La Vejez en el Umbral de la Casa

Una Perspectiva Etnográfica de la Colonia del Maestro,

Guadalupe, Nuevo León


Old Age on the Threshold of Home

An Ethnographic Perspective in the Colonia del Maestro,

Guadalupe, Nuevo León




Jane Abanto-Bazan

Investigadora independiente, México


jane.abantob@uanl.edu.mx

0009-0009-8536-8093



Lydia Marcela Adame-Rivera

Universidad Autónoma de Nuevo León, México


LADAMER@uanl.edu.mx

0000-0003-3480-0877

Recibido: 16/02/2026

Aceptado: 11/05/2026















Resumen


Este artículo de investigación parte de la idea de que, a medida que las personas envejecen, el sitio donde viven es más que una construcción y pasa a concentrar experiencias, recuerdos y formas de vida. Con esta idea, el estudio explora las dinámicas cotidianas que se dan en la Colonia del Maestro, en Guadalupe, Nuevo León, para comprender un lugar que casi nadie observa: el umbral. Se usó un tipo de trabajo etnográfico, entrevistas y observación directa, a personas mayores de 75 años. Mediante este método, se hace evidente que este pequeño espacio arquitectónico, que separa la casa de la calle es, de hecho, una conexión vital. El umbral no es sólo una entrada; es el sitio donde se logra el balance entre la seguridad y el trato con otras personas, donde se puede contemplar la calle sin estar en ella, y donde, a través de charlas y momentos de descanso, los ancianos ratifican que son parte de la comunidad de su barrio.


Palabras clave: habitar, vejez, umbral, cotidianidad, apropiación del espacio, etnografía.






Abstract


This research article is based on the idea that, as people age, the place where they live becomes more than a construction and begins to concentrate experiences, memories, and ways of life. With this in mind, the study explores the everyday dynamics that unfold in Colonia del Maestro, Guadalupe, Nuevo León, to understand a place that almost no one observes: the threshold. Ethnographic fieldwork, interviews, and direct observation were conducted with people aged 75 and older. Through this method, it becomes evident that this small architectural space, which separates the house from the street, is in fact a vital connection. The threshold is not merely an entrance; it is the place where a balance is achieved between safety and interaction with others, where the street can be contemplated without being in it, and where, through conversations and moments of rest, older adults reaffirm that they are part of their neighborhood community.


Keywords: dwelling, old age, threshold, everyday life, spatial appropriation, ethnography.




1. Introducción


México vive una alteración silenciosa, pero muy clara; la estructura de edad de sus ciudadanos está cambiando. Actualmente, las personas de más de 60 años representan el 14% de todos los mexicanos; esta es una realidad también evidente en el estado de Nuevo León, con más de 655.000 personas dentro de este rango de edad (INEGI, 2020). Pero este aumento de la población adulta mayor ocurre a la vez que las ciudades crecen de manera acelerada, lo que trae consigo diversas dificultades que hacen que las personas mayores sientan ignoradas sus necesidades. Como apuntan Rodríguez y Castro (2019), la ciudad de hoy en día es muy limitada para los ancianos, que a menudo sienten el ambiente urbano como malo o extraño. Anhelan lugares que den seguridad, facilidad para moverse y, sobre todo, una sensación de comunidad.

A pesar de la velocidad de crecimiento en las grandes ciudades, la mayoría de las personas mayores prefieren continuar viviendo en sus casas y normalmente no desean trasladarse a residencias de ancianos (Vázquez-Honorato & Salazar-Martínez, 2011). Esta decisión de pasar la vejez en el hogar no se debe sólo a sentirse más cómodos, sino que también ayuda a su salud física y a su estado de ánimo (Rojo-Pérez et al., 2000). Para ellos, la vivienda no es simplemente un edificio, sino un lugar en el que dan firmeza a su identidad, a través de sus hábitos, pertenencias, recuerdos y los vínculos familiares que se hacen más fuertes con el paso de los años.

En el contexto socioespacial, la idea de pertenencia va más allá del espacio físico del hogar, para abarcar también el espacio del barrio (Buffel et al., 2021). En el contexto mexicano, sin embargo, esta relación se convierte en parte esencial de la formación de la identidad, en el sentido de que la idea de hogar va más allá de ser un lugar de refugio, para convertirse en el escenario central de las actividades de la vida cotidiana del adulto mayor, ya que es allí donde se centran las dinámica familiares y afectivas (Vázquez, 2022). En este sentido, la demarcación de lo privado frente a lo público resulta relevante en la medida en que representa el límite de integración entre la vivienda y su entorno inmediato (Atmodiwirjo et al., 2015). De esta manera, por medio de las distintas configuraciones espaciales, el individuo tiene acceso a las condiciones necesarias para determinar los niveles de interacción y privacidad, lo que consolida tanto a la vivienda, como al entorno y los soportes fundamentales para un envejecimiento activo, independiente y vinculado a redes de apoyo (García, 2015).

En ese sentido, no solamente se tiene que entender la vivienda por su valor de protección, sino que también se puede entender la vivienda como un factor que influye positivamente en la salud psicológica del individuo. De acuerdo con Quintiá (2025), contar con una vivienda adecuada resulta ser uno de los aspectos básicos que determinan la calidad de vida en la vejez, porque la vivienda influye en la independencia del individuo, en su seguridad y en su posibilidad de relacionarse socialmente. Así pues, se entiende el papel de la relación vivienda-envejecimiento como algo relevante, al considerar que el vivir se convierte en un acto que trasciende lo físico.



Marco Teórico

Umbrales y Espacios Intermedios

El análisis del habitar cotidiano puede dar lugar a oportunidades para examinar el rol de los espacios intermedios como una herramienta esencial que contribuye a la relación entre la casa y la ciudad. A estos lugares se les otorga relevancia debido al hecho de que son un recurso arquitectónico; pero, además, se debe a su influencia sobre el bienestar del individuo dentro del hogar. Con base en los hallazgos de investigaciones recientes, se puede decir que los espacios intermedios tienen una gran importancia para la realización de las interacciones sociales y las actividades diarias; de esta manera, desempeñan un rol activo en la producción de la vida colectiva. De manera complementaria, si se tiene en cuenta la dinámica del derecho a la vivienda, es evidente que el diseño de dichos espacios puede facilitar o complicar la interacción con el espacio vecino, lo que les confiere especial importancia para las comunidades que envejecen y su convivencia (Quintiá, 2025).

Los espacios intermedios, como los umbrales, desempeñan un papel muy importante en la articulación de las cuestiones entre el espacio público y el espacio privado dentro del ámbito de la arquitectura. No deben considerarse solamente espacios internos ni tampoco sólo externos, ya que su esencia consiste justamente en la ambigüedad misma, debido a que constituyen un espacio que tiene características del espacio interno y también del espacio externo, con la posibilidad gradual de pasar de la vivienda al entorno (Kray et al., 2013; Irwin, 2015). Es decir, se convierten en espacios donde se controlan ciertas características de acceso, visibilidad y permanencia.

Lejos de ser únicamente lugares de paso, estos espacios organizan la experiencia del habitar cotidiano. Mediante ellos se organizan secuencias espaciales, los tiempos de permanencia y formas de interacción que, aunque discretas, influyen de forma indirecta en cómo los usuarios utilizan y perciben el espacio (Urrea, 2023; Tarhun, 2021). Este potencial mediador permite comprender estos espacios como ámbitos donde se negocian distintos niveles de apertura, privacidad y contacto social.

Con base en esta línea de razonamiento, el umbral cobra especial importancia por su papel como espacio límite. De acuerdo con Hertzberger (1991), es un espacio de hospitalidad, una plataforma para las bienvenidas y las despedidas, en el cual ocurre el encuentro. Por su parte, perspectivas más contemporáneas consideran dicha entrada como un espacio de realización de acciones ordinarias relacionadas con la observación y el tiempo de espera (Boettger, 2014).

Por ello, espacios como balcones, galerías, porches y patios pueden considerarse extensiones de la esfera privada hacia la esfera pública, lo que crea zonas en las que la actividad cotidiana se va extendiendo gradualmente hacia el exterior (Chun et al., 2004). Esto es muy similar a lo que Gehl (2014) denomina bordes blandos, que son interfaces dinámicas en las que actividades cotidianas como conversar, caminar o incluso simplemente observar se convierten en vehículos para apropiarse del espacio.

Desde esta perspectiva, la relevancia de los umbrales con respecto a la sostenibilidad se hace patente debido a su capacidad para facilitar la comunicación, junto con la cohesión social e, inclusive, la sensación de pertenencia (Dall’Orto & Monteros, 2025). Sin embargo, a pesar de estos aportes, su comprensión continúa siendo parcial, ya que con frecuencia se les aborda únicamente como espacios de transición, sin profundizar en su papel en la articulación de las relaciones cotidianas entre la vivienda y el entorno urbano.

A partir de ello, es necesario considerar que la noción de umbral no solo puede ser entendida como un término de transición, sino también como un espacio en el cual surgen formas de habitar y los nexos que se establecen entre la vida privada y la ciudad. El umbral se posiciona, así, como un concepto central para entender la forma en que la vida cotidiana se vincula con el proceso de urbanización.

Esta dimensión relacional del umbral no puede comprenderse plenamente sin atender a las prácticas cotidianas a través de las cuales los habitantes construyen y significan su relación con el entorno.



La Cotidianidad como Articuladora del Hábitat

La vida —la de cada individuo y la de la sociedad en su conjunto— es, en el fondo, las actividades diarias y los hábitos (Del Barrio, Sancho y Pérez, 2009; Torrez, 2020). Según Lefebvre (1972), no se comprende una ciudad a través de sus planes de desarrollo urbano, sino a través de las cosas que sus habitantes hacen cada día. Son, ciertamente, las costumbres las que, con el tiempo, crean las conexiones de simpatía y los sentimientos de pertenencia a un lugar (Lindón, 2004; Ruiz, 2022). Después de todo, el espacio es aquello que se usa y se identifica constantemente.

En esta situación, la casa es, de hecho, el eje de la vida diaria. Su diseño y sus materiales no son detalles menores. Son, en cambio, los que determinan la forma en cómo quien habita la vivienda interactúa con su entorno (Hernández, 2020). Por ejemplo, la ubicación de una ventana o las dimensiones de un porche definen el uso del espacio y el valor que este tiene para su ocupante. Así que la casa no es algo que sólo existe, sino algo que repercute directamente en la calidad de vida y en el aspecto de la comunidad (Vázquez, 2022).

El concepto de envejecer en casa (ageing in place) depende de vínculos que se establecen en dos esferas que son inseparables: la que pertenece al espacio privado en sí y la que corresponde al barrio (Lebrusán y Gómez, 2022). En relación con esto, la puerta o el acceso es esencial. Dado que es un sitio entre la vía pública y el ámbito privado, regula la manera en que se interactúa en la sociedad. Allí son habituales los encuentros fortuitos y se mantienen las relaciones con los vecinos, de modo que se impide que el anciano sufra soledad; en consecuencia, el domicilio sirve de nexo con la comunidad, y si se aísla de su entorno, pierde esa función de apoyo social (Sim, 2019; Jaramillo, 2020; Pérez, 2022).

A partir de la relevancia que adquiere el envejecimiento en el hogar y en su entorno inmediato, la pregunta de investigación que orienta este trabajo es: ¿Qué función cumplen los umbrales de las viviendas en la calidad de vida y en la experiencia de la vejez de los habitantes de la Colonia del Maestro? En correspondencia con ello, el objetivo general consiste en analizar si la apropiación de estos espacios intermedios contribuye al bienestar de las personas mayores y a la construcción de su identidad en esta etapa de la vida. En este sentido, el estudio busca comprender de qué manera la zona de transición entre la casa y la calle fortalece el sentido de pertenencia y favorece formas de envejecimiento activas y vinculadas con la comunidad.



2. Metodología


La propuesta metodológica adoptada es una investigación cualitativa de tipo exploratoria e interpretativa, cuyo propósito es indagar sobre las experiencias y significados que tienen para las personas mayores el espacio en el que habitan, así como sus modos de uso y apropiación (Hernández-Sampieri et al., 2014; De Alba, 2017). Para ello, se utilizó el método etnográfico, que consiste en un acercamiento a la vida cotidiana del usuario a través de la observación y el diálogo directo. Dicho método es pertinente para las investigaciones arquitectónicas dado que no sólo permite estudiar la dimensión física del espacio, sino que también el ámbito vivencial y experiencial en el que esta dimensión se da (Narváez y Carmona, 2017).



Caso de Estudio: La Colonia del Maestro en Guadalupe, Nuevo León

La investigación se desarrolla en la Colonia Del Maestro, situada dentro del municipio de Guadalupe, en el estado de Nuevo León, México. Es una zona que ha sido formada a partir de un proceso de planificación, diseñado inicialmente para maestros, que ha ido evolucionado hacia la incorporación de distintas tipologías de viviendas. Con el tiempo, se ha incorporado al paisaje urbano de la Zona Metropolitana de Monterrey. Los criterios de relevancia que han motivado la elección de este caso específico son los siguientes:

En ese sentido, la selección de los casos se basa en la lógica de la investigación cualitativa, que busca lograr un conocimiento profundo acerca de los procesos sociales, mediante el estudio de los hechos dentro de su entorno natural. Si se sigue a Arroyo-Rodríguez et al. (2023), estudiar casos puntuales sirve para dotar de sentido a procesos de mayor alcance. Cuando el entorno juega un papel crucial, esta perspectiva detallada es la herramienta que permite articular lo específico con las tendencias generales.



Participantes y Técnicas de Recolección

Se seleccionó a los participantes a través de la técnica del muestreo intencional por conveniencia, que valora la información que se puede extraer antes que la representatividad estadística de la muestra (Patton, 2002; Hernández, 2021). En este sentido, tres casos representativos fueron seleccionados, debido a que su tiempo de vida en la colonia sobrepasa los 50 años. Esto permite explorar diferentes formas de habitar y la evolución de su relación con las zonas intermedias.

Desde esta perspectiva, el número de casos no es una variable relevante en este estudio, ya que la rigurosidad científica depende de la calidad y profundidad de la información, así como su contribución al avance interpretativo del análisis (Toledo, 2016). De este modo, no se trata de generalizar a partir de la cantidad, sino de entender las experiencias de vida desde los umbrales. Los datos sociodemográficos de los participantes se presentan a continuación:




Tabla 1. Perfil de los adultos mayores entrevistados.

Nota. Elaboración propia, 2025



El desarrollo de la investigación de campo se realizó a través de visitas a los domicilios de los participantes, lo que facilitó un ambiente de confianza y dio un contexto a las narrativas, que están asociadas al espacio. Las visitas tanto a las casas como al barrio se realizaron entre los meses de marzo y abril de 2025, en los cuales se recogieron tanto las narrativas como las acciones diarias de los participantes en varios momentos del día. Para la recolección de datos, se utilizó la técnica de triangulación metodológica, que busca garantizar el análisis:



Análisis de Datos

El análisis de los datos se realizó con la Teoría Fundamentada (Strauss y Corbin, 2002), y el software ATLAS.ti. Desde este enfoque, las categorías surgen de los propios datos, sin imponer ideas teóricas previas (Hernández-Sampieri, 2014).

La codificación se realizó por medio de un análisis inductivo e interpretativo, a través de los tres niveles de codificación abierta, axial y selectiva:

Con respecto a la efectividad de la validación de las relaciones entre categorías, se hizo uso del análisis que ofrece la herramienta Atlas.ti, en la que, a través de la representación de redes y coocurrencias, se logró organizar los patrones espaciales identificados. A este proceso se incorporó un enfoque visual de interpretación mediante el uso de la técnica fotográfica, tal como plantean Mannay (2007) y Rose (2019). Esto permite comprender el espacio socialmente construido como un sistema de signos.

Como resultado de este proceso, los códigos se agruparon en tres ejes analíticos principales: el umbral como espacio de interacción, como espacio de personalización y como ámbito donde se articulan la visibilidad, la privacidad y el resguardo. Finalmente, el rigor metodológico se logró por medio de la triangulación de teoría, análisis y datos. Según Toledo (2016), la validez en este tipo de investigación no puede entenderse como un criterio de juicio final sino como una cualidad que se va construyendo durante el proceso investigativo, a través de la interpretación y la reflexión.



3. Resultados


El Umbral como Escenario de Interacción

En el día a día, el umbral es el espacio que permite la interacción entre el interior de la casa y la calle. Como resultado del análisis de los casos estudiados, se puede decir que son los actos sencillos y repetitivos los que mantienen a las personas conectadas con su entorno. Para los participantes, este lugar les permite seguir siendo parte de la vida del barrio, especialmente cuando trasladarse largas distancias se vuelve más difícil. En última instancia, se convierte en el punto donde se resiste el aislamiento y se mantiene el sentido de comunidad. A continuación, se presentan diferentes situaciones que ayudan a entender cómo este espacio del umbral interviene en la construcción de vínculos sociales y en la experiencia del habitar:


a. La nostalgia por el pasado y la adaptación al presente

Don Ricardo ha notado los cambios en su vecindario a lo largo de los últimos cincuenta años. Con tristeza, recuerda cómo era antes el lugar —un entorno donde predominaban los campos de cultivo, las relaciones cercanas entre vecinos y una vida comunitaria que se extendía más allá de las viviendas—: “Aquí era una plantación de naranjos, maizales, todo era monte y unas pocas casas… Aquí jugaban carreras de caballos … Incluso el aire era más puro que el de ahorita”. Recordar el pasado muestra que el vínculo con el barrio no se forma únicamente por las calles y edificios tal como son ahora, sino por las experiencias y recuerdos que han ido acumulando quienes allí han vivido.

Sin embargo, este recuerdo es distinto a lo que Don Ricardo ve ahora, que es la pérdida de lo que antes se hacía entre vecinos. Él dice que “las familias cambiaron”, que la gente del vecindario ya no se relaciona como antes, porque “los jóvenes son diferentes, tienen amistades fuera del barrio y prefieren estar por su cuenta”. A pesar de todo, el espacio frente a su casa sigue siendo un lugar donde se encuentran los vecinos. El espacio frente a su casa lo usa para su trabajo diario. Allí trabaja con sus hijos reparando electrodomésticos, lo que le permite mantener una presencia continua en el espacio público y sostener su conexión con el entorno inmediato. En este contexto, el umbral es mucho más que un límite; se vuelve un lugar que permite participar en la vida del barrio, de lo que pasa en la comunidad. Por lo tanto, todo esto hace que se vea el umbral como ese lugar donde se cambia de ambiente, donde lo que pasa en casa se abre al mundo exterior, pero sin perder por ello su carácter íntimo y personal (Hertzberger, 1991; Pérez, 2022).



b. El umbral como refugio y espacio de creatividad

En el caso de Doña Josefina, el umbral tiene un valor tanto positivo como negativo. Por un lado, es un espacio que le permite mantener una conexión directa con la calle, sobre todo después de que su marido falleció y sus hijos se fueron de casa. Por ello, de este espacio surgen posibilidades de intercambiar unas palabras con los vecinos cercanos; ella es una gran impulsora de interacción como, por ejemplo, cuando pone juguetes como adornos en la reja de su casa para que los niños del barrio se entretengan. Pero al mismo tiempo, ese mismo lugar le muestra lo sola que está, como ella misma dice: “A veces miro a la calle, pero nadie se acerca, así que prefiero quedarme adentro”.

La entrada de su casa se activa cuando sus hijos y nietos llegan a casa. En el espacio hay una mesa de jardín y unas sillas, para que así puedan sentarse a conversar mientras ven hacia la calle. Así, el borde entre el adentro y el afuera de la casa se vuelve abierto y cambiante, lo que sirve tanto para encerrarse como para relacionarse con los demás. Más que un componente que separa espacios, es un lugar donde se controla cuánto de la vida privada se quiere compartir con el afuera; es decir, es un punto de encuentro entre lo personal y lo que se hace en público (Kray et al., 2013; Irwin, 2015). Gracias a estos pequeños hábitos que hace Josefina, incluso cuando está sola, mantiene un vínculo con las personas de su barrio.




Figura 1. Juguetes y adornos en el umbral de Doña Josefina (#1).

Nota. Registro fotográfico realizado en el trabajo de campo (2025).






Figura 2. Juguetes y adornos en el umbral de Doña Josefina (#2).

Nota. Registro fotográfico realizado en el trabajo de campo (2025).






Figura 3. El porche de Don Felipe como espacio de encuentro y observación cotidiana (#1).

Nota. Registro fotográfico realizado en el trabajo de campo (2025).



c. La búsqueda de compañía en el presente

Para Don Felipe, que tiene 88 años, el porche —o, mejor dicho, la entrada de su casa— es un espacio de gran valor en su día a día, tanto funcionalmente como emocionalmente. Le permite descansar y hablar con las personas, con sus parientes y los vecinos que lo saludan. Él mismo cuenta que:

Casi siempre estoy aquí, en el porche, porque, en realidad, dentro de la casa me aburro. Aquí me encuentro bien, miro la calle, miro a la gente; me gusta ver lo que pasa afuera. No puedo salir mucho a otros sitios, pero así, desde aquí, me divierto. (Felipe, entrevista, 2025)

Desde su porche, tiene un buen lugar para mirar la vida en el barrio, hablar con quien se acerca, y esperar a los que van a verlo; de esta forma, la entrada se vuelve algo muy importante en cada día.




Figura 4. El porche de Don Felipe como espacio de encuentro y observación cotidiana (#2).

Nota. Registro fotográfico realizado en el trabajo de campo (2025).



De esta manera, el umbral deja de ser vista sólo como un lugar de transición para ser percibido como un lugar de permanencia, observación e incluso encuentros casuales. Muchos autores indican que el valor de este tipo de lugares no está simplemente en la idea de conectar dos espacios, sino también en la posibilidad de permanecer por un tiempo limitado, observar las actividades diarias y establecer un tipo de comunicación más relajada (Urrea, 2023; Tarhun, 2021). En este caso, para Don Felipe, el porche ejemplifica perfectamente estos rasgos, puesto que es allí donde él se sienta a charlar y ser acompañado, como si fuera una prolongación más de su vivienda.

Las situaciones descritas en los tres casos permiten reconocer que actividades como sentarse a conversar, mirar la calle o recibir visitas se vinculan con distintos aspectos del bienestar social de las personas mayores. La figura 5 reúne estas situaciones al organizar las actividades que las personas realizan en su vida diaria —nodos azules— y relacionarlas con las categorías que fueron apareciendo durante el análisis —nodos rosas—, las cuales conforman el bienestar social del adulto mayor, que está ubicado en el centro. El tamaño de los nodos muestra cuántas veces surgieron en las entrevistas, mientras que las líneas representan las relaciones que se identificaron durante el proceso de análisis.




Figura 5. Diagrama de red de prácticas cotidianas en el umbral.

Nota. Elaboración propia, realizada en Flourish.



En general, el esquema muestra que el umbral contiene formas de interacción que no necesitan gran movilidad física para los adultos mayores, lo que les convierte en espacios aún más importantes para la realidad de la vida diaria. Esto está de acuerdo con los hallazgos de los investigadores que han explorado la temática del envejecimiento doméstico y la importancia del contexto cercano, para mantener la continuidad de vida social (Lebrusán & Gómez, 2022; Sim, 2019).



d. Personalización del umbral

En los casos analizados, el umbral también es una instancia de expresión personal. Con respecto a Doña Josefina, la tarea principal que realiza en su hogar consiste en el cuidado de sus plantas, con las cuales establece un vínculo que parece formar parte de su propia existencia. A pesar de considerar su vivienda modesta, afirma que “lo que le da belleza a la parte de afuera son las matas, las plantas… las plantas son mi vida, me gusta mucho mirarlas y, así, tengo mi casita bonita”. En este caso, la personalización del espacio no solo embellece la vivienda, sino que también imprime ritmo a su vida cotidiana y fortalece su relación afectiva con el hogar.




Figura 6. Plantas y adornos en el umbral doméstico de Doña Josefina (#1).

Nota. Registro fotográfico realizado en el trabajo de campo (2025).



Don Ricardo percibe el umbral de su casa como un espacio muy conectado con su vida personal. La ausencia de plantas en el jardín delantero no se debe a una falta de interés, sino a que su esposa —quien se encargaba de cuidarlas— ya no está. El jardín vacío se convierte así en una manera de hacer presente su ausencia. Sin embargo, tiene el interés de volver a plantar flores y arbustos, para que su casa se vea más alegre. Esa es una prueba de que ese espacio contiene memorias significativas de los habitantes en distintos momentos de la vida; estos habitantes, sin intención, también transmiten sus emociones hacia afuera.

Algo similar ocurre con la reja de hierro que protege su casa, que él mismo diseñó y construyó cuando era herrero. Así, este elemento se convierte en un marcador de identidad y, al mismo tiempo, en una huella de su oficio. En ambos casos, el frente habitacional deja de ser una superficie neutra para transformarse en un contenedor de afectos y memorias, donde la personalización del espacio actúa como un mecanismo de identificación y arraigo con la vivienda.




Figura 7. Reja metálica del porche de Don Ricardo.

Nota. Registro fotográfico realizado en el trabajo de campo (2025).



Lo mismo ocurre con Doña Josefina, ya que los elementos decorativos que tiene en el umbral de su casa son una forma de expresar su identidad y diferenciar su vivienda de aquellas que, con cierto desdén, denomina “casas con paredes desnudas”. Así, el umbral de la casa se vuelve un sitio donde la identidad doméstica se hace visible y donde la apropiación del espacio adquiere un significado simbólico. Esta manera de entender este espacio tiene que ver con la idea de que la apropiación no es sólo la transformación material del entorno, sino también es un proceso de identificación con el lugar (Pol, 1996, Vidal y Pol, 2005, y Giglia, 2012).



e. El umbral como espacio sensorial

Para Don Felipe, la manera en que entiende el espacio del umbral tiene mucho más que ver con los sentidos. Él le da mucha importancia al viento, a que el porche tenga aire, y al canto de los pájaros que están en la puerta de su casa. Esto quiere decir que lo que experimenta del espacio va más allá de cómo es físicamente o para qué sirve. De hecho, cuando dice que los pájaros son los que le dan la bienvenida, la entrada se convierte en algo que abraza, y esta sensación de recibimiento se construye con los sonidos, con el ambiente de alrededor y con el día a día.




Figuras 8. El umbral de Don Felipe como espacio sensorial y de atmósfera cotidiana (#1).

Nota. Registro fotográfico realizado en el trabajo de campo (2025).




Figuras 9. El umbral de Don Felipe como espacio sensorial y de atmósfera cotidiana (#2).

Nota. Registro fotográfico realizado en el trabajo de campo (2025).



Por ello, se entiende que el umbral es también donde se forman las experiencias de habitar la casa, de sentirla. De alguna forma, la entrada de la vivienda se vive con el cuerpo, con el oído, con la ventilación y con la presencia de objetos y seres que acompañan la rutina. Esta lectura se acerca a perspectivas fenomenológicas del habitar, que reconocen que la relación con el espacio también se construye desde lo sensorial y lo afectivo (Pallasmaa, 2016; Bachelard, 2000).

La figura 10 organiza las estrategias de personalización a partir de categorías como la afectividad, la continuidad de la memoria, la expresión estética y la sensorialidad. Las relaciones establecidas evidencian que elementos como plantas, adornos, rejas y condiciones ambientales no funcionan de manera aislada, sino como recursos que permiten que el umbral actúe como una extensión simbólica del hogar. De este modo, la personalización refuerza el vínculo con la vivienda y hace visible una forma particular de habitar el frente doméstico.




Figura 10. Diagrama de red del umbral como extensión de la identidad y espacio de personalización.

Nota. Elaboración propia, realizada en Flourish.



f. El umbral como punto de apertura, privacidad y seguridad.

En Colonia del Maestro, la seguridad va mucho más allá de las cerraduras y los barrotes. Don Ricardo afirma que no quiere vivir con el temor constantemente. Aunque asegura su hogar, su verdadera tranquilidad viene de la ayuda que recibe de sus vecinos. Por su parte, Don Felipe tiene una reja de poca altura, porque en el barrio se aprecia mucho el respeto, una buena relación entre todos y el buen trato. Así, para estas personas, no se trata de esconderse tras las paredes, sino de estar atentos a lo que pasa a su alrededor, desde el umbral de su casa.

Por su parte, Doña Josefina, luego de haber sufrido un robo, decidió colocar una malla en su porche como forma de protección. Este caso pone de manifiesto la relación entre la percepción de seguridad y las experiencias previas, así como el hecho de que cada persona establece su propio grado de apertura hacia el exterior. No obstante, esta medida no supone un aislamiento total, ya que le permite seguir observando y mantener cierta conexión con lo que ocurre fuera.

La Figura 11 da una idea clara de todas estas conexiones. La idea principal, la más destacada, se muestra en el círculo más grande, y alrededor de este están conceptos como la vigilancia de los vecinos, facilidad de acceso o la falta de confianza. El dibujo es clave para comprender cómo cada vecino se relaciona con la calle. Buscan un punto medio para estar cerca de la vida que se desarrolla fuera de casa, pero a la vez sentirse seguros dentro de ella. Por ello, encuentran un equilibrio entre estar cerca y estar protegidos, un equilibrio que cambia según lo que han vivido y sus necesidades.




Figura 11. Relación entre apertura, privacidad y seguridad en el umbral.

Nota. Elaboración propia, realizada en Flourish.



4. Discusión


Lo que el análisis de casos revela es que el umbral funciona como un frente de integración social para el habitante envejecido. Acciones cotidianas —conversar, observar, estar— se convierten en estrategias para mantener vigente la relación con el entorno inmediato. En este punto, el aporte de Hertzberger (1991) sobre el umbral adquiere una nueva dimensión; más allá de la mediación arquitectónica, los casos muestran un recurso de adaptación urbana. En tal sentido, la existencia de este umbral genera la expansión del espacio interno del hogar hacia el espacio público, lo cual da como resultado la creación de un microespacio de interacción y convivencia, especialmente relevante en aquellos casos en los que resulta difícil para las personas desplazarse con facilidad (Guitart et al., 2024; Aceros, 2018).

Este punto se refuerza al reconocer que no son los grandes acontecimientos los que definen el habitar, sino la acumulación de rutinas cotidianas. Como señala Lefebvre (1972), es en ese nivel donde se configura la vida social. En este sentido, el umbral se entiende como un espacio con dinámica propia, cuya relevancia radica en su capacidad para vincular de forma sutil la vida doméstica con la actividad de la calle.

Esta perspectiva coincide con los planteamientos de Dall’Orto y Monteros (2025), quienes señalan que los espacios intermedios son mediadores capaces de sostener tanto relaciones sociales como actividades productivas. Así, el umbral se convierte en un punto de encuentro donde permanecen vigentes los vínculos con vecinos, familiares y quienes pasan por la calle.

La costumbre de proyectar lo doméstico hacia afuera —mediante sillas en la acera, plantas o decoraciones— confirma que el umbral funciona, en la práctica, como una extensión del hogar. Se trata de la apropiación que describe Giglia (2012) como el acto de darle significado al entorno. Sin embargo, en la Colonia del Maestro, esta idea toma un matiz más profundo: estas prácticas están cargadas de afecto y de una necesidad real de compañía. Son estrategias para hacer frente a la pérdida y una forma de mantener la continuidad de la vida cuando el entorno físico se vuelve limitado.

Por otra parte, al tratarse de un contexto de autoconstrucción, estas dinámicas de apropiación y transformación se hacen más evidentes. Las modificaciones en los umbrales muestran que el espacio doméstico no es fijo, sino flexible y en constante cambio. De acuerdo con Dall’Orto y Monteros (2025), los espacios intermedios se reconfiguran continuamente a partir de las prácticas de sus habitantes, lo que permite entender el umbral como un espacio dinámico que se adapta, con el tiempo, a las condiciones de vida y a la trayectoria de quienes lo habitan.

El análisis de los resultados indica que la seguridad en las casas va mucho más allá de las barreras físicas y depende, en cambio, de la interacción social de los vecinos y, de manera conjunta, del cuidado de manera colectiva del barrio. El hecho de poder observar lo que ocurre fuera del entorno, desde la seguridad del porche, junto a la interacción social, forma parte de la red social que, finalmente, garantiza la seguridad física del hogar. Tal como proponen Petersen y Minnery (2013) y Martínez et al. (2018), la percepción de seguridad se construye a partir de factores físicos y vínculos sociales. En la práctica, el umbral funciona como una interfaz de mediación; es un espacio que facilita la visibilidad hacia afuera, mientras protege la intimidad y el control sobre el interior del hogar.

Desde una perspectiva más amplia, es factible conectar el fenómeno de la función del umbral al debate que se desarrolla con relación a la vivienda y el proceso de envejecimiento. Por ello, la vivienda dejaría de ser solamente un lugar donde estar, para ser un factor crucial que asegure la autonomía y la salud emocional en la edad adulta (Quintiá, 2025).

Por esta razón, resulta pertinente mencionar que los resultados presentados aquí son producto de experiencias particulares, y en ningún caso tienen la pretensión de ser estadísticamente generalizados. Sin embargo, la constancia de algunos fenómenos en las diversas experiencias permite detectar los patrones que se dan en el uso de estos espacios intermedios.

Finalmente, el umbral pasa de ser solo una construcción material para convertirse en una infraestructura de apoyo social. Es un espacio que tiene la capacidad de permitir a las personas, y en especial a los adultos mayores, sostener su identidad y autonomía por medio de su presencia en los espacios domésticos. Esto se da debido a la posibilidad de mantener una relación con el espacio barrial que permite la permanencia en la vivienda propia sin tener que desplazarse físicamente.



Limitaciones del Estudio

El presente estudio tiene algunas limitaciones que definieron los alcances de la investigación y que deben tenerse en cuenta para entender el sentido de estos resultados:

Por un lado, el hecho de que sea una investigación cualitativa e interpretativa llevó a que la profundidad del fenómeno fuera priorizada frente a su representatividad estadística. Es decir, este estudio entrega una comprensión situada y detallada del fenómeno de habitar el umbral en la Colonia del Maestro, pero no busca ser extrapolable a otros escenarios sin una anterior mediación contextual.

Por otro lado, la realización de un muestreo intencional entre los participantes ha permitido identificar aquellos casos que tengan una relación significativa relacionada con el uso del umbral. Aunque esto permitió una información de gran calidad, no agota la gama de experiencias que pudieron haber surgido entre estratos socioeconómicos distintos o alternativas de generación de vivienda diferente a la del caso de estudio.

Además, al tratarse de un estudio de naturaleza etnográfica, tanto la obtención de datos como la interpretación estuvo mediada por las investigadoras. Aunque se mantuvo un ejercicio permanente de reflexividad en aras de asegurar la consistencia de los datos obtenidos, no hay duda de que la construcción del conocimiento en el paradigma de lo cualitativo es intersubjetiva por excelencia.

Finalmente, el análisis de la dimensión socioespacial y simbólica del umbral se realiza desde una perspectiva temporal acotada. Sin embargo, esto implica que el fenómeno pueda cambiar si se analiza con una mirada longitudinal, que tenga en cuenta las variaciones en el tiempo en las dinámicas del barrio.



5. Conclusiones


El estudio muestra que el umbral es un lugar de gran importancia en la vida de las personas mayores. No se trata solo de un espacio de acceso a sus hogares, sino también el lugar donde se desarrollan sus actividades cotidianas. Actividades como conversar, contemplar el paisaje urbano, cuidar de las plantas o entablar relaciones afectivas ponen de manifiesto que este espacio intermedio es fundamental para mantener la interacción social. En una etapa de la vida en la que la movilidad tiende a disminuir, el umbral ofrece la oportunidad de participar en la interacción social a un nivel de intensidad bajo, lo que les permite seguir involucrados en la vida pública.

En consecuencia, el estudio demuestra que el bienestar de las personas mayores no depende únicamente de sus condiciones de vivienda o de su entorno, sino que está relacionado con la interacción entre ambos. El umbral proporciona un medio para conectar ambos aspectos, ya que permite mantener el equilibrio entre estar abierto al mundo exterior y permanecer protegido. Como tal, esta conexión se da de manera natural, para que así las personas mayores puedan mantener su independencia, sin dejar de tener una vida social activa. Estos aspectos son importantes para la salud cognitiva y emocional.

Asimismo, dentro de la Colonia del Maestro, estas dinámicas se reflejan en la forma en que los propios vecinos van transformando poco a poco sus hogares. Las modificaciones que realizan en los porches o en los jardines delanteros responden a necesidades reales, a sus sentimientos y a la búsqueda de seguridad, lo que demuestra que una vivienda no es algo inmutable, sino que va cambiando a la par de la vida de quienes la habitan. Por lo tanto, queda claro que en estos barrios la arquitectura se va formando a partir de las experiencias diarias de sus habitantes.

En función de todos estos aspectos, la investigación plantea pensar en el umbral como una infraestructura social de apoyo, en cuyo caso el valor de este se basará en su habilidad para crear permanencia, identidad y pertenencia en la vejez. Para ello, será necesario reconsiderar la cuestión de la vivienda social y la política urbana. Esto significará incorporar espacios de permanencia al frente de la vivienda —porches, terrazas, jardines, etc.— que garanticen la visibilidad entre la vivienda y la calle, así como la posibilidad de transición que garantice la regulación de la apertura y la privacidad —a través de muros o cerramientos permeables—, además de la flexibilidad necesaria para su uso y la incorporación de mobiliario, vegetación, u cualquier otro método que permita la permanencia y uso de este. De esta forma, se podrán dar las condiciones para el confort ambiental del individuo, donde el umbral ya no se piense como un espacio residual, sino como un espacio habilitado para la interacción social.

Si se sigue la misma lógica, tomar conciencia sobre la importancia del umbral como parte del sistema urbano permite considerar su continuidad a lo largo de la calle, así como su articulación con el espacio público, en especial en contextos de vivienda social y en estrategias orientadas al envejecimiento en el lugar.

En cuanto a la proyección de este trabajo, se plantea que futuras investigaciones amplíen el análisis a distintas morfologías urbanas y contextos socioeconómicos, con el fin de examinar si estas dinámicas se mantienen en diferentes condiciones de producción del hábitat. Además, desde la práctica de la arquitectura y la planificación urbana, es necesario entender los espacios intermedios como algo más que simples áreas de paso, pues se los reconoce como lugares habitables que promueven la interacción social y el bienestar emocional.

Por último, para el caso de aquellas personas con limitaciones de movilidad, es necesario considerar la adopción de otra perspectiva, que permita dejar de ver el umbral como un obstáculo físico. Repensar la arquitectura desde esta escala cotidiana permite que el frente doméstico funcione como un soporte de autonomía y como un catalizador de la vida urbana contemporánea.



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