INCERTIDUMBRE ESTRUCTURAL Y PERSISTENCIA FATIGADA:

NARRATOLOGÍA COGNITIVA Y AFECTO NEGATIVO EN LA

FICCIÓN BREVE DE LUIS AGUILAR MONSALVE


Structural Uncertainty and Fatigued Persistence: Cognitive Narratology and

Negative Affect in the Short Fiction of Luis Aguilar Monsalve



Manuel Fernando Medina, Universidad de Louisville (USA)

(manuel.medina@louisville.edu) (https://orcid.org/0000-0001-9618-3822)



Resumen

Este artículo analiza la experiencia de lectura que produce la narrativa breve de Luis Aguilar Monsalve en el volumen Alcantarillas (2024), a partir de un corpus de siete cuentos: “En el otro rostro del tiempo”, “En el trajín del tiempo”, “Un atardecer difuso”, “Remembranzas”, “El hombre de la capa”, “Un rostro de espanto” y “Una mujer en el puente”. Desde un enfoque narratológico postclásico, que integra la narratología cognitiva encarnada (Caracciolo & Kukkonen, 2021) y la teoría del afecto (Ngai, 2005), el estudio examina cómo tres dispositivos narrativos —temporalidad inestable, percepción ambigua y memoria no verificable— convergen para producir una incertidumbre estructural que reorganiza la experiencia de lectura. El análisis demuestra que los textos ejecutan un diseño de probabilidades (probability design) que orienta sistemáticamente las predicciones del lector hacia resoluciones que el relato deflacta, interrumpe o cancela, y que el bloqueo resultante del modelo situacional (situation model) activa un estado afectivo específico: la stuplimity ngaiana, definida como la tensión irresoluble entre asombro y agotamiento. Se concluye que la indeterminación en estos textos opera como un campo de restricciones que define un modo de lectura caracterizado por la persistencia fatigada del sentido.


Abstract

This article analyzes the reading experience produced by Luis Aguilar Monsalve’s short fiction in the volume Alcantarillas (2024), based on a corpus of seven short stories: “En el otro rostro del tiempo,” “En el trajín del tiempo,” “Un atardecer difuso,” “Remembranzas,” “El hombre de la capa,” “Un rostro de espanto,” and “Una mujer en el puente.” From a postclassical narratological approach that integrates embodied cognitive narratology (Caracciolo & Kukkonen, 2021) and affect theory (Ngai, 2005), the study examines how three narrative devices—unstable temporality, ambiguous perception, and unverifiable memory—converge to produce a structural uncertainty that reorganizes the reading experience. The analysis shows that the texts enact a probability design that systematically directs the reader’s predictions toward resolutions that the narrative deflates, interrupts, or cancels, and that the resulting blockage of the situation model activates a specific affective state: Ngai’s stuplimity, defined as the irresolvable tension between astonishment and exhaustion. It is concluded that indeterminacy in these texts operates as a field of constraints that defines a mode of reading characterized by the fatigued persistence of meaning.





Palabras clave

Narrativa ecuatoriana; indeterminación narrativa; afecto negativo; stuplimity; narratología cognitiva; Aguilar Monsalve.


Keywords

Ecuadorian narrative; narrative indeterminacy; negative affect; stuplimity; cognitive narratology; Aguilar Monsalve.





Artículo recibido: 28-mar-26. Artículo aceptado: 22-may-26.

DOI: 10.33324/uv.vi88.1157 Páginas: 14-29






1.

Introducción


La narrativa breve ecuatoriana ha consolidado, a lo largo de los siglos XX y XXI, un campo de producción literaria diverso y dinámico. En este contexto, la obra de Luis Aguilar Monsalve genera una experiencia de lectura marcada por la incertidumbre, la ambigüedad y la inestabilidad del sentido. La crítica ha abordado esta narrativa desde diversas perspectivas. El volumen colectivo editado por Tarco Carrera (2016) reúne aproximaciones que identifican como rasgos centrales de la obra los finales impredecibles, los espacios ambiguos, la metaficción y lo que Eguiguren de Ponce (2016) denomina una “realidad irreal” que engancha al lector de principio a fin; Machín Lucas (2016) examina el irracionalismo y la autorreferencialidad en un cuento específico; Castaño (2016) analiza la relación intertextual con Borges; y Rogers (2016) caracteriza el mundo narrativo del autor como post-cosmopolita, centrado en el descubrimiento de “una subjetividad arrinconada por una dinámica social, muchas veces opresiva” (p. 159). Por su parte, Medina (2016) analiza los mecanismos mediante los cuales la ficción de Aguilar Monsalve activa el deseo narrativo del lector y lo orienta hacia la coherencia final del relato, y Medina (2020) examina la construcción del espacio urbano a partir de la noción baudrillardiana de simulacro. Sin embargo, estos acercamientos privilegian una lectura orientada hacia la resolución —ya sea formal, intertextual o semiótica— y conciben la indeterminación, cuando la abordan, como una propiedad textual que el lector está llamado a estabilizar. El presente estudio desplaza ese supuesto: en el corpus analizado, la indeterminación persiste como condición estructural que reorganiza la experiencia cognitiva y afectiva de la lectura.

Este artículo parte de la premisa de que dichos enfoques resultan insuficientes para dar cuenta de la complejidad de la experiencia de lectura que la narrativa de Aguilar Monsalve propone. Las aproximaciones derivadas de la teoría clásica de la recepción han conceptualizado la indeterminación como la presencia de vacíos o aperturas que el lector puede completar, lo que presupone, en última instancia, la posibilidad de una estabilización del sentido. No obstante, en los textos aquí analizados, la indeterminación persiste como una condición estructural que reconfigura tanto los procesos cognitivos como la experiencia afectiva del lector. Más que enfrentarse a un texto “abierto” en el sentido tradicional, el lector se ve obligado a operar en un entorno de incertidumbre sostenida, en el que la inferencia no garantiza ni la coherencia ni el cierre. Este trabajo desplaza el análisis desde la representación hacia los procesos de lectura —operaciones cognitivas y afectivas activadas en la interacción con el texto— y examina la narrativa de Aguilar Monsalve como un dispositivo que organiza la experiencia de lectura, en torno a la incertidumbre. El corpus seleccionado —siete cuentos del volumen Alcantarillas (2024)— presenta recurrencias que hacen posible esta aproximación: la temporalidad aparece como un eje inestable que impide reconstruir una secuencia coherente; la percepción se configura como un proceso ambiguo que no garantiza el conocimiento de los hechos; y la memoria funciona como un mecanismo de reconstrucción, que introduce nuevas capas de incertidumbre. Estos tres niveles convergen para producir una experiencia de lectura caracterizada por la imposibilidad de fijar un sentido definitivo.



2.

Métodos


El presente estudio adopta un enfoque cualitativo basado en el análisis narratológico postclásico, orientado a las operaciones cognitivas y afectivas que el lector despliega al enfrentarse a narrativas caracterizadas por la indeterminación. El corpus está conformado por siete cuentos de Luis Aguilar Monsalve: “En el otro rostro del tiempo”, “En el trajín del tiempo”, “Un atardecer difuso”, “Remembranzas”, “El hombre de la capa”, “Un rostro de espanto” y “Una mujer en el puente”. La selección responde a criterios específicos de recurrencia y pertinencia analítica. Se eligieron aquellos textos en los que se observa, de manera consistente, la presencia de estructuras narrativas que dificultan la estabilización del sentido, ya sea mediante la dislocación temporal, la ambigüedad perceptiva o la reconstrucción problemática de la memoria. Este criterio permite trabajar con un corpus homogéneo en cuanto a sus operaciones narrativas, lo que facilita la comparación y el análisis transversal.

El procedimiento analítico se organiza en torno a tres ejes principales: temporalidad, percepción y memoria. En el primer caso, se examinan los mecanismos mediante los cuales los textos interrumpen o desestabilizan la secuencia temporal, impidiendo al lector reconstruir una cronología coherente de los acontecimientos. En el segundo, se analizan las formas en que la percepción de los personajes y del narrador introduce ambigüedad en la identificación de los hechos, lo que genera dudas sobre la veracidad o la fiabilidad de la información presentada. En el tercero se estudia el papel de la memoria, como dispositivo narrativo que reconfigura el pasado y contribuye a la producción de múltiples versiones de los acontecimientos.



3.

Marco teórico


Las aproximaciones clásicas a la indeterminación narrativa han tendido a conceptualizarla como una propiedad textual asociada a la apertura del significado o a la presencia de vacíos que el lector debe completar. En este marco, el acto de lectura se concibe como un proceso orientado a la resolución, en el que la interpretación progresa desde la ambigüedad inicial hacia una coherencia final. Sin embargo, esta concepción resulta limitada para abordar textos en los que la indeterminación persiste como condición estructural que afecta, de manera sostenida, la experiencia de lectura, sin tender hacia resolución alguna. Los modelos estructurales de la narración han privilegiado la organización del relato como un sistema de relaciones formales relativamente estables (Genette, 1980; Fludernik, 1996), lo que dificulta explicar textos en los que la inestabilidad constituye el principio organizador de la experiencia narrativa.

La noción de deseo narrativo propuesta por Brooks (1984) resulta central: la lectura se organiza en torno a una dinámica de anticipación y cumplimiento, en la que los elementos del relato se interpretan como promesas de coherencia futura (Herman, 2002; Ryan, 2001). En los textos analizados, sin embargo, dicha expectativa no se cumple: los relatos activan el deseo de coherencia y, simultáneamente, lo frustran, al sostener múltiples posibilidades interpretativas sin conducir a una síntesis estable. Para dar cuenta de este fenómeno, se recurre a la narratología postclásica, en particular a los enfoques que conciben la lectura como actividad cognitiva situada. Desde esta perspectiva, la comprensión narrativa implica procesos de inferencia, mediante los cuales el lector construye modelos mentales, evalúa interpretaciones y reorganiza la información disponible (Caracciolo, 2014, 2022a, 2022b; Kukkonen, 2021). En este marco, la indeterminación narrativa exige del lector un esfuerzo continuo de evaluación sin garantías de resolución, lo que configura la lectura como un proceso de inferencia bajo incertidumbre (Herman, 2013; Caracciolo & Kukkonen, 2021).

Este componente cognitivo se encuentra estrechamente vinculado a una dimensión afectiva ya explorada en la teoría del afecto. En particular, Ngai (2005) ha propuesto la noción de ugly feelings para describir estados afectivos caracterizados por la ambivalencia, la frustración y la suspensión, que no conducen a una resolución catártica. A diferencia de las emociones intensas asociadas a la culminación narrativa, estos afectos se sostienen en el tiempo y reflejan una experiencia de bloqueo o de imposibilidad de actuar. Los ugly feelings trascienden el estado psicológico simple: funcionan como condensaciones que articulan, simultáneamente, dimensiones formales, ideológicas y sociohistóricas en una sola experiencia. Como señala Ngai, constituyen “signs that not only render visible different registers of problem (formal, ideological, sociohistorical) but conjoin these problems in a distinctive manner” (2005, p. 3; “signos que no solo vuelven visibles distintos registros del problema [formal, ideológico, sociohistórico] sino que los conjuntan de manera distintiva”). Esta capacidad de condensar múltiples dimensiones del problema en un único estado afectivo resulta particularmente relevante para el análisis de textos en los que la indeterminación opera a nivel estructural antes que temático. Los afectos negativos simultáneamente impulsan la acción, y la suspenden: Ngai los distingue de otras emociones precisamente porque indexan “a general state of obstructed agency” (2005, p. 3; “un estado general de agencia obstruida”), condición que, trasladada al análisis narrativo, describe con precisión la situación del lector que busca construir sentido sin disponer de los criterios necesarios para validarlo.

Dentro de los afectos examinados por Ngai, la noción de stuplimity —amalgama de estupefacción (stupefaction) y sublimidad (sublimity)— describe una experiencia estética en la que el asombro y el tedio se producen simultáneamente, sin que ninguno de los dos llegue a superarse, y en la que la tensión entre ambos se sostiene indefinidamente en lugar de resolverse. A diferencia del sublime kantiano, que convierte la inicial sensación de limitación en una afirmación eufórica de la superioridad racional del sujeto, la stuplimity no ofrece trascendencia ni catarsis: es, como precisa Ngai, “a concatenation of boredom and astonishment—a bringing together of what ‘dulls’ and what ‘irritates’ or agitates; of sharp, sudden excitation and prolonged desensitization, exhaustion, or fatigue” (2005, p. 270; “una concatenación de aburrimiento y asombro—una conjunción de lo que ‘amortigua’ y lo que ‘irrita’ o agita; de excitación aguda y súbita y de desensibilización prolongada, agotamiento o fatiga”). Esta tensión no se resuelve en favor de ninguno de los dos afectos: lejos de imitar la estructura competitiva del sublime kantiano, la stuplimity “is a tension that holds opposing affects together” (2005, p. 270; “es una tensión que mantiene unidos afectos opuestos”). El encuentro con objetos estéticos que la activan opera por acumulación de desgastes menores antes que por un golpe único y devastador a la imaginación: “fatigues or minor exhaustions, rather than a single, major blow to the imagination” (Ngai, 2005, p. 272; “fatigas o agotamientos menores, más que un golpe único y mayor a la imaginación”), lo que obliga al lector a continuar a pesar de la tentación de abandonar. Aplicada a la narrativa, la stuplimity permite dar cuenta de una experiencia de lectura en la que la expectativa de resolución se mantiene activa, sin llegar a satisfacerse, lo que produce una forma específica de implicación afectiva que no es ni indiferencia ni identificación, sino persistencia fatigada. Algunos desarrollos más recientes han profundizado en esta relación entre afecto y experiencia estética, subrayando formas de implicación que derivan en estados de apego problemáticos o incompletos, resistentes, tanto a la identificación como al cierre (Berlant, 2011; Felski, 2020). En el marco de la crítica literaria contemporánea, esta orientación se inscribe en lo que Demeyer y Vitse (2026) denominan “dominante afectiva”: el desplazamiento, observable en la ficción de las últimas décadas, desde las preguntas epistemológicas y ontológicas propias del postmodernismo hacia un primer plano de cuestiones de naturaleza afectiva (p. 1), cuya pregunta central se desplaza de “¿qué es la realidad?” a “¿cómo puedo sentir la realidad?” (p. 8).

Aplicada al análisis narrativo, esta perspectiva permite comprender la frustración del cierre como un componente central de la experiencia de lectura, y no solo como un efecto secundario de la indeterminación. Al impedir la estabilización del sentido, los textos generan una forma de implicación afectiva en la que el lector permanece en un estado de incertidumbre sostenida. La expectativa de coherencia, activada al inicio del proceso de lectura, no desaparece ni se satisface, lo que genera una tensión constante entre la anticipación y la suspensión. En este punto, la narrativa deja de ofrecer una resolución y se convierte en un espacio de persistencia de la indeterminación. Esta condición se articula, además, con la propuesta de Caracciolo y Kukkonen (2021), quienes, desde la narratología cognitiva encarnada, examinan cómo los textos diseñan probabilidades de lectura y frustran o confirman las predicciones del lector. Su concepto de probability design describe la manera en que la narrativa organiza la distribución de la información, de modo que el lector formule hipótesis sobre el desarrollo probable de los acontecimientos; cuando esas hipótesis se desmienten, se produce lo que los autores denominan un prediction error, que conduce a la suspensión, revisión y corrección del modelo interpretativo. En términos complementarios, la noción de situation model —el modelo mental que el lector construye para representar el mundo narrativo— permite identificar los momentos en que dicho modelo no puede consolidarse, es decir, cuando el thickening, o enriquecimiento progresivo de la representación, se ve bloqueado. En los textos de Aguilar Monsalve, este bloqueo adopta un carácter estructural, no puntual: el situation model se inicia, pero no se estabiliza, lo que convierte la lectura en un proceso de construcción perpetuamente interrumpido. Estos aportes reformulan la indeterminación narrativa como un proceso que articula dimensiones cognitivas, afectivas y epistemológicas y organiza la experiencia de lectura en torno a la inferencia y la suspensión del cierre.



4.

Resultados y discusión


Bloque 1. La temporalidad como desestabilización cognitiva


En el corpus analizado, la temporalidad funciona como un mecanismo que desestabiliza la posibilidad misma de construir una secuencia coherente de acontecimientos. Donde los modelos narrativos tradicionales articulan el tiempo como una progresión causal y continua (Genette, 1980; Ricoeur, 1984), los relatos de Aguilar Monsalve interrumpen, superponen o difuminan las coordenadas temporales, obligando al lector a reconstruir una cronología que no llega a estabilizarse. Esta inestabilidad puede comprenderse, en términos de la narratología no natural, como una forma de temporalidad antimimética: las progresiones antinómicas que invierten la causalidad o hacen avanzar al personaje hacia el pasado “will always be obviously impossible and therefore unnatural” (Alber & Richardson, 2020, p. 3; “serán siempre evidentemente imposibles y, por tanto, no naturales”), lo que equivale a decir que constituyen una anomalía local y un principio estructural que reorganiza la experiencia de lectura.

Este fenómeno se hace particularmente evidente en cuentos como “En el otro rostro del tiempo”, “En el trajín del tiempo” y “Un atardecer difuso”, donde la temporalidad se presenta como un campo inestable en el que los límites entre pasado, presente y proyección imaginaria se vuelven porosos. En lugar de ofrecer una secuencia claramente delimitada, los textos introducen desplazamientos que impiden determinar, con precisión, el orden de los eventos o sus relaciones causales. Como resultado, el lector no puede apoyarse en una progresión temporal fiable para organizar la información narrativa, lo que convierte la lectura en un proceso de reconstrucción continua. Desde la perspectiva de la narratología cognitiva, esta inestabilidad activa procesos de inferencia en los que las hipótesis interpretativas deben revisarse ante la aparición constante de nuevas ambigüedades (Caracciolo, 2014; Kukkonen, 2021). Esta condición temporal alterada produce, además, lo que Demeyer y Vitse (2026) describen como “desplazamiento afectivo” en los personajes: “This disturbed temporality creates an affective displacement in the main characters — a removal from the unfolding of their own life narratives” (p. 98; “esta temporalidad perturbada produce un desplazamiento afectivo en los personajes: una distancia respecto al despliegue de sus propias narrativas vitales”), condición que describe, con precisión, la situación de los narradores del corpus, atrapados en una cronología que no puede organizarse ni proyectarse hacia el cierre.

La frustración de esta expectativa se manifiesta con particular nitidez en “En el otro rostro del tiempo”, donde el cierre narrativo adopta la forma de una enumeración abrupta que neutraliza toda la tensión acumulada a lo largo del relato:

Todo continuó con normalidad. La graduación llegó y pasó. Mareen y yo nos hicimos buenos amigos. Mi madre y el banquero siguieron con sus visitas, cada vez menos habituales. Miosotis estaba más lenta. Me alisté en la marina. (Aguilar Monsalve, 2024, p. 23)

La acumulación paratáctica de eventos —amorosos, domésticos, biográficos— en una sola cadena, sin jerarquía ni modulación afectiva, produce una deflación que suspende al lector entre el asombro y el tedio sin permitirle instalarse en ninguno de los dos. Es el mecanismo que Ngai (2005) denomina stuplimity: “a concatenation of boredom and astonishment—a bringing together of what ‘dulls’ and what ‘irritates’ or agitates; of sharp, sudden excitation and prolonged desensitization, exhaustion, or fatigue” (p. 270; “una concatenación de aburrimiento y asombro—una conjunción de lo que ‘amortigua’ y lo que ‘irrita’ o agita; de excitación aguda y súbita y de desensibilización prolongada, agotamiento o fatiga”). El lector, que ha seguido con expectativa la trama amorosa y la negociación identitaria del narrador, se enfrenta a un desenlace que disuelve en lugar de resolver: los eventos se equiparan en peso y se suceden sin que ninguno merezca más atención que el anterior. Esta deflación estructural constituye, en términos de Caracciolo y Kukkonen (2021), un prediction error de máxima intensidad: el probability design del texto ha orientado al lector hacia una resolución que el cierre rehúsa ofrecer. El situation model construido a lo largo de la lectura —con sus personajes, sus tensiones, sus promesas de desarrollo— se interrumpe en el preciso momento en que el lector está a punto de consolidarlo, como si el texto retirara el andamiaje interpretativo justo cuando el lector lo está a punto de consolidar.

La frustración de esta expectativa constituye un efecto estructural del texto, no una deficiencia. En “En el trajín del tiempo”, este mecanismo opera a nivel de apertura y cierre simultáneos: el cuento comienza con una inquietud sin objeto —”Me desperté con la preocupación de no saber qué era lo que me inquietaba” (Aguilar Monsalve, 2024, p. 191)— y concluye con el mismo estado, sin que la narración haya producido ninguna resolución de esa apertura. La circularidad cumple una función estructural: el situation model al final del cuento es idéntico al del inicio, lo que equivale a una anulación retrospectiva del proceso narrativo. El resultado adopta la forma de una apertura que persiste sin transformarse, un estado en el que ninguna emoción individualizada logra articularse. Ngai (2005) denomina esta condición “open feeling”: “an indeterminate affective state that lacks the punctuating ‘point’ of an individuated emotion” (p. 284; “un estado afectivo indeterminado que carece del ‘punto’ articulador de una emoción individualizada”). En lugar de conducir a una resolución, la narrativa sostiene un estado de suspensión en el que las relaciones temporales permanecen abiertas, lo que produce una forma de implicación en la que el lector se mantiene en una tensión constante, entre la búsqueda de orden y la evidencia de su imposibilidad.

Los cuentos analizados demuestran que la temporalidad en la narrativa de Aguilar Monsalve desborda la función de recurso formal para convertirse en un dispositivo que reorganiza el proceso de lectura. Al impedir la estabilización de una secuencia coherente, los textos obligan al lector a operar en un entorno de incertidumbre en el que la inferencia conduce a una revisión constante de las posibilidades interpretativas en vez de al cierre. La temporalidad opera como mecanismo central en la producción de una experiencia narrativa caracterizada por la suspensión del sentido y la imposibilidad de una resolución definitiva.



Bloque 2. La percepción como inestabilidad de la evidencia


En el segundo eje del análisis, la percepción se configura como un dispositivo central en la producción de la incertidumbre narrativa. Frente a los modelos tradicionales en los que la percepción ofrece acceso fiable a los acontecimientos, en los relatos de Aguilar Monsalve la experiencia perceptiva no garantiza conocimiento, sino que introduce ambigüedad, distorsión y multiplicidad interpretativa. La percepción abandona su función de apoyo a la comprensión y se convierte en una fuente adicional de inestabilidad, que obliga al lector a evaluar constantemente la plausibilidad de lo presentado como observado.

Este fenómeno se articula de manera particularmente evidente en cuentos como “El hombre de la capa”, “Un rostro de espanto” y “Una mujer en el puente”, donde las figuras que estructuran la experiencia narrativa aparecen mediadas por condiciones perceptivas que impiden su identificación definitiva. En estos relatos, los personajes se construyen como presencias parciales, ambiguas o inestables, cuya interpretación depende de indicios fragmentarios. La percepción, en lugar de esclarecer, oscurece; en lugar de confirmar, abre nuevas posibilidades de duda.

La relación entre percepción e incertidumbre se articula, además, con la noción de deseo narrativo propuesta por Brooks (1984). En los relatos analizados, la aparición de figuras ambiguas activa la expectativa de que su identidad o función será esclarecida a lo largo de la narración. Sin embargo, esta expectativa se ve sistemáticamente frustrada. El caso más extremo del corpus lo representa el cierre de “Un atardecer difuso”, donde la ambigüedad perceptiva se condensa en una inversión de identidades que el texto no explica:

La señora visiblemente intranquila los llevó al taller de su marido, donde se encontraba tranquilo, recostado sobre una butaca. En la camilla, cuando salía, le dio un beso en la frente. Él respondió con una sonrisa fútil. Tomó su abrigo cubriendo su vestido color rosa pastel. (Aguilar Monsalve, 2024, p. 29)

Los pronombres intercambian sus referentes sin advertencia: quien ingresa en camilla y quien permanece recostado invierten los roles que el texto había establecido, y el vestido rosa pastel —detalle que el narrador había asociado previamente al cuadro encontrado en la casa— reaparece sin aclaración. El situation model construido por el lector colapsa en el momento de mayor necesidad de consolidación. En términos de Caracciolo y Kukkonen (2021), este colapso constituye un caso extremo de thickening frustrado: el modelo mental se deshace en lugar de enriquecerse, lo que obliga a una relectura que tampoco garantiza la resolución. La distancia que el texto impone opera como un efecto afectivo, no como indiferencia: la implicación del lector se intensifica precisamente porque no puede desimplicarse. El tono afectivo opera, como precisa Ngai (2005), como “an affective relay between subject and object in which feeling paradoxically produces a ‘beyondness’ rather than nearness or immediacy” (p. 87; “un relay afectivo entre sujeto y objeto, en el que el sentimiento produce paradójicamente una ‘lejanía’ en lugar de cercanía o inmediatez”). En “Un rostro de espanto”, la percepción ambigua adopta su forma más violenta: el narrador, al contemplar el calendario, experimenta una dislocación generada por la operación misma de percibir, con independencia de cualquier acontecimiento externo:

“Al examinar de pie el año, me asusté como nunca, porque en segundos hice cálculos ligeros que me perjudicaban, porque la vida acelera, no descansa, no se inmuta, sigue y no se termina”. (Aguilar Monsalve, 2024, p. 62)

La desproporción entre el estímulo —mirar un calendario— y la respuesta —terror existencial— produce desgastes menores acumulados antes que un golpe devastador a la capacidad interpretativa, impidiendo, tanto el abandono como la asimilación. La stuplimity opera precisamente así: “Inducing a series of fatigues or minor exhaustions, rather than a single, major blow to the imagination, stuplimity paradoxically forces the reader to go on in spite of its equal enticement to readers give up” (Ngai, 2005, p. 272; “Al inducir una serie de fatigas o agotamientos menores, más que un único y mayor golpe a la imaginación, la stuplimity paradójicamente obliga al lector a continuar a pesar de su igual tentación de abandonar”). El narrador no puede detenerse ante lo que percibe ni asimilarlo: la respuesta afectiva excede la capacidad de procesamiento cognitivo, lo que produce una experiencia de lectura en la que el prediction error deriva en la fractura del modelo antes que en su corrección. El cuento culmina con el espejo roto —”el destello se transformó en mil pedazos, en una multitud de refracciones de mi persona trizada” (Aguilar Monsalve, 2024, p. 63)— imagen que formaliza plásticamente la fragmentación del situation model: no hay una imagen del yo, sino mil reflejos incompatibles que no pueden integrarse en una representación coherente. La problemática de la percepción se conecta con un marco epistemológico más amplio. En “Una mujer en el puente”, la percepción opera como un relay unilateral: el relojero produce discurso, la mujer produce silencio, y el afecto queda suspendido y no circula entre ambos. Cuando finalmente se produce un cambio, su escala mínima resulta significativa: “consiguió que cambiase de postura, que le prodigara una mirada helada, inerte, para luego bajar la cabeza y abandonar el lugar con suma lentitud” (Aguilar Monsalve, 2024, p. 96). El “éxito” de la comunicación es perceptible, casi imperceptible: una mirada helada, un gesto de cabeza, una retirada lenta. En términos de Caracciolo y Kukkonen (2021), el probability design del texto ha orientado al lector hacia una conexión afectiva que el relato deflacta a su mínima expresión. La frialdad de la mirada revela la presencia del afecto en forma de distancia: el lector percibe la conexión precisamente a través de su negación. El distanciamiento lo produce el propio afecto; como precisa Ngai (2005), “it is not only that in aesthetic engagement we become disconnected from feelings associated with practical aims [...] but that it is a feeling itself that does the work of this distancing” (p. 87; “no es solo que en el compromiso estético nos desconectemos de sentimientos asociados a fines prácticos [...] sino que es un sentimiento en sí mismo el que realiza el trabajo de ese distanciamiento”).

En este contexto, la percepción deja de ser un elemento secundario del relato, para convertirse en un componente estructural de la indeterminación narrativa. Al presentar figuras que no pueden identificarse plenamente, los textos obligan al lector a confrontar los límites de su capacidad de interpretación. La ambigüedad perceptiva define la experiencia de lectura como una condición estructural. En lugar de conducir a una clarificación progresiva, la percepción mantiene abiertas múltiples posibilidades que no pueden resolverse de manera definitiva.

La percepción en la narrativa de Aguilar Monsalve genera incertidumbre, en lugar de garantizar el acceso al conocimiento. Al desestabilizar la relación entre lo percibido y lo interpretado, los textos obligan al lector a operar en un entorno en el que la evidencia es siempre provisional. La percepción se integra al conjunto de dispositivos narrativos que reorganizan la experiencia de lectura en torno a la inferencia, la evaluación de la plausibilidad y la imposibilidad de cierre.



Bloque 3. La memoria como imposibilidad de fijar el pasado


En el tercer eje del análisis, la memoria se configura como un dispositivo narrativo que introduce nuevas capas de indeterminación en la experiencia de lectura. Lejos de las concepciones tradicionales en las que el recuerdo garantiza el acceso retrospectivo a los acontecimientos, en los relatos de Aguilar Monsalve, la memoria opera como un proceso de reconstrucción que desestabiliza la relación entre pasado, presente e interpretación. El pasado funciona como un campo móvil cuya configuración depende de operaciones narrativas y cognitivas, siempre susceptibles de variación.

Este fenómeno se articula, de manera central, en “Remembranzas”, donde la evocación del pasado multiplica versiones posibles sin producir claridad: el recuerdo aparece mediado por la subjetividad y la fragmentación, sin un criterio definitivo de validación. En términos cognitivos, la memoria puede entenderse como un proceso activo de reconstrucción más que como una reproducción fiel de los hechos. Tal como plantean los enfoques contemporáneos de la narratología cognitiva, la comprensión narrativa implica la elaboración de modelos mentales que integran información presente y pasada, pero estos modelos están sujetos a revisión constante, cuando la información disponible resulta incompleta o contradictoria (Caracciolo, 2014, 2022a; Herman, 2013). En el caso de “Remembranzas”, el lector se enfrenta a recuerdos que demandan una reinterpretación continua, sin consolidarse en una estructura coherente, a la luz de nuevas ambigüedades.

La relación entre memoria y deseo narrativo resulta particularmente significativa en “Remembranzas”, donde el retorno al pasado produce una multiplicación de capas temporales que se superponen sin integrarse, en vez de darnos claridad. El momento más preciso de esta condición ocurre cuando el narrador regresa al cortijo familiar:

Mis ojos comenzaron a indagar con minuciosidad; todo estaba como lo recordaba. Me llamó la atención que el piano negro de cola que tocaba mi abuela estaba algo descubierto. Me acerqué y lo acaricié; al hacerlo, me pareció que sus notas ejecutaron Für Elise, nuestra pieza favorita. (Aguilar Monsalve, 2024, p. 42)

El verbo “me pareció” funciona aquí como el operador decisivo: la música parece sonar sin sonar; el recuerdo simula recuperar sin recuperar. Siguiendo a Brooks (1984), la lectura se orienta a la búsqueda de una coherencia que permita integrar los distintos elementos del relato en una totalidad significativa. Sin embargo, en este texto la memoria prolonga ese deseo al introducir nuevas incertidumbres en lugar de satisfacerlo: cada intento de reconstruir el pasado abre la posibilidad de interpretaciones alternativas. Este mecanismo alcanza su formulación más explícita en el cierre del cuento, donde la acumulación de vidas —la del narrador, la de su hermano, la de su hermana— se condensa en una enumeración que recuerda estructuralmente al cierre de “En el otro rostro del tiempo”:

Mi hermano consiguió un trabajo permanente de mecánico en una compañía de ensamblaje de automóviles, se casó, se divorció y se volvió a casar; no tuvo descendencia. Murió cerca de cumplir los ochenta años. Mi hermana [...] murió muy poco después. (Aguilar Monsalve, 2024, p. 94)

La cadena paratáctica —casó, divorció, volvió a casar, murió— no produce ni emoción intensa ni indiferencia plana, sino una suspensión afectiva en la que el lector permanece implicado sin poder anclar su respuesta en ningún punto de modulación. Las vidas narradas no merecen, en la economía afectiva del texto, más espacio que los eventos menores; su peso específico se iguala al de cualquier otro dato. El lector, que espera una modulación afectiva proporcional a la gravedad de lo narrado, recibe, en cambio, una superficie plana que no ofrece un punto de anclaje para la interpretación.

Esta dinámica tiene también una dimensión afectiva que se articula con precisión en el momento de mayor intensidad emocional del cuento, que el texto resuelve mediante una operación de contención característica:

Se me inundaron los ojos de lágrimas [...] Me miré las manos y las sentí vacías. Di unos pasos sin destino fijo y recuperé en algo una tranquilidad postiza. (Aguilar Monsalve, 2024, p. 42)

La “tranquilidad postiza” resulta la formulación más precisa del corpus para describir el estado afectivo que Ngai (2005) analiza en relación con la stuplimity: el cierre se sustituye por un equivalente funcional que el texto mismo declara insuficiente con el adjetivo “postiza”. En términos de Caracciolo y Kukkonen (2021), el situation model del lector alcanza aquí únicamente una estabilización artificial: el modelo existe, pero el texto señala su insuficiencia desde dentro. Este gesto de autocuestionamiento del cierre distingue la narrativa de Aguilar Monsalve de aquellos relatos que simplemente omiten la resolución: aquí, la resolución se ofrece y, simultáneamente, se desmiente, lo que intensifica la experiencia de suspensión.

La inestabilidad de la memoria encuentra su expresión estructural más radical en el cierre de “Remembranzas”, que, con un despertar, cancela todo lo acumulado durante la narración: “Ahora, en este nuevo siglo… la alarma del reloj me despertó y me quedé sin saber qué era lo que me inquietaba” (Aguilar Monsalve, 2024, p. 94). El mismo gesto abre “En el trajín del tiempo” —”Me desperté con la preocupación de no saber qué era lo que me inquietaba” (Aguilar Monsalve, 2024, p. 191)—, lo que convierte la estructura de ambos cuentos en una variación del mismo principio: la memoria cancela lo acumulado y reinicia el ciclo. En términos de Caracciolo y Kukkonen (2021), este reinicio equivale a la anulación retrospectiva del situation model: todo lo construido durante la lectura queda suspendido por un despertar que no recuerda. La repetición del mismo estado inicial en dos cuentos distintos revela un patrón compositivo que el análisis transversal del corpus permite identificar. Como ha señalado Latour (2005), la construcción de sentido implica procesos de negociación en los que no siempre se puede establecer una verdad única o definitiva; en esta misma línea, Felski y Muecke (2020) han subrayado la dimensión relacional e interpretativa de dichos procesos en los estudios humanísticos: en los relatos analizados, esta condición se traduce en una memoria que expone la dificultad estructural de cualquier acto de recuperación.

La memoria se integra en el conjunto de dispositivos narrativos que reorganizan la experiencia de lectura en torno a la incertidumbre. Al impedir la fijación del pasado, los textos obligan al lector a operar en un entorno en el que la interpretación conduce a una proliferación de posibilidades, en lugar de una conclusión estable. La reconstrucción del pasado se convierte así en un proceso abierto, en el que cada nueva interpretación reconfigura el conjunto, sin llegar a estabilizarlo. La memoria en la narrativa de Aguilar Monsalve produce sentido en tensión: desestabiliza la relación entre pasado y relato, y convierte la lectura en un proceso de revisión constante, sin resolución definitiva.



Bloque 4. Convergencia: hacia una incertidumbre estructural


Los tres ejes desarrollados —temporalidad, percepción y memoria—convergen en la configuración de una estructura narrativa que no opera de manera independiente y reorganiza de manera decisiva la experiencia de lectura. Si cada uno de estos niveles introduce formas específicas de inestabilidad, su articulación produce un efecto acumulativo que impide la fijación del sentido en cualquier punto del proceso interpretativo. La imposibilidad de reconstruir una secuencia temporal coherente, de verificar la percepción de los acontecimientos o de estabilizar la memoria del pasado da lugar a una forma de incertidumbre que no puede resolverse mediante la acumulación de información. Se trata, más bien, de una incertidumbre estructural que define el modo en que el lector se relaciona con el texto.

En este contexto, la lectura deja de ser un proceso orientado a la clarificación progresiva del significado, para convertirse en una actividad sostenida de inferencia en condiciones de inestabilidad. Como han señalado los enfoques de la narratología cognitiva, la comprensión narrativa implica la construcción de modelos mentales mediante la integración de información dispersa, la formulación de hipótesis y la evaluación de su plausibilidad (Caracciolo, 2014, 2022a; Herman, 2013). Sin embargo, en los relatos analizados, estos procesos desembocan en la revisión constante del modelo interpretativo. Cada intento de organizar la información se ve afectado por nuevas ambigüedades que reconfiguran el conjunto, lo que obliga al lector a mantener abiertas simultáneamente múltiples posibilidades.

La convergencia de los tres ejes analizados intensifica esta dinámica. La inestabilidad temporal impide establecer relaciones claras de anterioridad y causalidad; la ambigüedad perceptiva dificulta la identificación de los elementos narrativos; y la memoria introduce versiones del pasado, que no pueden verificarse. Estos mecanismos eliminan los puntos de referencia que, en otros contextos narrativos, orientan la interpretación. El lector no dispone de una instancia que sirva como criterio definitivo de validación, lo que convierte la lectura en un proceso de evaluación continua sin resolución definitiva.

La convergencia de estos mecanismos transforma el deseo narrativo (Brooks, 1984) en una fuerza que sostiene la lectura sin conducirla al cierre: la expectativa de coherencia persiste activa, pero cada nueva inferencia se ve cuestionada por la imposibilidad de confirmar su validez. Este estado de provisionalidad articula dimensiones cognitivas y afectivas, y su manifestación más concentrada en el corpus se encuentra en “El hombre de la capa”, donde la estructura circular del relato formaliza con precisión la dinámica de la stuplimity. El cuento abre y cierra en la misma taberna, con la misma deuda impagada y la misma promesa diferida:

—Muy pronto saldaré mi cuenta. Esta vez no es solo una promesa. Y dígale al butacón que lo he usado, y que de cómodo no tiene ni una pisca. (Aguilar Monsalve, 2024, p. 169)

La repetición produce un reinicio en lugar de una progresión: el personaje que ha resuelto el misterio externo —la herencia, el testamento, el intento de envenenamiento— regresa al punto de origen con la misma deuda intacta. En términos de Caracciolo y Kukkonen (2021), el probability design del texto ha orientado al lector hacia una resolución global que el cierre convierte en resolución parcial: se resuelve la trama secundaria, se mantiene irresuelta la trama primaria. El lector experimenta simultáneamente la satisfacción de una resolución parcial y la frustración de una promesa incumplida, sin que ninguno de los dos estados llegue a predominar. Este desajuste no es accidental: mientras el sublime kantiano organiza una competencia entre afectos opuestos en la que uno termina por suplantar al otro, la stuplimity mantiene la tensión sin resolverla. Como precisa Ngai (2005), “while the Kantian sublime stages a competition between opposing affects, in which one eventually supersedes and replaces the other [...] stuplimity is a tension that holds opposing affects together” (p. 270; “mientras que lo sublime kantiano organiza una competencia entre afectos opuestos, en la que uno eventualmente supera y reemplaza al otro [...] la stuplimity es una tensión que mantiene unidos afectos opuestos”). Este fenómeno encuentra un paralelo preciso en el análisis que Punday (2020) realiza de la relación entre metalepsis y respuesta afectiva: incluso cuando la ilusión estética que sumerge al lector en el relato se fractura, “our emotional response to individual narrative elements remains” (p. 109; “nuestra respuesta emocional a los elementos narrativos individuales persiste”). La bifurcación entre respuesta emocional y evaluación cognitiva que Punday identifica —lo que denomina una “two-channel form of communication” (p. 113; “forma de comunicación de dos canales”)— describe con precisión la dinámica que opera en el corpus: el lector continúa respondiendo afectivamente a elementos locales del relato aun cuando el situation model global no puede consolidarse.

Esta convergencia produce en el corpus, un efecto que trasciende el nivel individual de cada cuento y constituye un principio compositivo reconocible a escala del conjunto. En “El hombre de la capa”, el barman verbaliza este principio, de manera que funciona como metáfora del dispositivo narrativo en su conjunto: “Estamos exhaustos de recibir ofertas de pago que nunca llegan” (Aguilar Monsalve, 2024, p. 125). La deuda que nunca se salda opera como, en términos narrativos, la promesa de cierre que los textos activan sistemáticamente sin cumplirla. Esta condición se articula con precisión en la propuesta de Ngai (2005) sobre el sujeto pequeño frente a sistemas que lo exceden: la stuplimity “offers no transcendence, it does provide small subjects with what Stein calls ‘a little resistance’ in their confrontations with larger systems” (p. 294; “no ofrece trascendencia, pero sí provee a los sujetos pequeños de lo que Stein llama ‘una pequeña resistencia’ en sus confrontaciones con sistemas más grandes”). Los narradores del corpus —el estudiante que no consigue pareja, el emigrante que regresa, el anciano que mira el calendario, el relojero que habla a quien no responde— son todos sujetos pequeños que persisten sin trascender, que continúan sin resolver, que acumulan sin culminar. Su persistencia fatigada no es derrota ni victoria: constituye la forma específica de agencia que la stuplimity hace posible.

La narrativa de Aguilar Monsalve redefine la relación entre el texto y el lector. La convergencia de temporalidad inestable, percepción ambigua y memoria no verificable no produce una indeterminación genérica sino una forma específica de experiencia afectiva y cognitiva que los marcos teóricos movilizados permiten caracterizar con precisión. Desde la perspectiva de Caracciolo y Kukkonen (2021), los textos ejecutan un probability design que orienta sistemáticamente las predicciones del lector hacia resoluciones que el relato deflacta, interrumpe o cancela; el situation model se inicia, pero no se consolida, y el thickening progresivo de la representación mental queda bloqueado en cada uno de los ejes analizados. Desde la perspectiva de Ngai (2005), este bloqueo genera una forma específica de implicación: la stuplimity que mantiene al lector en tensión entre el asombro y el agotamiento, entre la expectativa y su frustración, sin ofrecer la salida catártica que resolvería dicha tensión. Inferir, evaluar y decidir se convierten en operaciones necesarias para la construcción de sentido, pero estas operaciones no conducen a una estabilización del significado; por el contrario, cada decisión interpretativa queda expuesta a la posibilidad de ser revisada o cuestionada. Esta articulación entre lo cognitivo y lo afectivo constituye la aportación central de este análisis: los textos producen una experiencia de lectura en la que la suspensión misma del cierre constituye el contenido de la experiencia..

La articulación de temporalidad, percepción y memoria configura una estructura narrativa que produce una forma específica de experiencia de lectura: una en la que el sentido se persigue sin alcanzarse y sin garantía de resolución. La incertidumbre resulta de la interacción entre múltiples dispositivos que desestabilizan los propios fundamentos de la interpretación. Los relatos analizados proponen, así, un modo de lectura en el que la comprensión se define por la imposibilidad de cerrarse sobre sí misma.



5.

Conclusiones


El análisis permite afirmar que la indeterminación en la narrativa de Luis Aguilar Monsalve configura un sistema narrativo en el que la producción de sentido se orienta hacia la imposibilidad sostenida de resolución. La indeterminación opera como una condición estructural que organiza la interacción entre el relato y el lector.

Los tres ejes analizados —temporalidad, percepción, memoria— producen conjuntamente una incertidumbre estructural: la temporalidad introduce discontinuidades causales; la percepción multiplica las posibilidades interpretativas, sin resolverlas; la memoria desestabiliza la fijación del pasado. Su interacción afecta tanto los procesos cognitivos como la dimensión afectiva de la lectura.

Desde esta perspectiva, el lector se ve obligado a desplegar una serie de operaciones —inferir, evaluar, decidir— que resultan necesarias para la construcción del sentido, pero no conducen a su estabilización. La lectura se configura como un proceso de inferencia bajo incertidumbre, en el que cada hipótesis interpretativa permanece provisional. Esta dinámica permite reformular la noción de deseo narrativo (Brooks, 1984), redefiniéndola como un impulso que se sostiene en la imposibilidad de su satisfacción, antes que como una fuerza que conduce al cierre. En términos de Caracciolo y Kukkonen (2021), los textos ejecutan un probability design que orienta sistemáticamente las predicciones del lector hacia resoluciones que el relato deflacta, interrumpe o cancela: el situation model se inicia sin consolidarse, y el thickening progresivo de la representación mental queda bloqueado de manera estructural, no puntual. El lector continúa buscando coherencia, pero dicha coherencia no se da; lo que persiste es la forma vacía del deseo narrativo, su impulso sin objeto.

La principal aportación de este trabajo radica en la articulación de dos marcos teóricos que el análisis ha demostrado ser complementarios. En paralelo, la narratología cognitiva, encarnada en Caracciolo y Kukkonen (2021), permite identificar, con precisión, los mecanismos mediante los cuales los textos organizan y frustran las predicciones del lector: el probability design como dispositivo de orientación, el prediction error como experiencia de desajuste y el situation model bloqueado como resultado estructural. Asimismo, la teoría del afecto de Ngai (2005) permite nombrar la experiencia que este bloqueo genera. El lector no alcanza ni el cierre catártico ni la indiferencia: permanece en una tensión irresoluble entre el asombro y el agotamiento que la autora denomina stuplimity. Esta experiencia opera por acumulación de desgastes menores, que impiden, tanto el abandono como la asimilación: a diferencia del sublime kantiano, la stuplimity sostiene, simultáneamente, el asombro y el agotamiento en una tensión irresoluble. El análisis del corpus permite precisar que dicha tensión constituye el producto más característico de la indeterminación, y no un mero efecto secundario: los textos sostienen al lector en el umbral de una resolución que se retira sistemáticamente, además de frustrar el cierre. La articulación de ambos marcos permite examinar los textos como dispositivos que producen efectos específicos y caracterizables en la experiencia de lectura.

Esta aproximación cuestiona, además, la tendencia a interpretar la indeterminación como un espacio de apertura interpretativa en el que el lector goza de una libertad ilimitada. Por el contrario, los textos analizados muestran que la indeterminación puede operar como un campo de restricciones en el que la interpretación queda condicionada por la ausencia de criterios de validación estables. Los narradores del corpus —el estudiante que no consigue pareja, el emigrante que regresa sin poder fijar el pasado, el anciano que mira el calendario y se fractura, el relojero que habla a quien no responde— son, en términos de Ngai (2005), sujetos pequeños cuya persistencia no produce trascendencia sino “a little resistance” (p. 294; “una pequeña resistencia”) frente a sistemas que los exceden. Esta menor resistencia constituye la forma específica de agencia que los textos hacen posible: la continuación a pesar del conflicto, sin resolverlo. El lector toma decisiones en un entorno de incertidumbre en el que ninguna opción admite una confirmación plena. Señalemos, finalmente, que esta aproximación invierte la conclusión que propuse en un trabajo anterior sobre la misma narrativa (Medina, 2020), en los que el deseo narrativo conducía a una resolución satisfactoria: en el corpus aquí analizado, ese deseo se activa con igual intensidad, pero permanece estructuralmente insatisfecho, lo que sugiere una evolución en la poética de Aguilar Monsalve hacia formas de indeterminación más radicales y sostenidas.

Los resultados abren líneas de investigación para el análisis de otros corpus latinoamericanos contemporáneos, con formas similares de indeterminación, así como para el estudio de la dimensión afectiva de la lectura literaria en contextos de fragmentación e incertidumbre epistemológica. La narrativa de Aguilar Monsalve evidencia que comprender los textos literarios requiere atender a los procesos mediante los cuales el lector construye sentido en condiciones de incertidumbre. La indeterminación funciona como un principio que permite repensar la relación entre la literatura, el conocimiento y la experiencia.



Referencias


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