Vivienda Colectiva y Ciudad
La gradualidad y la permeabilidad como condiciones
inherentes a las relaciones entre edificio y contexto
Collective Housing and the City
Graduality and Permeability as Inherent Conditions of the
Relationship between Building and Context
Silvina Barraud
Universidad Católica de Córdoba, Argentina
0821545@ucc.edu.ar
0000-0001-5188-3905
Natalia María Colombano
Universidad Católica de Córdoba, Argentina
9501503@ucc.edu.ar
0000-0002-0144-4063
Recibido: 10/08/2025
Aceptado: 03/12/2025
Resumen
La relación entre vivienda colectiva y ciudad es intrínseca, ya que la vivienda es constituyente del tejido urbano; influye en la distribución poblacional y su configuración determina aspectos de la coyuntura entre espacios de carácter privado y público. Así, la gradualidad y la permeabilidad emergen como condiciones inherentes a las definiciones materiales respecto al contexto, a “lo que dejan pasar” hacia el interior y, por ende, lo que se “deja afuera”. Lo expuesto requiere su consideración durante el proceso proyectual. Se plantea, en este artículo de investigación, el abordaje de la vivienda colectiva, desde una visión que pretende aportar criterios que contribuyan a generar condiciones adecuadas de habitabilidad en un marco urbano, con acento en la definición de lineamientos relativos a las transiciones entre ámbitos de carácter público y privado. Esto implica afrontar la complejidad de las relaciones entre unidades habitables, sistemas de movimiento, situaciones de acceso y egreso, colindancias, proximidades, espacios comunes destinados a la permanencia y al encuentro entre habitantes, entre otros aspectos que definen las articulaciones entre el habitar público y el habitar privado. Esos aspectos se exponen con foco en las variables de interacción contextual. En este sentido, se apunta a generar contribuciones conceptuales relativas a los requerimientos de cada vivienda colectiva, acorde con las dinámicas cambiantes de su entorno. Se recurre, como metodología, a la observación y a la lectura crítica de experiencias proyectuales que viabilizan el análisis para la reflexión propositiva, y como deriva utilitaria la producción material del hábitat con coherencia contextual.
Palabras clave: Vivienda colectiva, contexto urbano, permeabilidad, gradualidad, materialidad, habitabilidad.
Abstract
The relationship between collective housing and the city is intrinsic, since housing is a constituent part of the urban fabric, influences population distribution, and its configuration determines aspects of the interplay between private and public spaces. In this sense, gradualness and permeability emerge as inherent conditions of material definitions in relation to the context, and to "what is allowed to pass through" into the interior, and therefore what is "left out." This requires consideration during the design process. This article proposes an approach to collective housing from a perspective that aims to provide criteria to help generate suitable living conditions within an urban framework, with an emphasis on defining guidelines related to transitions between public and private spheres. This implies addressing the complexity of the relationships between habitable units, movement systems, access and egress, boundaries, proximity, common spaces intended for residents to spend time and meet, among other aspects that define the articulations between public and private living. These aspects are presented with a focus on contextual interaction variables. In this sense, the aim is to generate conceptual contributions related to the requirements of each collective housing unit, in accordance with the changing dynamics of its environment. The methodology employed is observation and critical analysis of design experiences, which facilitates the analysis for proactive reflection and, as a utilitarian outcome, the material production of habitats with contextual coherence.
Keywords: Collective housing, urban context, permeability, gradualness, materiality, habitability.
1. Introducción
La investigación de la cual deriva este artículo1 apunta a evidenciar una serie de condiciones de los espacios domésticos que caracterizan a las viviendas colectivas, y que contribuyen a que las mismas sean coherentes, si se las pondera como respuestas a las demandas contextuales, con sustento en los requerimientos de los modos de vida contemporáneos. Se parte de la base definida por Barraud (2022), y se despliega, en esta oportunidad, con acento en las particularidades de la vivienda colectiva. Se procura definir criterios y lineamientos conceptuales y operativos para el desarrollo de procesos proyectuales de viviendas colectivas con coherencia contextual, a partir de la consideración del habitar, desde un enfoque sostenible.
Según demandas concernientes a la habitabilidad, se determinan las siguientes condiciones: flexibilidad, adaptabilidad, variabilidad, versatilidad, multiplicidad, pluralidad, integralidad, intimidad y privacidad. De acuerdo a la materialidad, como eje que pone de manifiesto la expresión concreta que se produce de manera vinculada con el entorno físico, emergen las condiciones de: incrementalidad, progresividad, independencia y conectividad. Además, según consideración de las variables relativas al contexto situacional, se definen las condiciones de gradualidad y permeabilidad. A partir de las mencionadas condiciones o atributos (Barraud, 2023) que “contribuyen para crear habitabilidad adecuada en términos contextuales, con consideración de posibles integraciones y combinaciones” (p. 38), se pone atención precisamente en la gradualidad y en la permeabilidad, que tienen en común la definición de transiciones que respaldan la protección del habitar doméstico y, a su vez, inciden en la vecindad, en cuanto a los niveles de interacción, normas y acuerdos que regulan la convivencia. Esto se hace con acento en la articulación entre ámbitos de carácter público y privado, y en correlato con la posición que refiere a que las nociones de doméstico y urbano se definen actualmente de manera imbricada y no como conceptos opuestos. Como expresa Rodríguez (2019): “Nuestras sociedades están evolucionando de tal manera que los conceptos tradicionales urbano y doméstico están volviéndose obsoletos y se están transformando en concepciones aumentadas y actualizadas” (p. 182).
En cuanto a la organización del artículo, en primera instancia se expone la demanda de articulación de la vivienda colectiva con su entorno de pertenencia, como contribución identitaria y de intercambio de reciprocidad. Esto se despliega en correspondencia con la presentación de la metodología propuesta. En la siguiente instancia, que se considera medular, se abordan las condiciones de gradualidad y permeabilidad, y se definen las categorizaciones relativas a ambas. Se concluye con reflexiones respecto a cada una de las condiciones, particularmente relativas a sus categorías, como aporte al campo disciplinar del proyecto arquitectónico.
1 Proyecto de Investigación científico y tecnológico UCC, período 2023-2026. Investigación en curso: Viviendas colectivas y modos de habitar contemporáneos. Pautas proyectuales para su concreción coherente. Directora: Dra. Mgter. Arq. S. Barraud. Investigadora Responsable: Mgter. Arq. N. Colombano, Investigadora MPIH: Mgter. Arq. J. Berezovsky, y Ayudantes alumnas: E. Koritschoner Guma, C. Cantarell, I. Vitale.
La vivienda colectiva como sistema
Entender a la vivienda como hecho sistémico implica una consideración de sus múltiples facetas constitutivas. De ese modo, cada aspecto que se atiende tiene implicancia tanto en la definición de la materialidad física como en los demás talantes intangibles involucrados, y su proyectación requiere una perspectiva integral. Si se pone foco en las condiciones de habitabilidad que derivan de la relación contextual, se vislumbra que los niveles de gradualidad y permeabilidad son significativos y determinantes para quienes habitan y deben ser atendidos por quienes proyectan. En este caso, se aborda la vivienda a partir de un posicionamiento teórico argumental que integra al entorno situacional y lo define como sistema habitacional (Jirón et al., 2004). Esa posición y enfoque “sistémico” delimita tres niveles de integración: el nivel propio de la vivienda, el del conjunto habitacional que comprende a la unidad como constitutiva general y el del entorno cercano o próximo en términos físicos. Cada instancia es considerada como componente del sistema integral. Este abordaje incluye la relación con el espacio público, la conectividad y la integración barrial.
La centralidad está puesta en que la vivienda, el conjunto habitacional y su entorno inmediato se comporten de modo interconectado para moderar el habitar. El adecuado diseño de interconexiones viabiliza que cada grupo de convivencia pueda morar en equilibrio con sus vecinos y con la comunidad barrial de la que es parte. Esto implica que la permeabilidad debe ser considerada como variable de conexión o segregación, según se requiera; y la materialidad es contributiva de esas concreciones y, por ende, de las definiciones. La gradualidad, como condición transicional, aporta dinamismo a las vinculaciones entre instancias o gradientes espaciales. Gehl (2014) refiere a la gradualidad entre instancias según su escala y plantea que:
La última instancia, pero no por eso la menos importante, es la escala pequeña, el paisaje humano. De este ámbito surge la imagen de la ciudad que los habitantes experimentarán (…). En este nivel no se destacan ni las grandes líneas urbanas ni la ubicación de los edificios, sino más bien la calidad del paisaje humano, percibida por las personas que se desplazan y permanecen en la ciudad. (p. 195)
La Figura 1, que a continuación se expone, evidencia instancias de “paso” entre niveles espaciales. Particularmente en el primer gráfico, se manifiesta explícitamente la disyunción entre espacio privado y público. El asoleamiento, la sombra, el aire y la visión traspasan esos límites materiales en ambos sentidos, según las posibilidades que otorga la envolvente como límite material. Además, la gradualidad se concreta también por cambios en niveles de suelo, que son contributivos de la definición de gradientes. A medida que se asciende, el grado de recogimiento y privacidad es mayor. En términos de control visual, esto se invierte, y es menor a medida que se sube. Sin embargo, la visibilidad lejana emerge con la altura. Podría concluirse, por ende, que las visuales amplias se definen en los niveles más elevados.
Figura 1. Gradualidad entre condiciones espaciales
Nota. Autoría de dibujos de E. Koritschoner Guma, C. Cantarell e I. Vitale. 2023.
En la vivienda colectiva Casa 40 (2019), los gradientes espaciales, que se ilustran con la Figura 2, suceden a partir de la definición de límites materiales que generan diversidad de instancias entre el espacio público de la calle y el ámbito privado del espacio doméstico. Esas situaciones contienen aspectos de ambas condiciones imbricadamente. Los niveles de clausura varían según se requiera, y pasan de mayor nivel de clausura en las instancias que tienen más contacto con el exterior, a menor rango de clausura en la interioridad.
Figura 2. Casa 40. Quaranta y Coraglio Arquitectura. Córdoba. 2019
En ese sentido, la noción de sistema aporta estructura organizativa, orden y legibilidad, mientras posibilita multiplicidad programática y alternancia de usos y prácticas, tal como argumenta conceptualmente la teoría de los soportes (Habraken, 1974). En ese marco, la estructura caracterizada como inamovible y componente colectivo del sistema edilicio residencial puede ser segregada de aquello que es viable de ser transformado por quienes habitan. Entre los aspectos que pueden ser transformados, se encuentran las envolventes, que pueden concretarse con dinámicas de permeabilidad, según los requerimientos de sus habitantes. Esto se evidencia en la Figura 3, perteneciente al edificio Scala (Berezovsky, 2020), cuyos balcones y terrazas participan como interfaz de integración ambiental y permean entre la interioridad y la exterioridad. Al respecto, Ziccardi (2015) expresa:
Cualidades del interior y exterior de la vivienda, no solo referidas a la calidad de los materiales, el diseño de la vivienda y el tamaño en función de las características de sus ocupantes, sino también al entorno ambiental, social y cultural vinculado al desarrollo humano o comunitario, a la construcción de identidad, la convivencia y la seguridad ciudadana. (p. 183)
Figura 3. Edificio Scala. Arq. Jimena Berezovsky. 2020
Nota. Autoría de las fotografías: Gonzalo Viramonte.
2. Metodología
Se aborda, en primera instancia, una metodología exploratoria, como aproximación a las nociones de gradualidad y permeabilidad. En esta etapa, se indaga conceptualmente y se examina material bibliográfico y fuentes primarias, con intención de generar conceptualizaciones propias a partir de la búsqueda y la contrastación de definiciones. La mencionada etapa sustenta procedimientos posteriores de observación y análisis de casos elegidos: edificios de vivienda colectiva desarrollados en la ciudad de Córdoba. En esta segunda etapa, de carácter analítico, el material es obtenido de fuentes primarias y secundarias, documentación gráfica y diversos registros de las obras, proporcionados por sus proyectistas. En esta instancia, se plantea, además, la concreción de entrevistas a proyectistas. De las mismas, se obtiene información referida a las condiciones de gradualidad y permeabilidad, que se coteja con la indagación obtenida por medio de la observación directa y el registro gráfico de las obras.
La lectura analítica planteada es transeccional o transversal, ya que recolecta datos en un momento determinado. Se seleccionan viviendas colectivas cuyos procesos proyectuales se despliegan a partir de la segunda década del siglo XXI en barrios pericéntricos de la ciudad de Córdoba. La selección de situaciones barriales similares posibilita la lectura comparativa. Esto se hace con el interés de evidenciar la relación entre habitar urbano y contemporaneidad. La lectura crítica de los casos viabiliza la reflexión acerca de las condiciones de gradualidad y permeabilidad, que se examinan desde la concreción material de las envolventes y de los espacios de transición entre ámbitos. Esto aporta a la definición conceptual. El resultado del trabajo es una serie de lineamientos proyectuales con acento en la relación entre proyecto y contexto. Se pretende que la metodología sea replicable, si se considera el enfoque contextual.
Gradualidad como variable de relación contextual
Los requerimientos del habitar vinculados con las condiciones climáticas, los niveles de asoleamiento variables según las estaciones del año, la ventilación asociada con las orientaciones y la temporalidad, por un lado, y la preocupación por la seguridad integral de quienes habitan, por otro, requieren definiciones en términos de segregación o integración con el medio en el que el habitar acontece.
Las mencionadas definiciones demandan la generación de envolventes que puedan cobijar las particularidades de las dinámicas temporales de sus habitantes, mientras viabilizan que la vida privada pueda concretarse con adecuación contextual.
Bryson (2010) caracteriza a la vida privada como “la historia de ir sintiéndose confortable y cómodo poco a poco” (p. 189). Su expresión se coliga directamente con la gradualidad que comprende el paso paulatino desde el ámbito público hacia la intimidad de la vida privada que, en el caso de las viviendas colectivas, cuenta con diferentes rangos de condiciones que se asocian, en primer lugar, con el barrio o contexto de situación próxima, con la cantidad de unidades que constituyen el conjunto, su nivel de interrelación y también con las características particulares de esas unidades en términos de diversidad y, por ende, de necesidades específicas y concretas.
La etimología de la noción “íntimo” describe precisamente a lo que está más adentro, y también a la condición o a las condiciones que se generan “entre” espacios que envuelven. Según Pereira da Silva (2015): “Lo que legitima lo íntimo no es únicamente el confinamiento o la estrechez de las relaciones, sino la profundidad o la esencialidad con que se experimenta (…) el espacio” (p. 335). La autora también refiere a la intimidad como “algo mejor definido en términos de tiempo que de espacio, porque aparece como momentos y sus límites más claros son inevitablemente temporales” (p. 11).
Las mencionadas instancias de traspaso entre situaciones opuestas, que tienen distintos rangos o grados de privacidad, requieren la definición material de las envolventes que se generan entre esos gradientes. Esas pieles o capas anuncian cambios de estado, mientras protegen o descubren, según el sentido en que se traspasen y, por ende, definen su nivel de porosidad.
En relación con la gradualidad, como condición espacial, Barraud (2020) plantea que “los actuales grupos de convivencia, dinámicos y cambiantes, demandan espacialidades que habiliten y reflejen esas características, y que a su vez cuenten con instancias de transición que aporten gradualidad como variable relacional interespacial” (p. 2 y 3). Entonces, las graduaciones participan como sustitutivas de la jerarquización, condición del espacio doméstico revertida en el contexto contemporáneo. Según Baudrillard (2010), el interior burgués prototípico manifiesta un “orden patriarcal” (p. 13) y agrega que, en ese contexto, el espacio presenta “infuncionalidad, inamovilidad, presencia imponente y etiqueta jerárquica” (p. 13). A esa perspectiva rígida y binaria de espacialidad, considerada oportuna para determinados momentos e indisoluble de estructuras sociales del pasado, se contraponen criterios de habitar a partir de redes dinámicas de relaciones que se estructuran con lógicas a-jerarquías, que habilitan prácticas y usos indefinidos. Hubeli (2001) propone que, si hubiera que definir una estrategia de proyecto, se trataría de conseguir ese margen de libertad que permita cambios de uso y jerarquía. Por su parte, Montaner et al. (2011) plantean que “la primera regla de la flexibilidad es la existencia de ámbitos con la mínima jerarquía posible” (p. 23).
Se entiende, a partir de lo expuesto, que la contemporaneidad demanda espacios que se relacionen entre sí por medio de órdenes que no impliquen subordinación, y que las instancias vinculares ameritan ser resueltas en términos de graduaciones y secuencialidad, como argumenta Barraud (2022, p.77 y 78). Las relaciones binarias o duales entre espacios se sustituyen por interrelación y trans-escalaridad. Gehl (2014) aporta cuestiones a considerar para la proyectación de espacios habitables, y pone acento en el hecho de focalizar en las necesidades de las personas que habitan. Este autor señala que “moldear las ciudades desde arriba y desde afuera debe ser reemplazado con nuevos procedimientos que vayan desde abajo y desde adentro, en línea con el siguiente principio: primero la vida, después el espacio y por último los edificios” (p. 198).
En esa secuencialidad gradual, la tensión entre el espacio público urbano y el espacio privado doméstico se hace presente. También lo hace la relación entre adentro, o interioridad, que se coliga con la idea de cobijo, y la idea de afuera, o exterioridad. Esta se manifiesta en las galerías que emergen como espacios bivalentes, que tienen características tanto de interior como de exterior (Carli, 2017, p.3). Ventura (2018) aporta un enfoque que incluye la noción de “borde”, al que presenta como “límite con espesor” (p. 12) y añade que “esta mirada sobre la conceptualización del borde modificará sustancialmente la construcción del espacio arquitectónico, ya que permite establecer diferentes grados de jerarquías y resuelve nuevas instancias de recorridos” (p.12).
En el sentido mencionado, la gradualidad espacial viabiliza vivencias progresivas y secuenciales entre espacios antagónicos: públicos y privados, abiertos y cerrados, destinados a usos comunes o propios. En esto incide, particularmente, el diseño de envolventes, que genera distancia o acerca lo que acontece tanto afuera como adentro, por medio del diseño de capas o gradientes. Las decisiones relativas al proyecto y la gradualidad como condición transicional entre situaciones extremas tienen implicancia, a su vez, en lo que respecta a la organización de los movimientos horizontales y verticales, mediados por el diseño de los sistemas de circulación. De ese modo, la disposición de ascensores, escaleras y rampas con los que cuentan las viviendas colectivas fortalece o define criterios transicionales. Al respecto, puede considerarse que, en determinadas circunstancias, hay coincidencia funcional entre gradientes espaciales. Los mencionados gradientes acontecen en términos de verticalidad (ascensores, rampas y escaleras), y horizontalidad (accesos, pasillos, recepciones). Además, los niveles de segregación se definen según los sistemas conectivos.
Figura 4. Corazón de manzana. P. de la Torre. 2010. Escalones definen transiciones
Nota. Autoría de fotografías: Gonzalo Viramonte.
Otro aspecto a considerar es la posibilidad de intervención de habitantes en la definición de espacios y, por ende, en la concreción material de sus envolventes y niveles de permeabilidad. Tal como refieren Reus et al. (2022, p. 180): “Se pueden proponer ámbitos ambiguos, con mayores dimensiones, para permitir que (…) quienes se apropien del espacio, lo vayan adaptando a sus necesidades y a su evolución”. En ese sentido, la amplitud emerge como variable de ajuste para proponer gradientes espaciales.
Por otro lado, desde un acercamiento que contempla las vinculaciones entre las unidades de vivienda y los espacios comunes como ámbitos de interacción social, acontece lo que enuncia Franco (2019):
El diseño de los espacios comunes en la vivienda colectiva tendría un papel fundamental en la relación entre formas urbano-habitacionales y vida cotidiana, puesto que estos son el soporte para las relaciones de vecindad, que representan la primera escala de relaciones sociales más allá de lo íntimo. (p. 48)
Como se reconoce en la figura precedente, perteneciente al edificio Corazón de manzana (P. de la Torre, 2010), ese rango, que va diferenciando paulatinamente el espacio privado del público y segrega al habitar doméstico del entorno cercano, requiere decisiones proyectuales para generar respuestas materiales pertinentes. Emerge, entonces, el retranqueo como respuesta intencionada que acerca o aleja, según sea conveniente.
También ameritan consideración las decisiones respecto a la materialidad, por ejemplo, en cuanto a la definición de los solados, que puede aportar expresión contributiva de intenciones propositivas. Los mismos ofrecen gradientes que abarcan un elenco que incluye desde suelos rugosos hasta pisos lisos y pulidos. Esos gradientes se presentan generalmente entre los espacios de carácter público y las unidades habitacionales o sus inmediaciones, que cuentan con carácter privado, También los cambios de niveles, como los escalones y las rampas, aportan transiciones como instancias dinámicas que contribuyen a la gradualidad.
Por otro lado, tal como plantea Boccolini (2016), en la relación entre cada edificio y la ciudad se sustentan “procesos de intervenciones iterativas con el sistema urbano de forma continua y flexible” (p. 226). En esa dirección, Tschumi (2005) aborda la relación a partir de interpolar aspectos contextuales, conceptuales y de contenido. Al respecto, Franco (2019) entiende que la gradualidad posibilita, a partir de gradientes, niveles o secuencias, la ruptura de “la lógica binaria tradicional” (p. 49).
En términos de gradualidad, se puede aludir a un elenco que regula la relación entre el espacio público urbano y el espacio privado del conjunto. A continuación, se despliega una serie de alternativas:
Gradualidad generada por retranqueos
Se produce por medio de entrantes o salientes de las envolventes. Estas se concreten por medio de planos o volúmenes, que dan cuerpo a la envolvente mientras la dinamizan; con ello, inciden en la definición de los límites del espacio. Esto posibilita la generación de distintos sectores que contribuyen a la variabilidad funcional. En ese marco, la gradualidad se diversifica en las siguientes posibilidades:
Gradualidad por secuencialidad vertical
La envolvente se materializa por medio de diversas capas dispuestas en distintos planos, lo que produce yuxtaposiciones, superposiciones y entramados. Dicha secuencialidad puede evidenciarse por medio de:
Gradualidad por niveles horizontales
Cuando la condición de gradualidad se produce mediante la secuencialidad del espacio por medio de capas dispuestas en distintos niveles respecto al suelo, y se segregan horizontalmente: los niveles bajo el suelo (si existen), la planta baja, los niveles intermedios y los niveles superiores. Por ejemplo, las capas pueden ser configuradas respecto a variables como privacidad y seguridad, y pueden incluir dispositivos para graduar situaciones diversas de permeabilidad en relación con los requerimientos del habitar. Para ello, se emplean paneles corredizos con diferentes grados de permanencia. Estas incorporaciones posibilitan acciones duales respecto al resguardo de las condiciones de privacidad y seguridad de las viviendas individuales. Por otro lado, integran aspectos urbanos característicos e identitarios de los entornos a los cuales las viviendas pertenecen.
Permeabilidad como variable de relación contextual
Las envolventes materiales que segregan espacios interiores y exteriores posibilitan establecer relaciones variables de “permeación”, o paso, con su contexto. En este sentido, como describe Etkin (2020), se exteriorizan “lógicas que permitan comprender la interrelación de las obras y el proyecto con el medio, diseñadas a través de redes abiertas, con una estructura permeable, con sistemas de vínculos a su contexto complejo” (p. 49). La permeabilidad se presenta, entonces, como una condición “relacional” entre el proyecto arquitectónico y su entorno físico. Pradilla (1983) expresa su interés por el traspaso y acceso en correlato con las condiciones mínimas de habitabilidad. Argumenta sobre la relación entre necesidades y requerimientos como asoleación y ventilación adecuada; también refiere a que “sus ocupantes pueden acceder a las áreas libres y recreativas y a los servicios” (p. 87). Lo mencionado puede ser considerado a partir de la definición material, espacial y ambiental.
Si se analiza la permeabilidad como condición relacional, esta puede ser considerada posibilitante de conexión social y espacial entre diferentes áreas, promotora de interacción comunitaria y ambiental. Al respecto de una posición argumental que considera las relaciones de permeabilidad con el entorno, Bentley et al. (2005) refieren que:
Solo los lugares que son permeables pueden proporcionar alternativas. La vitabilidad de un lugar puede medirse de su capacidad de ser penetrado, o que, a través de él, o dentro de él se puede circular de un sitio a otro. Nosotros hemos determinado a esta cualidad como permeabilidad. (p. 12)
En el mismo sentido, Mesa y Mesa (2013) expresan:
La permeabilidad permite relaciones estrechas y cruzadas con el medio ambiente y el clima, pero además de ser una propiedad tectónica es también una importante característica para el funcionamiento de los ecosistemas y sus comunidades ligadas a la arquitectura. (p. 1)
Además, según los mismos autores: “Los proyectos de arquitectura permeables conducen a configuraciones con abundante transparencia. Perforaciones y velos permiten que el interior de un edificio sea traspasable y visible desde el espacio público, también que el exterior sea evidente desde los espacios controlados” (p.4).
Figura 5. Edificio Casanova VI de Grupo Casanova y Edificio las Lengas de T y C. Córdoba. 2024 y 2022 respectivamente. Permeabilidad como condición material espacial
En el mismo sentido, Mesa y Mesa (2013) plantean que: “Al evitar capas herméticas y revestimientos costosos de control climático, las arquitecturas perforadas permiten entender las diversas redes técnicas o ambientales que los configuran y su funcionamiento” (p. 4). Esto se puede observar en la Figura 5. En la propuesta, se evidencian estructuras metálicas compuestas por perfiles y paneles de chapa perforada, que permiten el crecimiento de vegetación en los balcones. Esto viabiliza condiciones de habitabilidad; por ejemplo, esto ayuda a que las temperaturas se regulen en verano, por presencia de componentes bióticos, además de resguardar la interioridad.
En las viviendas colectivas contemporáneas, la permeabilidad se considera condición que responde, de modo coherente, según los requerimientos de habitabilidad. Es en este sentido que Morales et al. (2012) expresan que: “se concibe a la vivienda no tanto como un objeto que se termina en un momento determinado, sino como un proceso que va transformándose y adoptando diferentes configuraciones espaciales” (p. 33). Cuando la vivienda se proyecta en clave permeable, tanto material como espacialmente, puede considerarse pertinente para el habitar contemporáneo. Desde esta perspectiva, puede referirse a un elenco que permite el paso controlado en ambos sentidos, tanto desde la interioridad hacia la exterioridad, como en el sentido contrario. A continuación, se despliegan una serie de alternativas:
Permeabilidad por medio del diseño de envolventes:
Figura 6. Edificio Scala. Arq. J. Berezovsky. 2020
Nota. Autoría de fotografías: Gonzalo Viramonte.
En clave de permeabilidad, cabe mencionar el rol particular de las terrazas vinculadas a los últimos pisos. Tal como lo plantean Ganzabal y Linares (2015): “El último piso de los conjuntos de viviendas permite considerar unidades que reconozcan, su condición cenital, es decir su contacto con el cielo y con la luz que viene de lo alto” (p. 100).
Permeabilidad por medio de espacios intercambiadores:
3. Resultados
Este trabajo, cuyo foco es la vivienda colectiva como respuesta a demandas de la vida urbana contemporánea, asume la tensión entre intimidad y sociabilidad como aspecto clave para la generación de espacios coherentes con los requerimientos actuales. Según consideración de las variables relativas al contexto situacional, emergen las condiciones de gradualidad y permeabilidad como resultantes. Esto implica que los procesos proyectuales comprometidos con su desarrollo deben contemplar esos criterios, tanto en lo referente a las variables intrínsecas de la propuesta espacial como en lo inherente a las relaciones con su entorno barrial. Resulta así la definición de diferentes escalas o rangos de permeabilidad y gradualidad que tienen correlato con las escalas del habitar: privado, doméstico, colectivo y urbano. En ese sentido, se ponderan variables como la fluidez conectiva entre gradientes, afectada directamente por el nivel segregativo de cada categoría de análisis.
Lo expuesto se sustenta conceptualmente en un enfoque del espacio flexible que articula “adaptabilidad y variabilidad como condiciones espaciales que responden genéricamente a diversas demandas actuales del habitar doméstico” (Barraud, 2022, p.273). Dichas condiciones precisan límites y fronteras tanto físicas como conceptuales que, a su vez, habilitan expansión, dilatación, amplificación, adición, superposición y yuxtaposición. En ese marco contextual, Roth (2010) entiende a la arquitectura como “parte del entorno que aborda la noción de recipiente físico que contiene la vida humana” (p. 31). Esa recepción implica el paso de un estado a otro; en la indagación en el carácter o la condición de esas transiciones se encuentran, precisamente, los aportes del presente trabajo.
La gradualidad y la permeabilidad en la vivienda colectiva constituyen variables relacionales interespaciales que viabilizan materializaciones, según requerimientos del habitar en sintonía con la situación contextual involucrada. A partir de las lecturas analíticas realizadas, emergen alternativas de gradualidad como niveles dialógicos entre exterioridad e interioridad, que se han desplegado en el apartado anterior y que se complementan con niveles de permeabilidad:
4. Discusión
Durante el proceso de investigación, se indaga en la implicación de los conceptos de gradualidad y permeabilidad como atributos de las viviendas colectivas contemporáneas en su articulación contextual. En esta instancia, se pone en diálogo lo desarrollado con otras visiones argumentales. Al respecto, se destacan algunas posiciones críticas con las que hay concurrencias o discrepancias.
Como punto de partida, se concuerda con la distinción significativa entre ámbitos que propone Rodríguez (2019):
En nuestras ciudades, tradicionalmente existió una distinción clara y significativa entre lo público y lo privado. Esta diferencia solía definir el ámbito urbano y el doméstico. En un modelo convencional de ciudad, la urbanidad designó en general lo público y la domesticidad de lo privado. (p.182)
Se concierta con el enfoque del autor relativo a la diferencia entre esferas existente en el pasado, que se complementa con la difusión de límites que caracteriza a la contemporaneidad, sin separaciones taxativas. Es por ello que amerita consideración el desvanecimiento de las contradicciones entre público y privado y entre doméstico y urbano, que dan lugar, actualmente, a interpolaciones complementarias entre esferas. Esto posibilita habitabilidades compuestas.
A partir de lo expuesto, se considera un abordaje complementario que pone acento en los trayectos transitivos entre ámbitos. En este sentido, Gehl (2014) pondera las plantas bajas de los edificios como “ámbitos favorecedores del encuentro humano” (p. 202). El autor plantea que:
Encontrar un equilibrio es la clave para establecer ciudades vitales, sanas, seguras y sostenibles. Algunas cuestiones pueden resolverse mediante una cuidada planificación de la ciudad y sus sitios, pero es crucial que la arquitectura, el punto donde los edificios empiezan a tomar forma, contribuya de modo directo a moldear la calidad a la altura del ojo. (p. 205)
Por otro lado, Morales et al. (2012) mencionan la importancia de: “las estrategias de flexibilidad en el diseño tipológico que permiten la adaptación de la vivienda a las necesidades cambiantes de las personas, posibilitando su personalización, interacción y participación a lo largo de la vida” (p. 33). Su concepción puede articularse con la idea de gradualidad como variable de relación contextual dinámica.
Por otra parte, Henao (2015, p.1) involucra el concepto de permeabilidad con la noción de movilidad entre escalas y plantea que “la permeabilidad es uno de los elementos de la urbanidad material que constituye una respuesta espacial equivalente a movimiento y representa secuencias espaciales dinámicas y articuladas”. Se concierta con la perspectiva que pondera el movimiento secuencial, al que también describe Gehl.
Respecto de la condición de permeabilidad, Mesa y Mesa (2013) refieren a que puede definirse como una “cualidad geométrica, material y urbana” (p. 1). Asimismo, con una posición en la que se la considera condición conectiva y dialéctica, Giuliana (2014, párr. 1) define a la arquitectura permeable de la siguiente manera:
La arquitectura permeable, es la que cuenta con un estilo puramente relacional, donde se establecen conexiones entre lo privado y lo público, el espacio interior y su entorno con el fin de otorgar conectividad, tanto física como visual, sonora y sensorial; permitiendo la penetrabilidad de la luz, el flujo peatonal, la unificación de espacios, la convergencia y la flexibilidad. Y, es de este modo, a través de dichas relaciones, cómo podemos afirmar que tanto la materialidad como el diseño tienen un rol muy importante en el campo arquitectónico, ya que es a través de ellos cómo los edificios brindan una sensación o un mensaje específico a la comunidad, al igual que cómo lo hacemos los seres humanos con nuestros gestos y miradas.
La correspondencia en este caso remite a las conexiones, a las penetraciones o a los traspasos que la condición permeable beneficia.
En relación a los filtros, Fogué (2013, párr. 3), desde su visión sistémica, plantea que “la arquitectura, bajo una perspectiva ecosistémica, no puede ser otra cosa que un nodo en esa maraña de relaciones, un filtro mediante el que se gestionan las interacciones. Por eso, una de sus cualidades fundamentales será la permeabilidad”. Añade que, en relación con la permeabilidad, se presentan conceptos claves como absorbencia, penetrabilidad, flexibilidad, disponibilidad, intercambio, circularidad, convergencia.
Estas nociones se caracterizan por un cierto grado de imprecisión y vaguedad, que Varas (2014) pondera del siguiente modo, cuando refiere a la superposición como aspecto inherente a la definición de envolventes que posibilitan la transformación de espacios en relación a las condiciones temporales. Así, propone una “superposición sincopada de capas” (p. 81). Por otro lado, aborda la posibilidad de: “generar efectos deliberados de tal modo que se produzca un cierto grado de ambigüedad” (p. 82). Fogué (2013, párr. 3) aporta, a modo de reflexión, la idea de que es necesario abordar un “sistema poroso que se deje afectar pero que, a la vez, genere afectos y efectos”. En ese sentido, que plantea la porosidad, hay coincidencia argumental con el trabajo de investigación en curso.
5. Conclusiones
El trabajo desplegado avanza en categorizaciones que pretenden contribuir al conocimiento proyectual en términos conceptuales, y aportar a la generación de narrativas coherentes con los contextos de producción arquitectónica de la vivienda colectiva concretamente. Esto se hace con intención de asistir durante la concreción de procesos proyectuales coherentes con sus contextos generativos.
Se concluye que la gradualidad y la permeabilidad son atributos de vinculación o “vinculares” entre el espacio doméstico, el espacio común de las viviendas colectivas y el espacio público urbano. En esto inciden directamente las circunstancias físicas y materiales; entre ellas están el emplazamiento, determinante de circunstancias simbólicas y culturales, lo que circunscribe tradiciones y costumbres relativas al habitar individual y colectivo.
Al respecto de las mencionadas circunstancias, Pradilla (1983) enuncia que la habitabilidad está determinada por la capacidad del medio construido para ofrecer condiciones físicas necesarias para habitar en corresponsabilidad con el contexto sociocultural y territorial (p.79-87). Esto implica que el abordaje de la vivienda colectiva debe trascender la función de alojamiento, y aportar a la calidad de vida, la identidad y el bienestar social. Esto viabiliza que acontezca “habitabilidad”.
Lo expuesto se concibe en correlato con el hecho de que la vivienda debe ser generada en coyuntura con la provisión de servicios esenciales de educación, salud y transporte, aspectos integrales de la habitabilidad. En lo inherente a la vivienda colectiva, como cuestión específica, se pondera la presencia del espacio común como ámbito de interacción, vinculado con instancias graduales de articulación. Como expresa Montaner (2014), considerar el aspecto relacional del espacio común “reclama que este propicie el encuentro libre entre los seres humanos y que sea un lugar de paso seguro, no discriminatorio y accesible” (p.102).
A partir de lo expuesto, se entiende a las transiciones como instancias entre espacios que presentan distintas condiciones en lo relativo a niveles de privacidad, y que deben ser abordadas con el miramiento que ameritan, para que habiliten “paso” o devengan en barreras, según requerimientos distintivos de cada conjunto habitacional.
En ese marco, la permeabilidad se define en términos materiales de barreras físicas o de ordenación secuencial, ya que la condición permeable puede ser instaurada a través de límites o de niveles de interconexión espacial. La condición permeable requiere miradas propositivas que evidencien sensibilidad y compromiso respecto a la interpretación de las articulaciones requeridas entre el habitar privado y el habitar público. Cabe entonces que emerjan interrogantes como: ¿qué merece pasar? ¿de qué modo será adecuado que se generen las condiciones de permeabilidad? ¿cómo el proyecto de espacios habitables contribuye a que esos pasos acontezcan del mejor modo posible? Las respuestas a las interrogantes planteadas no son genéricas, sino que devienen del análisis profundo de cada realidad contextual y de los requerimientos de quienes habitan.
En cuanto a la gradualidad como condición particular, cada espacio puede ser diseñado para que suceda la habitabilidad, desde el espacio público hasta el ámbito privado que constituye cada célula. En este sentido, la gradualidad expone la narrativa del proyecto a partir del recorrido espacial. Macías-Ángeles y Méndez-Ramírez (2025) aportan la noción de interfaz y exponen:
El habitar es el vivir, sentir, significar y percibir lo esencial de lo habitable, a escala individual y en comunidad dentro de una cultura en el tiempo, reconocible en lo cotidiano del vivir ético con el otro y lo otro, reflexión que argumenta el estrecho vínculo con la habitabilidad y el diseño urbano, siendo el habitar la interfaz entre sujeto-objeto-medio ambiente-cultura-entorno. (p. 36)
La concepción de espacios comunes afines para el encuentro intersubjetivo puede aportar a la calidad de vida, del mismo modo que las secuencias espaciales de desarrollo horizontal y vertical pueden favorecer la convivencia armónica, si se plantean de modo coherente con los requerimientos de conexión y segregación. La moderación entre espacios cubiertos, semicubiertos y descubiertos puede equilibrar el habitar colectivo, al propiciar la convivencia de prácticas sociales diversas. Como argumenta Montaner (2014): “Se niega la pretensión de universalidad por ser impositiva de los modos de pensamiento, y de vida de unos sobre otros, se reivindica al “otro”” (pp. 86-87). En ese diálogo nutricio, la gradualidad y la permeabilidad son convocadas a participar activamente como condiciones plausibles para la proyectación de viviendas colectivas.
Declaración de conflicto de intereses: Las autoras declaran no tener conflictos de interés.
Declaración de contribución de las autoras: A continuación, se menciona las contribuciones de las autoras, en correspondencia con su participación, mediante la Taxonomía Crédit:
La adquisición de fondos y recursos corresponde a un financiamiento de UCC.
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