale, a menudo, a borrar las prácticas culturales tradicionales locales (Greenwood, 1989; Hobsbawm & Ranger, 1992). Este es un tema central dentro del campo de los estudios críticos del turismo. En algunos sitios del patrimonio mundial, los gobiernos locales se han convertido en grupos de interés con su propio afán empresarial y su propia agenda política. Para las autoridades locales, el turismo del patrimonio no es sólo objeto de regulación, sino un medio de obtener beneficios (Salazar, 2016).
3.4. Normas mundiales frente a rasgos distintivos locales
El debate sobre la comercialización y la destrucción de la singularidad local ofrece valiosas ideas sobre la globalización, como supuesta causa de la homogeneización cultural. Como he descrito anteriormente, las organizaciones internacionales desempeñan un papel importante en la normalización del turismo patrimonial. Han desarrollado políticas, códigos éticos y “productos turísticos patrimoniales” para crear normas mundiales. Sin embargo, las consecuencias de la globalización del patrimonio y el turismo deben considerarse como multidimensionales, y comprenden una compleja mezcla de estandarización global y peculiaridades locales (Salazar, 2010a). Los destinos patrimoniales de todo el mundo pueden estar adaptándose a las tendencias homogeneizadoras del turismo global (Harvey, 2001). Pero, al mismo tiempo, tienen que mercantilizar su carácter distintivo local para competir con otros destinos (Kaminski et al., 2014). Al fin y al cabo, es la particularidad local del patrimonio (a veces calificado de “nacional”) lo que más interesa a los turistas presenciar y experimentar (Astudillo & Salazar, 2024).
Es importante señalar que existen importantes diferencias económicas, sociales, políticas, de gestión, conservación e interpretación, entre los países en lo que respecta al turismo patrimonial. Hay muchas cuestiones que crean obstáculos cotidianos para el desarrollo y la gestión sostenibles del patrimonio (Timothy, 2021), como el papel de los residentes y las comunidades locales en la toma de decisiones, la participación en los beneficios del desarrollo turístico, la capacitación y el poder, la propiedad de lugares y artefactos históricos, la falta de financiación y de competencias, y los desplazamientos forzosos, para acomodar el crecimiento turístico. La promesa de un turismo patrimonial sostenible se hace aún más difícil de cumplir, si tenemos en cuenta que los países de renta baja sólo reciben una pequeña parte de los ingresos del turismo mundial (UNESCO/UNWTO, 2013).
En las últimas décadas han surgido numerosas organizaciones regionales y relacionadas con la UNESCO para contribuir al desarrollo de los rasgos distintivos locales y regionales. Éstas trasladan los conceptos globales de gestión del turismo patrimonial a las condiciones locales en circunstancias culturales, políticas e históricas variadas. En el periodo 1998-2001, la Oficina Regional de la UNESCO para Asia y el Pacífico, en cooperación con la Fundación Nórdica del Patrimonio Mundial, dirigió el proyecto Gestión del Patrimonio Cultural y Turismo: Modelo de Cooperación entre las Partes Interesadas (Aas et al., 2005). En él se utilizaron las ciudades del Patrimonio Mundial del Sudeste Asiático como casos de estudio. El objetivo del proyecto era apoyar el turismo, co-creando un espacio de diálogo entre las distintas partes interesadas de cada sitio piloto, ya fueran del sector turístico o de las comunidades locales, y reforzar la competencia, la capacidad y la base económica de estas últimas para gestionar la conservación y el mantenimiento de sus recursos patrimoniales. Conciliar las diferencias de opinión entre el sector turístico local y los gestores del patrimonio suponía un serio obstáculo para la colaboración entre ambos grupos (Aas et al., 2005). En 2004, la Oficina Regional de Cultura de la UNESCO para América Latina y el Caribe puso en marcha un programa similar de formación a largo plazo, centrado en la gestión del patrimonio cultural, denominado Programa de Desarrollo de Capacidades del Caribe (CCBP) para el Patrimonio Mundial (Núñez Fernández, 2008). Muchos países han tomado conciencia del valor político, cultural y económico del patrimonio y han iniciado sus propios proyectos nacionales o regionales de desarrollo del turismo patrimonial.
Otra forma de diferenciación de la gestión del patrimonio procede de las críticas a los enfoques occidentales. Aunque está muy extendida la idea de que la conservación del patrimonio, como práctica y como teoría, hunde sus raíces en la Europa de los siglos XVII y XVIII y se considera que Occidente es el único creador de la conservación de la cultura material, hay muchas alianzas y organismos no occidentales emergentes que se destacan por (re)crear la alteridad cultural e identidades regionales únicas. Por ejemplo, el Aga Khan Trust for Culture (AKTC) se centra en la revitalización física, social, cultural y económica de las comunidades del mundo musulmán. La Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura (ISESCO) produce “formas de gobernanza cultural ‘islámico-céntricas’ u occidentales” estableciendo numerosos programas de patrimonio cultural y políticas relacionadas (Winter, 2013, p. 13). Del mismo modo, dado que la región del Caribe fue señalada por la UNESCO como infrarrepresentada, en cuanto a la riqueza y diversidad de su patrimonio natural y cultural, la CARICOM (Comunidad y Mercado Común del Caribe) ha desarrollado diferentes proyectos para promover el turismo patrimonial relacionado con el patrimonio intangible local, como la música, el arte, la artesanía y la moda (Jordan & Jolliffe, 2013).
Las consideraciones locales han dado lugar a resultados únicos en forma de temas patrimoniales especializados, el reparto de funciones entre los organismos locales y los diversos motivos a los que responde la valorización del patrimonio (Salazar, 2012a). Mientras tanto, el proceso global de “turismificación” del patrimonio enfrenta a las partes interesadas locales y a las comunidades afectadas, a toda una serie de cuestiones complejas, como la autenticidad, la interpretación, la impugnación del patrimonio, la exclusión social, el espacio disputado, el patrimonio personal, el control y la conservación (Zhu, 2021).
3.5. Retos y tendencias
El desarrollo del turismo patrimonial en todo el mundo comparte retos similares en términos de planificación, gestión e interpretación. En respuesta a estos problemas, el turismo patrimonial se ha adaptado a las nuevas tendencias tecnológicas, económicas, demográficas, ambientales y sociales. A lo largo de los años, se han realizado muchos esfuerzos en todo el mundo para lograr un equilibrio entre la conservación y las visitas, y ello desde diferentes perspectivas como la gestión de visitantes, la planificación de destinos patrimoniales y la interpretación del patrimonio (cuestiones de precios, desarrollo comunitario y mercadotecnia ).
Uno de los principales retos es el impacto del turismo en las comunidades locales y para los residentes (Brumann & Berliner, 2016). El turismo puede crear nuevas oportunidades de empleo y aportar beneficios económicos (pero nunca para todos). Sin embargo, los datos sugieren que sólo entre una quinta y una tercera parte del gasto total del turismo se queda realmente en las comunidades locales. La gestión del patrimonio puede ser otro reto. El desarrollo de infraestructuras orientadas al turismo puede hacer que los gestores de los sitios y otras autoridades duden en imponer restricciones al acceso a los mismos o en adoptar medidas de preservación. En muchos países, los problemas asociados al turismo del patrimonio se manifiestan en forma de dificultades de planificación, como la demolición de edificios, la masificación, la gestión del tráfico y los problemas de aparcamiento.
El desarrollo incontrolado del turismo en los bienes del patrimonio suele estar relacionado con problemas para los visitantes, como la invasión de los espacios públicos por cafés al aire libre, la contaminación acústica o lumínica, la degradación de los bienes, a causa de los visitantes y la variación estacional del número de visitantes (Hall & Piggin, 2001). Además, muchos países se enfrentan al reto de unos recursos financieros limitados y unas capacidades institucionales inadecuadas. El dilema clave es que parece difícil equilibrar el desarrollo del turismo con la preservación, lo que a menudo crea una tensión o conflicto entre el gran número de partes interesadas (Harrison & Hitchcock, 2005). Es probable que cada uno de los grupos interesados tenga agendas y prioridades contrapuestas, lo que dificulta llegar a un consenso de opinión sobre la gestión, interpretación y apropiación del patrimonio (Porter & Salazar, 2005).
A menudo se producen conflictos entre la población local, que considera el patrimonio como parte de su cultura viva, y otras partes interesadas, como gobiernos y expertos, que designan el patrimonio como monumentos y prácticas protegidas y, en cierta medida, lo «museifican». Así pues, algunos de los conflictos en torno al patrimonio tienen su origen en visiones y usos diferentes. La estrategia de promover el patrimonio para desarrollar el turismo suele ser ambivalente para las comunidades afectadas. La impugnación se produce, en parte, porque los interesados en el desarrollo turístico consideran que el estado deteriorado de las viviendas es un obstáculo para el turismo, mientras que los residentes se movilizan por la restauración de las viviendas y la provisión de servicios y comodidades. Las impugnaciones del patrimonio cambian con el tiempo, adoptan distintas formas e implican a nuevas partes interesadas. Los conflictos también tienen lugar en el seno de las comunidades locales, que no son homogéneas, y existen diferentes visiones y apegos al patrimonio, dependiendo, por ejemplo, de la historia familiar, las convicciones religiosas, así como de la edad y el sexo. Irónicamente, las experiencias basadas en el patrimonio, que implican conflicto, son artículos vendibles que atraen a los turistas. A los turistas políticos, por ejemplo, se les permite compartir espacios disputados e interpretar lugares conflictivos porque quienes los controlan desean presentarse a sí mismos y a sus historias ante el mundo exterior, de una determinada manera (por ejemplo, las excursiones a Corea del Norte organizadas por el Estado).
Por desgracia, no existen soluciones universales. Sin embargo, se han desarrollado mejores estrategias de gestión y nuevas tecnologías útiles. Como ya se ha mencionado, las organizaciones internacionales han empezado a integrar la idea del turismo sostenible en la planificación de la gestión y conservación del patrimonio. En 2001, el Comité del Patrimonio Mundial de la UNESCO autorizó al Centro del Patrimonio Mundial a desarrollar un Programa de Turismo Sostenible de una década de duración, en cooperación con sus órganos consultivos (ICOMOS, UICN e ICCROM) y la OMT, el PNUMA y la Fundación de las Naciones Unidas. El objetivo del programa era mejorar la calidad y eficacia de la gestión del turismo sostenible en los bienes del patrimonio mundial, mediante instrumentos prácticos, actividades de capacitación y proyectos piloto de demostración para identificar buenas prácticas. El resultado fue, entre otros, un documento del Patrimonio Mundial sobre la gestión del turismo (Pedersen, 2002) y un especial de la Revista del Patrimonio Mundial sobre turismo sostenible (WHC, 2010). El Comité del Patrimonio Mundial adoptó un segundo Programa de Turismo Sostenible del Patrimonio Mundial en su 36a sesión en junio de 2012. El nuevo programa estableció además “un marco internacional para el logro cooperativo y coordinado de resultados compartidos y sostenibles relacionados con los sitios del Patrimonio Mundial” (WHC, 2010). Como parte del programa, el Centro del Patrimonio Mundial y Turismo de Portugal (la Autoridad Portuguesa de Turismo) puso en marcha, en enero de 2013 un proyecto conjunto sobre la gestión del turismo en los sitios del patrimonio mundial de origen portugués. En este último proyecto han participado gestores de sitios y expertos de más de catorce países de todo el mundo.
Las nuevas formas de colaboración y las redes sociales se han convertido en una tendencia mundial en el turismo. Las implicaciones de la creciente importancia de las redes sociales y el auge de las organizaciones e individuos conectados en red, son profundas. Desde 2009, el Centro del Patrimonio Mundial tiene un acuerdo con TripAdvisor. El sitio web de viajeros proporciona asistencia tecnológica y financiera y desarrolla una campaña de divulgación y sensibilización en línea centrada en la conservación y la participación de la comunidad en los destinos del patrimonio mundial. TripAdvisor pide a sus millones de visitantes mensuales que aporten reseñas y opiniones sobre el estado del patrimonio mundial, en todo el planeta, que voten por los lugares que más desean proteger y que fomenten las donaciones. Al mismo tiempo, crear estas jerarquías puede acentuar la mirada globalizada de grupos que acceden a este tipo de espacios, por sobre otros grupos humanos que se mantienen distantes o imposibilitados de interactuar de la misma manera que poblaciones “más digitalizadas”. Aunque la Organización Mundial del Turismo ya había elegido “Preservar el Patrimonio Mundial para el Nuevo Milenio” como tema de su Día Mundial del Turismo de 1999, más recientemente ha establecido una asociación estratégica con el Centro del Patrimonio Mundial (UNWTO, 2009). En 2012, la UNESCO lanzó la campaña “People Protecting Places” (Personas que Protegen Lugares), un “nuevo movimiento de viajes y turismo para ayudar a que estos tesoros irremplazables sigan inspirando a las generaciones futuras”, en colaboración con National Geographic e Intercontinental Hotel & Resorts. Sin embargo, es difícil medir la eficacia de estos grandes proyectos de colaboración. Por eso es necesario investigar, a largo plazo, para comprender mejor la dinámica y los efectos concretos de estos proyectos sobre el terreno.
La interpretación del patrimonio se ha convertido en otra estrategia clave para el éxito de la política de gestión. Como plataforma para mejorar la gestión de los visitantes, la interpretación del patrimonio vincula patrimonio y turismo en la reconstrucción del pasado en el presente. La interpretación no funciona como una simple descripción de los hechos del patrimonio, sino que “se adentra en los ámbitos de la verdad espiritual, la respuesta emocional, el significado más profundo y la comprensión” (Nuryanti, 1996, p. 253). Al ayudar a los turistas a comprender el significado del patrimonio, su entorno ambiental, sus significados históricos y sus valores sociales, la interpretación desempeña un papel importante en la mediación entre el patrimonio y el turismo a través de la educación, la mercadotecnia y la gestión. La interpretación del patrimonio sensibiliza, tanto a los turistas como a la comunidad local, en materia de conservación. También puede ser una herramienta de gestión eficaz para alejar a los visitantes de las zonas sensibles de los yacimientos. En el Parque Arqueológico de Petra, en Jordania, por ejemplo, se utilizan réplicas de objetos y narraciones digitales en el Centro de Visitantes para satisfacer la curiosidad sobre las zonas restringidas (incluidas las tumbas inaccesibles).
Desde 2005, la oficina de la UNESCO en Bangkok y la Academia Asiática UNESCO- ICCROM para la Gestión del Patrimonio han desarrollado un programa especial de formación para guías turísticos que trabajan en bienes del patrimonio mundial (UNESCO, 2005). Mediante la creación de un marco a través de la colaboración entre los Ministerios de Turismo, las instituciones de formación, las organizaciones nacionales de turismo y la oficina regional de la UNESCO, el programa tiene como objetivo fortalecer las habilidades de guía de los alumnos, para educar a los turistas sobre temas de conservación del patrimonio y los códigos de conducta responsable.
Por último, es importante subrayar que el turismo patrimonial también se dirige al patrimonio inmaterial. Quiero enfatizar esto aquí porque la investigación de Natasha Cabrera-Jara y Margarita Greene-Zuñiga (Cabrera-Jara & Greene-Zuñiga, 2024) demuestra que las políticas de patrimonio urbano en Cuenca, en las últimas dos décadas, han priorizado la conservación del patrimonio material y, dentro de este, de los bienes inmuebles, a pesar del reconocimiento teórico de la importancia de lo intangible y lo cotidiano. La Organización Mundial del Turismo de la ONU presentó un estudio global sobre los vínculos entre el turismo y el patrimonio cultural inmaterial (UNWTO, 2012). Además de explorar los principales retos, riesgos y oportunidades para el desarrollo del turismo relacionado con el patrimonio cultural inmaterial, analiza pasos prácticos para la elaboración, gestión y comercialización de productos turísticos basados en el patrimonio cultural inmaterial. A través de un amplio compendio de estudios de casos y buenas prácticas procedentes de los cinco continentes, esta investigación ofrece información y análisis, en profundidad, de las acciones dirigidas por los gobiernos, las asociaciones público-privadas y las iniciativas comunitarias. No es de extrañar que la OMT destaque los aspectos positivos: el turismo relacionado con el patrimonio cultural inmaterial puede ofrecer nuevas oportunidades de empleo, contribuir a mitigar la pobreza, frenar la huida del campo de los jóvenes y los trabajadores marginales y alimentar un sentimiento de orgullo entre los miembros de la comunidad. Al mismo tiempo, la organización reconoce la fragilidad del patrimonio inmaterial y el hecho de que las verdaderas alianzas entre las comunidades y los sectores del turismo y el patrimonio sólo pueden producirse si todas las partes desarrollan una auténtica apreciación de las aspiraciones y valores de la otra.
Los estudiosos del turismo prestan cada vez más atención a la intersección entre patrimonio y turismo. Se han creado varias revistas, como Pasos o el Journal of Heritage Tourism, para investigar y revisar las tendencias y cuestiones actuales, y publicaciones ya establecidas, como el International Journal of Heritage Studies, prestan cada vez más atención al turismo. La red interdisciplinar UNESCO-UNITWIN “Cultura, Turismo y Desarrollo”, formada por unas universidades asociadas de todo el mundo, se centra desde 2002 en el estudio de los aspectos, tanto teóricos como prácticos, del turismo relacionado con el patrimonio. La creación de la Asociación de Estudios Críticos del Patrimonio en 2012 ha fomentado un mayor estudio y desentrañamiento de las políticas y prácticas del turismo patrimonial.
4.
Discusión
Aunque los conservacionistas defienden la necesidad de “anteponer la conservación al turismo” (Comer, 2011, p. 186), la realidad es que el turismo no puede despreciarse como un efecto secundario negativo no deseado. Como se ha ilustrado en este artículo, el desarrollo turístico del patrimonio es a la vez una oportunidad y un riesgo y requiere de una cuidadosa consideración, planificación, ejecución y gestión. Esta necesidad es una constante. El desarrollo turístico sostenible, a largo plazo, implica la adopción de estrategias de planificación para mitigar el impacto negativo del turismo, sin sacrificar sus beneficios (Drost, 1996). Aceptando que el turismo es un componente central del patrimonio, se requieren de esfuerzos mejor dirigidos para que los bienes “reduzcan las fugas y mejoren los beneficios económicos que se derivan del turismo y para la comunidad local” (Leask & Fyall, 2006, p. 287). Urgen nuevas ideas y conceptos que concilien el turismo y la preservación con la necesidad de un desarrollo sostenible (Yu et al., 2023). Además, hay que prestar más atención a las cuestiones éticas, en particular la participación de residentes y comunidades locales, los códigos éticos del turismo (como el Código Ético Mundial para el Turismo de la OMT), las implicaciones morales del patrimonio cultural, las responsabilidades de los museos y la cuestión de quién tiene el poder de poseer e interpretar el patrimonio.
Desde que el patrimonio comenzó a desempeñar un papel importante en las economías urbanas, en la década de 1970, la “producción” de patrimonio (también conocida como patrimonialización) y el objetivo de situar la cultura en la vanguardia del desarrollo urbano han sido evaluados como una conquista social con consecuencias emancipadoras, y criticados por permitir su potencial mercantilización (García Hernández & Gravari-Barbas, 2025). La patrimonialización es un ámbito en el que las culturas y las identidades nacionales se forman y reforman continuamente, a través de interacciones dinámicas con las miradas, las prácticas y los imaginarios de los demás. La vinculación de los imaginarios patrimoniales a las identidades y los recuerdos revela el valor, la legitimidad social y el ethos cultural esenciales para (re)afirmar las reivindicaciones políticas y la cohesión social (Astudillo & Salazar, 2024). Esto contrasta fuertemente con el espectáculo y la monumentalidad que reifican el pasado como representación utilitaria del patrimonio, como suele ocurrir en el turismo.
La situación actual “obliga a buscar métodos para equilibrar la conservación con las necesidades de subsistencia de la población local y el derecho de los turistas a disfrutar de esos lugares” (Leask & Fyall, 2006, p. 98). Los organismos que se ocupan de la conservación y la promoción turística de los sitios del patrimonio son cada vez más conscientes de los errores cometidos en el pasado, al hacer demasiado hincapié en la protección de monumentos y sitios y en la promoción de un turismo de calidad, sin prestar suficiente atención a las prácticas de vida de los habitantes locales y a sus conocimientos. A medida que el turismo siga expandiéndose, los sitios patrimoniales serán la fuente de un número de turistas sin precedentes históricos. Al mismo tiempo, la actual situación mundial de polycrisis hace que el vínculo entre patrimonio y turismo sea cada vez más frágil (Morales del Valle, 2025). Pensamos, entre otros, a las transformaciones constantes de los espacios públicos, el proceso de gentrificación de las áreas patrimoniales, la “foodificación” de los ambientes patrimoniales, el costo del suelo, el desplazamiento de clases media y media baja, etc.
5.
Conclusiones
Los desafíos actuales son demasiados y demasiado complejos como para abordarlos y analizarlos en un solo artículo que pretendía una revisión, en profundidad, de la literatura existente sobre turismificación y patrimonialización del turismo y que aprovechaba más de dos décadas de investigación personal sobre la intersección entre el patrimonio y el turismo. ¿En qué medida puede el campo del patrimonio liderar el camino en la gestión sostenible de recursos y la innovación? Aunque la gestión del patrimonio suele ser responsabilidad de una determinada comunidad o grupo custodio, la protección, conservación, interpretación y (re)presentación de la diversidad cultural de cualquier lugar o pueblo son retos importantes para todos nosotros.
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