Evolución Histórica de la Implantación Industrial y su Relación con
la Vivienda en Guadalajara, Jalisco, desde sus Inicios hasta 1976
Historical Evolution of Industrial Development and its Relationship
with Housing in Guadalajara, Jalisco, from its Beginnings until 1976
María Silvia del Rocío Covarrubias-Ruesga
Tecnológico Nacional de México, México
maría.covarrubias@colima.tecnm.mx
0000-0001-9120-7098
Peter Chung-Alonso
Tecnológico Nacional de México, México
peter.chung@colima.tecnm.mx
0000-0002-3724-1938
Jorge Armando Gutiérrez-Valencia
Tecnológico Nacional de México, México
Jorge.gutierrez@colima.tecnm.mx
0009-0005-5394-064X
Dora Angélica Correa-Fuentes
Tecnológico Nacional de México, México
dora.correa@colima.tecnm.mx
0000-0002-1804-5480
Recibido: 11/07/2025
Aceptado: 04/05/2026
Resumen
El presente artículo de investigación, cuyo carácter es histórico, analiza la relación entre la implantación industrial y la configuración urbana de la vivienda en Guadalajara, Jalisco, desde sus inicios hasta 1976. A partir de una metodología cualitativa basada en el análisis documental, cartografía histórica y entrevistas, se examina cómo la industrialización influyó en los patrones residenciales, los modelos de vivienda obrera y la expansión urbana. El estudio se sustenta en la teoría crítica urbana, particularmente en los conceptos de producción del espacio y urbanización del capital, al identificar estructuras territoriales que aún inciden en la configuración urbana contemporánea. La relación entre la industria y la vivienda ha sido un factor determinante en la configuración urbana de Guadalajara, Jalisco, desde su fundación hasta la actualidad, iniciando en una primera instancia con los barrios indígenas que proveían de mano de obra a la ciudad española, y posteriormente con una actividad considerada contaminante, relacionada con el tránsito de ganado debido a su ubicación estratégica dentro de la geografía del territorio. A partir de entonces, esta relación entre habitación y trabajo ha marcado históricamente el desarrollo de la ciudad. Se identifican patrones de localización industrial y la producción de vivienda para la población obrera, a través de un enfoque cualitativo basado en fuentes históricas, cartografía y estudios previos, así como entrevistas directas aplicadas a antiguos empleados de las fábricas y pobladores de los barrios. Se evidencian los cambios estructurales en el modelo de crecimiento urbano de Guadalajara, particularmente con la consolidación de su zona industrial a mediados del siglo XX.
Palabras clave: industria, vivienda, planeamiento urbano, desarrollo urbano.
Abstract
This historical article analyzes the relationship between industrial development and urban housing configuration in Guadalajara, Jalisco, from its beginnings until 1976. Using a qualitative methodology based on documentary analysis, historical cartography, and interviews, it examines how industrialization influenced residential patterns, working-class housing models, and urban expansion. The study is grounded in critical urban theory, particularly the concepts of the production of space and the urbanization of capital, and identifies territorial structures that continue to influence contemporary urban configuration. The relationship between industry and housing has been a determining factor in the urban configuration of Guadalajara, Jalisco, from its founding to the present day. Initially, this relationship began with the indigenous neighborhoods that provided labor for the Spanish city, and later with an activity considered polluting: the movement of livestock, due to its strategic location within the territory. Since then, this relationship between housing and work has historically shaped the city's development. Patterns of industrial location and housing production for the working-class population are identified through a qualitative approach based on historical sources, cartography, and previous studies, as well as direct interviews with former factory employees and neighborhood residents. Structural changes in Guadalajara's urban growth model are highlighted, particularly with the consolidation of its industrial zone in the mid-20th century.
Keywords: industry, housing, urban planning, urban development.
1. Introducción
La relación entre fábrica y vivienda ha sido un factor determinante en la configuración urbana de las ciudades industriales. En Guadalajara, los procesos de industrialización promovieron transformaciones espaciales profundas que influyeron en la localización residencial, la segregación socioespacial y la expansión periférica. Este estudio analiza la evolución histórica de dicha relación entre los orígenes industriales de la ciudad y el año 1976.
Existen numerosas e importantes investigaciones acerca del fenómeno de la industrialización en Guadalajara, en general, y de la industria manufacturera en particular. Estos son hechos, principalmente, desde el punto de vista económico. Así, existen muchas teorías que involucran la localización industrial.
Esto quiere decir que, aunque un estudio así tiene que ver con la situación de la clase obrera, la intención es adentrarse en el fenómeno urbano y evaluar las distintas relaciones entre el espacio ocupado por un determinado tipo y escala de industria, y la calidad de su contexto habitacional. Hay que tomar en cuenta los diferentes tipos de usos que genera este uso industrial, o viceversa, que generan al uso industrial.
La unión inicial entre el espacio laboral y la función de habitar está relacionada directamente con una estabilidad social y económica, pero actualmente los grandes recorridos han debilitado, entre otras cosas, el presupuesto familiar y la disponibilidad de ratos libres. Esto se debe a que se absorben, en estos desplazamientos, tiempos “muertos”. Mejor sería denominarlos “muertos”, ya que no perjudicarían, en forma alguna. Sin embargo, esto sucede al crear tensión, lo que daña la economía, la estabilidad emocional y las relaciones sociales y familiares. Pero, ¿cómo modifican las actividades e instalaciones industriales al entorno urbano?
Para la realización de esta investigación, es de suma importancia iniciar con conocer el proceso de industrialización y la localización de la actividad, dentro del contexto espacial e histórico. Se aclara el concepto de industria, se precisa su origen y se lo ubica en el entorno urbano o rural. En Guadalajara existe una incidencia de la ubicación urbana que está por encima de las características intrínsecas de cada una de las áreas industria-vivienda encontradas.
Al evaluar las distintas relaciones entre el espacio ocupado por un determinado tipo y escala de industria y la calidad de su contexto habitacional, se encuentra una relación de manera general con usos complementarios. Así, se logra una identificación de la producción de vivienda vinculada al establecimiento de la industria en la ciudad de Guadalajara, donde se consideran especialmente las modalidades de producción y las políticas existentes en las diferentes épocas históricas, desde la fundación de la ciudad hasta las primeras leyes urbanísticas. De esta manera se llega a la década de 1950, que es el momento en el que la ciudad experimenta un crecimiento disparado en magnitud. En este punto ocurre la creación de la primera zona industrial como tal, ya que es a partir de esta fecha que se empieza a vislumbrar el fenómeno de conurbación y la consolidación de la ciudad como área metropolitana (Arias, 1985).
Aunque se intenta encontrar los principales patrones que pueden caracterizar la implantación industrial, al considerar especialmente las distintas tipologías habitacionales construidas y las principales instalaciones industriales implantadas, no se puede ignorar la relación con los impactos ambientales de las fábricas establecidas sobre la vivienda circundante. A esto se hace mención sólo de manera superficial, ya que este sería otro tema importante y específico de investigación. La trascendencia del tema que se menciona radica también en la influencia de la relación de movilidad entre el trabajador y su lugar de trabajo. Esto ha ocasionado un efecto negativo dentro de la calidad de vida y la calidad del aire, lo que perjudica el ambiente social en general. En este sentido, se pueden encontrar algunos elementos para la discusión sobre los impactos económicos, sociales y ambientales de la relación industria-vivienda, que no se pueden desligar sino que forman parte medular del aspecto urbano.
El crecimiento industrial de Guadalajara ha estado intrínsecamente ligado a la formación de zonas habitacionales para la clase trabajadora. Desde el siglo XVI, la instalación de obrajes y talleres artesanales marcó un precedente en la integración del espacio de trabajo y vivienda. Con el paso de los siglos, la transición de un modelo preindustrial a uno fabril consolidó la necesidad de planificación urbana, lo que dio lugar a los primeros barrios obreros (Arias, 1980).
La vinculación tan estrecha que existe entre la industria y la vivienda tiene su origen en hechos relacionados con la fundación de la misma ciudad. Este comportamiento ha prevalecido hasta la actualidad, y probablemente continúe en el futuro. Dicho modelo ha sido pilar de la economía de la sociedad, principalmente en conflictos armados. Puede representar un ejemplo dentro de los planteamientos del nuevo urbanismo y la sustentabilidad, con su respectiva reestructuración e incorporación de nuevas tecnologías.
La relación entre la industria y la vivienda en Guadalajara no solo ha definido su morfología urbana, sino que también ha impactado en la calidad de vida de sus habitantes, la movilidad y el valor del suelo. Este artículo analiza la evolución de dicha relación desde la fundación de la ciudad, pasando por la conformación de su primera zona industrial en 1950, y llegando al año 1976, con la obtención de un estudio obtenido del Archivo Histórico del Estado de Jalisco. En la ciudad de Guadalajara coexisten, en la actualidad, la producción industrial de bienes de consumo o industria “tradicional” y la producción de bienes intermedios y de capital o industria “dinámica” (Arias, 1980).
Marco Teórico
El análisis que se realiza se fundamenta en la teoría de la producción social del espacio propuesta por Lefebvre (1974), la relación entre urbanización y capital desarrollada por Harvey (2005) y los estudios sobre ciudad industrial y estructura social de Castells (1977). Estas perspectivas permiten interpretar la industrialización como un proceso espacial que produce desigualdad urbana y estructura territorial.
El análisis de la relación entre la implantación industrial y la vivienda urbana se fundamenta en enfoques críticos que conciben la ciudad como un producto social, histórico y político. Lefebvre (1974) plantea que el espacio no es un contenedor neutro ni un simple soporte físico de las actividades humanas, sino un producto social resultado de relaciones de poder, intereses económicos y prácticas sociales históricamente determinadas. Desde esta perspectiva, la ciudad se construye a partir de la interacción entre el espacio concebido (planificado por el Estado y los agentes técnicos), el espacio percibido (prácticas cotidianas) y el espacio vivido (experiencia social y simbólica). Aplicado al contexto de la industrialización urbana, este enfoque permite comprender cómo la localización de la industria y la vivienda responde a decisiones estructurales que reproducen jerarquías sociales y formas específicas de apropiación del territorio.
Por su parte, Harvey (2005) profundiza en la relación entre urbanización y capital, al argumentar que el desarrollo urbano ha sido históricamente un mecanismo central para la acumulación capitalista. La inversión en infraestructura, suelo urbano y vivienda se convierte en una estrategia para absorber excedentes de capital, lo que genera ciclos de expansión urbana que transforman profundamente la morfología de las ciudades. En este marco, la implantación industrial no solo impulsa el crecimiento económico, sino que orienta la organización espacial de la ciudad, lo que condiciona la localización de la vivienda obrera, la segregación residencial y la expansión hacia la periferia. La ciudad industrial, por tanto, se configura como un espacio desigual, donde las condiciones de habitabilidad están estrechamente vinculadas a la posición de los grupos sociales dentro del sistema productivo.
Castells (1977) complementa este análisis al estudiar la ciudad industrial como un espacio donde se articulan la estructura económica, la organización social y las políticas urbanas. Para Castells, la forma urbana refleja las relaciones entre producción, reproducción social y consumo colectivo, donde la vivienda es uno de los elementos centrales en esta dinámica. La localización de la vivienda obrera cerca de zonas industriales, la provisión diferenciada de servicios y la intervención del Estado en la regulación del suelo y la vivienda evidencian cómo el espacio urbano se convierte en un campo de disputa entre intereses económicos y necesidades sociales.
En conjunto, estas perspectivas teóricas permiten abordar la relación entre industria y vivienda como un proceso histórico de producción espacial, en el que la industrialización actúa como un agente estructurador del territorio urbano. Este enfoque resulta especialmente pertinente para el análisis del caso de Guadalajara, ya que posibilita interpretar la evolución de su estructura urbana como resultado de la interacción entre dinámicas industriales, políticas urbanas y formas de organización social, cuyos efectos persisten en la configuración territorial contemporánea. De este modo, el marco teórico no solo orienta la interpretación de los datos históricos, sino que también contribuye a explicar la persistencia de patrones de desigualdad urbana derivados del desarrollo industrial.
Antecedentes Históricos
La fundación de Guadalajara ocurrió en 1542, en el Valle de Atemajac. Fue el cuarto asentamiento después de tres intentos fallidos, ya que los españoles eran atacados por los indígenas de los distintos lugares. Así, se crearon, junto con la ciudad española, los barrios de Mexicaltzingo y Analco, que existieron antes del asentamiento de Mezquitán. Ahí se concentraron los primeros trabajadores artesanales, quienes habitaban cerca de sus lugares de producción.
En este cuarto y definitivo asentamiento, los conquistadores pidieron el auxilio al Virrey de Mendoza, quien envió sus soldados junto con indígenas mexicas para defenderles. Con los soldados que sobrevivieron a dicha batalla, se fundó el barrio que recibió el nombre de Mexicaltzingo. Con los nativos vencidos, se formó el barrio de Analco. La diferencia entre ser afines, o no, a los españoles marcó la ubicación de estos dos barrios; Mexicaltzingo quedó al poniente del río San Juan de Dios, junto a Guadalajara, y Analco estaba ubicado cruzando el río, al lado oriente (ver plano 1).
El pueblo de Mezquitán, como se mencionó, ya existía mucho tiempo antes de la conquista y la fundación de Guadalajara, perteneciente al Reino de Tonalá, y a la fundación de la ciudad. Sin embargo, quedó como parte del grupo de barrios que rodeaban a la misma ciudad, pero como una población de vencidos, igual que Analco. Este barrio funcionó como dotador de mano de obra. Así, la vocación de dichos barrios fue la de proveer de servicios a la ciudad. Las características de los materiales de las viviendas, y su vocación artesanal fueron marcadas por las diferencias sociales. Sin embargo, la proximidad relativa entre los distintos asentamientos permitía optimizar la movilidad y generaba un modelo de asentamiento compacto, lo que estableció el inicio del modelo de ciudad que caracterizaría a Guadalajara.
Con la fundación se implantan los primeros barrios que proveerán de mano de obra a la ciudad central, donde se asienta el poder.
2. Metodología
El estudio se define como una investigación histórica, no experimental y transeccional, apoyado en una sólida base de investigación documental e histórica. Se dividió en las siguientes fases:
Fase 1: Recopilación Documental y Archivo. Consulta de fuentes primarias en el Archivo Histórico Municipal de Guadalajara y el Archivo del Estado de Jalisco, para reconstruir la génesis urbana y las políticas de industrialización de la década de 1950.
Fase 2: Análisis Estadístico y Cartográfico. Uso de datos del INEGI y la Dirección de Catastro para determinar el crecimiento de la mancha urbana, densidades y cambios en el uso de suelo.
Fase 3: Levantamiento de Campo y Testimonios. Recolección de datos in situ y análisis de fuentes orales (como los documentos personales de ex-trabajadores de la zona de Atemajac).
En cuanto a las técnicas e instrumentos de recolección de datos, y en un intento de garantizar la validez de los resultados, se usó la triangulación de fuentes:
Tabla 1. Triangulación de datos de investigación
Se realizó un análisis documental de archivos históricos, de los Municipios de Guadalajara y Zapopan, Planes Urbanos actuales y fuentes secundarias, así como un análisis cartográfico diacrónico. Adicionalmente, se aplicaron entrevistas semiestructuradas a informantes clave, personas con mayor arraigo en los emplazamientos de vivienda cercanos a las zonas industriales, específicamente a un ex empleado de la Fábrica de Atemajac. Los archivos documentales privados de este sujeto fueron de gran utilidad. Sus contenidos fueron codificados temáticamente para identificar patrones de relación industria-vivienda.
En cuanto al tipo de estudio, el presente es de tipo cualitativo histórico, porque se enfoca en analizar la evolución de la implantación industrial y su relación con la vivienda en Guadalajara desde una perspectiva temporal. Se interpretan los hechos y procesos urbanos dentro de su contexto social, económico y espacial.
Por su parte, en cuanto al enfoque metodológico, se utilizó un enfoque hermenéutico-interpretativo, orientado a comprender la interacción entre el fenómeno de la industrialización y la formación de barrios obreros. Esto se hizo a través del análisis de fuentes primarias y secundarias. Esta aproximación permite rescatar la narrativa histórica y urbana desde diversas perspectivas.
Con respecto a las técnicas e instrumentos de recolección de información, se realizó una revisión documental de fuentes primarias y secundarias. Las fuentes primarias fueron los archivos históricos municipales de Guadalajara y Zapopan, planos antiguos de Guadalajara (1745, 1800, 1943, 1977), documentos del Archivo Histórico del Estado de Jalisco, mapas catastrales y planos de zonificación. Por su parte, las fuentes secundarias estuvieron comprendidas por la literatura académica especializada sobre urbanismo, industrialización y desarrollo regional, así como investigaciones de autores como Patricia Arias, Carlos Alba y Víctor Hugo Lomelí.
Se incorporó a la metodología la cartografía comparativa, donde se analizaron planos de diferentes épocas (siglo XVIII al XX) para identificar patrones de localización industrial y su evolución en relación con los asentamientos habitacionales.
Por su parte, las entrevistas fueron aplicadas a antiguos obreros y residentes de barrios como Atemajac, La Experiencia, El Batán, y 8 de Julio, con el objetivo de recuperar memorias urbanas sobre los cambios en la dinámica industria-vivienda.
La observación y el análisis contextual consistió en el estudio del entorno urbano obtenido mediante visitas de campo y análisis espacial para contrastar la información histórica con la situación actual. Gran parte de la información presentada se consiguió en campo y por fuentes primarias.
La estrategia de análisis utilizada fue la identificación de patrones de localización industrial.
Así, se trazó una línea de tiempo desde los talleres artesanales del siglo XVI hasta la consolidación de la zona industrial formal en la década de 1950, donde se estudiaron los factores geográficos, políticos y económicos que influyeron en su ubicación.
Para estudios posteriores, se debe estudiar la tipología de vivienda obrera surgida alrededor de los centros industriales. Se deben considerar su origen (autoconstrucción, proyectos públicos o inmobiliarios privados), su evolución morfológica y su vinculación con el lugar de trabajo, así como una evaluación de impactos urbanos. Hay que analizar los efectos de la industrialización en la estructura urbana de Guadalajara, donde se incluyan:
Para garantizar validez y confiabilidad, se usaron la triangulación de fuentes, donde se cruzó la información documental con testimonios orales y observaciones espaciales; la contextualización histórica, pues cada dato se interpretó desde el marco político-social correspondiente a su época; y la verificación cartográfica, donde se contrastaron mapas oficiales con imágenes actuales, para validar la permanencia o transformación de los espacios industriales y habitacionales.
A la luz de la teoría de la producción social del espacio de Lefebvre (1974), los procesos observados evidencian cómo el espacio urbano se concibió y produjo prioritariamente en función de las necesidades industriales, lo que relegó la calidad habitacional y el bienestar social a un plano secundario. La implantación industrial generó áreas de alta concentración productiva que atrajeron población trabajadora, lo que dio lugar a modelos de vivienda obrera caracterizados por su proximidad funcional a los centros de trabajo, pero también por condiciones de habitabilidad limitadas y una escasa dotación de servicios urbanos. Este patrón contribuyó a consolidar una estructura urbana jerarquizada, en la que ciertos territorios fueron sistemáticamente destinados a usos productivos y residenciales de menor valor social.
Desde el enfoque de Harvey (2005), la industrialización puede interpretarse como un mecanismo de urbanización del capital que impulsó la expansión física de la ciudad y la valorización diferenciada del suelo urbano. La inversión en infraestructura industrial y en vivienda asociada permitió absorber excedentes de capital, pero también profundizó la segregación socioespacial, al concentrar a la población trabajadora en zonas periféricas o ambientalmente degradadas. Estos procesos no solo explican la configuración histórica de la ciudad, sino que ayudan a comprender la persistencia de desigualdades territoriales que aún caracterizan el espacio urbano contemporáneo.
Asimismo, los planteamientos de Castells (1977) permiten comprender que la relación entre industria y vivienda no fue un fenómeno espontáneo, sino el resultado de una articulación entre estructura económica, políticas urbanas y formas de control social. La intervención del Estado, ya sea mediante la regulación del suelo, la provisión de vivienda o la localización de equipamientos, desempeñó un papel clave en la consolidación de un modelo urbano funcional a la producción industrial. En este sentido, la ciudad industrial se configura como un espacio de reproducción de las relaciones sociales de producción, cuyos efectos territoriales trascienden el periodo analizado y continúan influyendo en la organización urbana actual.
Por todo lo expuesto anteriormente, se establecen las siguientes preguntas de investigación:
3. Resultados
Los habitantes de los pueblos indígenas de Mexicaltzingo y Analco fueron utilizados como proveedores de mano de obra para la nueva ciudad, lo que ayudó a edificar gran parte de la primitiva Guadalajara. Estos eran forzados a grandes jornadas de trabajo (Lomelí, 1980); aunque no eran esclavos, sí estaban esclavizados. Esto es motivo suficiente para considerarlos como los primeros barrios obreros industriales-artesanales, a pesar de que cada uno de estos asentamientos tenía su propio gobierno, y eran independientes entre sí.
Figura 1. Adaptación al plano Guadalajara y su región a la fundación.
Nota. Adaptación realizada por los autores, donde se muestra muestra la ciudad de Guadalajara y su relación de lejanía en ese entonces con los barrios obreros. Tomado de López (1992).
En la ciudad de Guadalajara, gracias a su ubicación estratégica de conexión entre el norte y el sur de la entonces Nueva España, se genera el paso de ganado controlado por una garita, lo que propicia la aparición del curtido de pieles (Arias 1985). Esta es una actividad industrial que planta la semilla del nacimiento de un nuevo barrio, El Retiro; además, esta misma característica es lo que lo hace tan peculiar dentro de los barrios antiguos (ver figura 2).
Como se mencionó, la implantación industrial artesanal se había dado al interior de los asentamientos, pero en poco tiempo, se instala la primera actividad contaminante, que puede interpretarse ya como propiamente industrial, aun antes de la misma Revolución industrial. Se considera así debido a la clara separación de diferentes etapas en el proceso y de su necesaria “zonificación”. Así, esta actividad de la curtiduría atrajo vivienda. Esta vivienda se establece a las afueras de la ciudad, cerca del río. Se ubica en las zonas periféricas, siguiendo la lógica de su supervivencia, del espacio necesario para extender las pieles, los requerimientos de abasto de agua y el desecho de contaminantes y al mandato de las Leyes de Indias, cuya recopilación apareció en 1683. A esta ley se le podría considerar la primera legislación urbanística más completa y mejor estructurada (Chueca, 1981).
Con el crecimiento de la ciudad, este barrio se fue integrando en la trama urbana, pues se rodeó de vivienda popular, aunque permaneció vigente dicha actividad. En la actualidad, la curtiduría aún no es compatible con la función de habitar, a pesar de que los procesos y químicos utilizados han evolucionado. Se han hecho propuestas de reubicación de la actividad, para que quede de nuevo a las afueras de la ciudad, pero estos esfuerzos no han prosperado.
Figura 2. Adaptación al plano de Guadalajara en 1745.
Nota. Hacia el poniente, en las márgenes del Río San Juan de Dios, se instala una industria de curtiduría, formando posteriormente lo que sería el Barrio del Retiro. Adaptación realizada por los autores al plano tomado de López (1992).
Al iniciarse la Revolución Industrial en Europa, México se encuentra aún dentro del dominio colonial, y España sólo permitía el desarrollo de empresas dedicadas a hilados y tejidos, principalmente por capitales españoles. Esto se hacía con el fin de controlar el contexto económico-productivo y, por lo tanto, seguir conservando el poder. Sin embargo, lo anterior se aplica a las grandes empresas; sin embargo, a nivel micro, siguen sobreviviendo las actividades que sostienen la vida urbana.
Para finales del siglo XVIII, la creación de los gremios artesanales organizó la producción ya en el centro urbano, lo que consolidó una red de vivienda-talleres (Alba, 1980). Este tipo de viviendas ya tiene características constructivas más formales desde el punto de vista arquitectónico, a diferencia de los barrios antiguos, en donde eran principalmente chozas. Sin embargo, la Revolución Industrial trajo consigo un cambio significativo, donde se separaron, progresivamente, los espacios industriales de los habitacionales.
En el siglo XIX, la instalación de fábricas textiles en Atemajac, El Batán y La Experiencia inició un proceso de industrialización rural. Estas industrias promovieron la formación de barrios obreros con viviendas de autoconstrucción y modelos de vivienda unifamiliar. La fábrica de Atemajac, que en la actualidad se encuentra dentro del área urbana, conformó un barrio obrero fuera de sus murallas, cuyas viviendas eran de dimensiones mínimas (lo que se puede constatar en campo). Esto es contrario a lo que se esperaba al iniciar la investigación, donde se planteaba que, al tener en estas tierras mucho espacio disponible, las viviendas obreras serían mayores en espacio que en Europa o Nueva York, donde la calidad habitacional obrera estaba en niveles ínfimos. Es importante señalar que el análisis arquitectónico de las fábricas y las viviendas obreras se presentará en un estudio posterior.
En Guadalajara, los asentamientos obreros van formando un círculo alrededor de la ciudad, en la periferia, de sur a norte y de izquierda a derecha, hasta el momento que, por sus características intrínsecas, los barrios del Carmen y el Pilar empiezan a insertarse en la ciudad. Esto completa el modelo circular hacia el poniente, pero destinado a clases en circunstancias similares a las instaladas en el centro (Lomelí, 1980).
El barrio del Carmen se desarrolló en las cercanías del antiguo convento del Carmen, que fue fundado por los carmelitas descalzos en 1690, y se convirtió en un punto de atracción para el poblamiento en esa área. Hacia el siglo XIX y principios del XX, el barrio comenzó a recibir población obrera debido a su cercanía con zonas de producción y talleres artesanales, lo que le dio un carácter entre religioso y fabril, con calles estrechas y viviendas de adobe y ladrillo. Su cercanía con barrios como San Juan de Dios y Analco lo convirtieron en un barrio denso y con fuerte identidad popular.
Por lo que respecta al barrio de El Pilar, asociado al templo de Nuestra Señora del Pilar, se consolidó como un espacio de transición entre lo comercial, lo residencial y lo industrial durante la segunda mitad del siglo XIX. Su crecimiento estuvo vinculado a la presencia de fábricas y talleres, lo que atrajo obreros que construyeron sus viviendas en forma irregular, en un inicio, y mediante colonias planeadas, más tarde. A diferencia de barrios como Analco y Mexicaltzingo, que tienen una raíz indígena, El Pilar se desarrolló como barrio de la “nueva periferia” obrera en la etapa del crecimiento industrial de Guadalajara.
Figura 3. Adaptación del plano de Guadalajara en 1800.
Nota. Los barrios con características de producción de bienes y servicios se encuentran alrededor de la zona urbana. Adaptación al plano de López (1992).
Tanto El Carmen como El Pilar son ejemplos de cómo la expansión urbana de Guadalajara durante los siglos XIX y XX estuvo ligada a la implantación de actividades productivas, ya que estos barrios proveían de mano de obra a la ciudad central e incipientes zonas industriales. Presentan estructura urbana mixta, pues tienen viviendas, pequeños talleres, templos, mercados y calles de tránsito local. Fueron parte del patrón circular de crecimiento urbano, donde los asentamientos obreros fueron cercando progresivamente el núcleo fundacional. La población y las actividades que ocuparan dichos barrios se considerarían de un nivel superior al resto de los otros sectores, debido a actividades más que obreras, comerciales y de servicios (ver figura ٣).
A finales del siglo XIX, con la expansión de la red ferroviaria, la urbanización se aceleró, lo que favoreció la instalación de industrias dentro del perímetro urbano. Este crecimiento no estuvo regulado, lo que generó conflictos espaciales entre zonas residenciales e industriales.
El siguiente listado de empresas existentes en el siglo XIX está elaborado según Bárcena (1956), en su obra Descripción de Guadalajara en 1880. Mariano Bárcena apunta que no son las únicas que existen a nivel urbano, sino aquellas que se presentaron en la exposición de “Las Clases Productoras”.
También se registraron otras industrias que, por algún motivo, no son consideradas en estos inventarios.
Entre 1840 y 1850, se manifiesta una expansión en la producción tanto fabril (las primeras fábricas textiles), como artesanal-familiar, que afecta a la industria del curtido. A lo largo del siglo XIX, se van cambiando hacia el lado noreste del barrio del Santuario (en el actual barrio del Retiro), algunas de las tenerías que anteriormente estaban establecidas en el barrio de Mexicaltzingo.
En 1856, había en la ciudad once tenerías y doce fábricas de tejidos de lana y algodón. Durante la década de 1950, Guadalajara experimentó un auge industrial sin precedentes. Para evitar la proliferación desordenada de industrias en la ciudad, se creó la primera zona industrial planificada (Castillo, 1980). Este hecho marcó una transición en el modelo de localización, lo que promovió una mayor segregación de los espacios productivos y habitacionales.
El crecimiento urbano resultante impactó en la movilidad de la población, lo que aumentó los tiempos de traslado y redujo la cohesión social. Además, el encarecimiento del suelo en ciertas zonas industriales generó desplazamientos forzados de población vulnerable hacia periferias con menor infraestructura.
Figura 4. Los Barrios Obreros Y Zonas Industriales. Hasta 1954.
Nota:Los barrios que se ven son: 1. Mexicaltzingo, 2. Analco, 3. San Juan De Dios, 4. El Retiro, 5. El Santuario, 6. Colonia La Perla, 7. Moderna, 8. Morelos, 9. 8 De Julio. 10. La Zona Industrial aparece ya representada, aunque no está consolidada. 11. Atemajac ya se conurba en el límite norte, 12. La Experiencia y El Batán, todavía no se incorporan a la mancha urbana. Adaptación por los autores al plano de Guadalajara de 1954 (H. Ayuntamiento de Guadalajara).
Figura 5. Empresas importantes emplazadas en el Área Urbana de 1920 a 1940.
Nota. Adecuación al plano de Guadalajara. Tomado del Archivo Histórico del Estado de Jalisco (copia del original).
Como se ve en las figuras 5 y 6, la industria se va distribuyendo por toda la zona urbana conforme se va creciendo en área y en población. Así, se integra con la vivienda, ya sea en espacios separados o conviviendo en el mismo espacio. Así, se sigue con la tendencia de implantación de industrias y se reafirma la vocación de Guadalajara, desde los inicios hasta la actualidad.
Figura 6. Localización Industrial en 1943.
Nota. Se han remarcado, en rojo, las fábricas para este documento. Adaptación por los autores al plano de 1943. Tomado del Archivo Histórico del Estado de Jalisco.
El primer parque industrial de la ciudad se creó en 1957. Se denominó la Zona Industrial de Guadalajara. Posteriormente, con el crecimiento de la ciudad y la población, se comenzaron a construir más parques industriales en la periferia.
A continuación, se presenta la ubicación y relación que tiene actualmente esta zona industrial con la zona urbana de Guadalajara, hacia el sur de la misma. Es notable ya la diferenciación de la lotificación con dimensiones mayores, al considerar la implantación de una industria, en contraste a su entorno habitacional. Sin embargo, cabe hacer mención que pesa más la influencia del uso industrial, ya que el entorno se ha ido transformando hacia usos comerciales y mixtos.
Figura 7. Zona Industrial.
Nota. Ubicación de la Zona Industrial planeada en 1957, en relación a la zona urbana de Guadalajara. Fuente: Google Maps.
Figura 8. Zona Industrial acercamiento.
Nota. Ubicación de la Zona Industrial planeada en 1957, en relación a la zona urbana de Guadalajara. Fuente: Google Maps.
Para el año de 1977, se ve a la industria esparcida por toda la mancha urbana, aunque se advierte que se concentra más hacia el centro y el oriente, ya que la zona poniente se ha caracterizado por un nivel socioeconómico mayor. Por lo tanto, tiene zonas habitacionales consolidadas que protegen la imagen urbana.
Figura 9. Asentamiento Industrial en el Área Metropolitana de Guadalajara en 1977.
Nota. Los puntos rojos son industrias con capital menor a las representadas con puntos negros. Fuente: Archivo Histórico del Estado (Copia Del Original).
4. Discusión
La relación entre implantación industrial y vivienda en Guadalajara no fue un fenómeno secundario del crecimiento urbano, sino uno de sus principales mecanismos de estructuración territorial. Desde los primeros barrios vinculados al trabajo artesanal y al abastecimiento de mano de obra para la ciudad española, hasta la consolidación de la zona industrial de mediados del siglo XX, se observa una continuidad histórica en la asociación entre espacio productivo y espacio habitacional.
Esta continuidad confirma que la industrialización no sólo introdujo actividades económicas, sino que produjo formas específicas de ocupación del suelo, localización residencial y jerarquización urbana.
En ese sentido, el caso de Guadalajara coincide con los planteamientos de Lefebvre, Harvey y Castells acerca de que el espacio urbano fue producido socialmente en función de necesidades económicas y de control territorial, más que de criterios de habitabilidad o equilibrio urbano. La evidencia histórica muestra que la vivienda obrera surgió, en buena medida, subordinada a la lógica de la proximidad funcional al trabajo. Esto se expresó primero en barrios indígenas y artesanales cercanos a la ciudad central; después, lo hizo en enclaves fabriles periféricos como Atemajac, El Batán y La Experiencia; y más tarde, en la coexistencia entre industria y vivienda dentro de la mancha urbana en expansión.
Uno de los hallazgos más relevantes es que la proximidad entre vivienda y trabajo tuvo un carácter ambivalente. En las primeras etapas, esa cercanía favoreció la movilidad cotidiana, la integración funcional y cierta compacidad urbana. Sin embargo, conforme la ciudad creció y la actividad industrial se intensificó, la misma relación comenzó a generar tensiones por contaminación, incompatibilidad de usos, presión sobre el suelo y deterioro de la calidad habitacional. El caso del barrio del Retiro resulta particularmente ilustrativo, pues una actividad contaminante ubicada inicialmente en la periferia terminó absorbida por la expansión urbana, sin que desapareciera su incompatibilidad con la vivienda. Esto sugiere que el problema no radica únicamente en la presencia de la industria, sino en la ausencia de regulación suficiente y en la capacidad limitada de la planeación para anticipar los efectos del crecimiento urbano.
Asimismo, se identifica que la localización industrial siguió patrones distintos según el periodo histórico. En un primer momento predominó una lógica de proximidad inmediata entre habitación y producción artesanal; posteriormente, surgieron implantaciones periféricas asociadas a requerimientos específicos de espacio, agua o aislamiento. Finalmente se transitó hacia una dispersión industrial dentro del área urbana, seguida por intentos de concentración planificada en la zona industrial formal de la década de 1950. Esta secuencia revela una transición desde un modelo orgánico de crecimiento hacia uno parcialmente planificado, aunque sin romper del todo la inercia histórica de mezcla y fricción entre usos.
La discusión también muestra que la vivienda obrera no puede entenderse como un simple acompañamiento de la industria. Más bien, constituyó una dimensión central del proceso urbano, porque su localización, forma y calidad respondieron a la organización del trabajo y a las desigualdades sociales. Los testimonios y la observación de campo reforzaron esta lectura, al evidenciar dimensiones mínimas de algunas viviendas, autoconstrucción y entornos con dotación limitada de servicios. Por ello, la relación industria-vivienda debe interpretarse no sólo como cercanía física, sino como expresión material de una estructura social desigual.
Finalmente, los hallazgos permiten afirmar que muchos de los problemas urbanos contemporáneos de Guadalajara tienen raíces históricas en este proceso: segregación socioespacial, valorización diferenciada del suelo, desplazamiento hacia periferias y transformación de antiguos tejidos obreros en espacios mixtos o tensionados por nuevas dinámicas comerciales. Aunque el estudio se detiene en 1976, la evidencia reunida apunta a la persistencia de estas lógicas en la configuración metropolitana posterior. En consecuencia, la principal aportación de esta investigación consiste en mostrar que la historia de la industrialización en Guadalajara es también la historia de la producción desigual de su espacio urbano y habitacional.
5. Conclusiones
El desarrollo industrial de Guadalajara ha influido directamente en la configuración urbana y en la calidad de vida de sus habitantes. Si bien la proximidad entre industria y vivienda en los primeros siglos favoreció la movilidad y la accesibilidad al empleo, con el crecimiento industrial desregulado surgieron problemas urbanos como la contaminación, la segregación espacial y el aumento de tiempos de traslado.
La consolidación de la zona industrial en la segunda mitad del siglo XX buscó resolver estos problemas, aunque también generó nuevos desafíos, como la especulación del suelo y la necesidad de infraestructura complementaria. El estudio de esta relación histórica permite comprender los desafíos actuales del urbanismo en Guadalajara y plantea la importancia de modelos sostenibles que integren de manera armónica los espacios productivos y habitacionales.
Se ha visto que es la industria, más que el comercio, el elemento determinante del desarrollo urbano, y del carácter que adquiere ese desarrollo, no sólo a partir de la Revolución Industrial sino desde el inicio de la misma ciudad como tal, porque es la industria la generadora de bienes de consumo. Estos bienes le aseguran un crecimiento económico autosostenido, independiente de la agricultura, y llevan dentro de sí la imagen viva de la evolución de una cultura representada en una tecnología. Por su parte, el comercio depende de una producción, ya sea de materias primas o elementos transformados, aunque el equilibrio en el desarrollo de una ciudad se alcanza por simbiosis, en el proceso de convivencia de estos dos rubros, junto con la vivienda.
El papel que juega el arquitecto y urbanista en esta situación es relevante en el acondicionamiento del entorno y en el bienestar social. Se vuelve a poner de manifiesto que el aspecto urbano y la situación social van de la mano y están ligados con muchas otras variables en un todo cultural. Es requisito conocer la herencia que nos ha legado el tema para que, en su análisis, podamos predecir y planear un futuro armónico en este sentido. Para ello, se cuenta con varios modelos a manera de ejemplo, desde las propuestas de Owen y Fourier, hasta las de Ebenezer Howard o Le Corbusier.
Cuando coexisten el uso habitacional y el industrial en una ciudad, puede haber algunas ventajas; aunque hay que tomar en cuenta todas las previsiones para disminuir o evitar la contaminación.
Estas previsiones pueden ser el acceso cercano a empleos, pues los residentes pueden vivir cerca de sus lugares de trabajo, lo que reduce los tiempos de desplazamiento y mejora la calidad de vida; la revitalización urbana, ya que la integración de zonas industriales y residenciales puede fomentar el desarrollo de áreas urbanas, lo que transforma espacios en desuso en lugares habitables y productivos; una mejor infraestructura, porque el uso mixto puede incentivar la mejora de infraestructuras urbanas, como transporte público, accesos viales y servicios básicos, lo que beneficia a los residentes y a las empresas; la reducción de la huella de carbono, debido a que, al vivir cerca de zonas industriales, se disminuyen los desplazamientos largos, lo que puede reducir las emisiones de gases contaminantes; la diversificación económica, porque la convivencia puede facilitar la creación de una economía local más diversificada, con oportunidades de empleo y emprendimiento más accesibles; y el desarrollo de comunidades dinámicas, debido a que la mezcla de usos crea una mayor interacción social y una comunidad más activa y diversa.
A continuación, se presenta una tabla que contiene las zonas de vocación industrial:
Tabla 2. Diferencias históricas de los barrios industriales.
Nota. La tabla fue elaborada por los autores con base en el análisis de la información obtenida.
La investigación demuestra que la implantación industrial fue un factor clave en la configuración urbana y habitacional de Guadalajara. El estudio aporta una lectura histórica relevante para comprender problemáticas urbanas contemporáneas y destaca la necesidad de incorporar esta dimensión histórica en la planeación urbana.
A manera de dato “curioso”, se cree pertinente comentar que, en la información económica obtenida del INEGI, se consideran ciudades propiamente de vocación industrial a la Ciudad de México y Monterrey, con zonas de industria claramente definidas. Sin embargo, Guadalajara no se considera así, ya que predomina la vertiente artesanal; esto ocurre a pesar de que, como se muestra en el plano 9, dicha actividad cubre toda la zona metropolitana. En un principio la actividad estaba cargada hacia el oriente, pero, en la actualidad, se manifiesta también hacia el poniente.
A partir de los alcances y límites reconocibles en el documento, pueden derivarse varias líneas de investigación futura relevantes. El propio texto señala que el análisis arquitectónico de las fábricas y de la vivienda obrera se presentará en un estudio posterior, y también sugiere que los impactos ambientales fueron tratados sólo de manera superficial, por lo que estos constituyen desarrollos naturales de la investigación.
Se puede profundizar en las características morfológicas, constructivas y espaciales de la vivienda obrera vinculada a distintos periodos y tipos de implantación industrial. Esto permitiría distinguir entre autoconstrucción, vivienda promovida por agentes públicos o privados, y formas híbridas de consolidación barrial, además de evaluar su evolución y permanencia en el tejido urbano.
Pueden desarrollarse estudios comparativos entre casos como Atemajac, La Experiencia, El Batán, El Retiro y la zona industrial del sur, con el fin de identificar diferencias en procesos de ocupación, calidad del entorno habitacional, acceso a servicios, movilidad y transformación del suelo. Esto ayudaría a precisar si existieron modelos diferenciados de relación industria-vivienda dentro de la misma ciudad y región metropolitana.
Es importante el estudio específico de los efectos ambientales de las actividades industriales sobre las áreas habitacionales colindantes. El texto menciona contaminación, incompatibilidad de usos y deterioro del entorno, pero no lo desarrolla en profundidad. Una investigación posterior podría reconstruir históricamente la exposición diferenciada de ciertos barrios a residuos, emisiones, descargas y otras externalidades industriales.
Dado que uno de los argumentos centrales del trabajo es que la cercanía inicial entre trabajo y vivienda se fue debilitando con el crecimiento urbano, una línea futura valiosa sería analizar históricamente la movilidad obrera. Esto implicaría estudiar distancias, tiempos de traslado, medios de transporte y costos sociales asociados a la separación progresiva entre residencia y empleo industrial.
El estudio apunta a procesos de encarecimiento del suelo y desplazamiento de población vulnerable, sobre todo a partir de la industrialización moderna y de la planificación sectorizada. Futuras investigaciones podrían profundizar en la relación entre implantación industrial, mercado del suelo y redistribución socioespacial de la población, con una perspectiva histórica de largo plazo.
Otra línea de investigación es examinar con mayor detalle la intervención estatal en la regulación del suelo, la zonificación y la promoción o tolerancia de determinadas localizaciones industriales. Esto permitiría comprender mejor el tránsito entre formas espontáneas de crecimiento y esquemas de planificación industrial, así como evaluar los límites y efectos de las primeras políticas urbanísticas en Guadalajara.
También sería relevante extender el análisis más allá de 1976, para estudiar la continuidad o transformación de los patrones industria-vivienda en la Guadalajara metropolitana contemporánea. Se podría conectar la historia urbana con problemáticas actuales como reconversión de suelo industrial, gentrificación, fragmentación metropolitana y reestructuración económica.
Dado el valor de las entrevistas, archivos personales y observación de campo en este trabajo, otra línea consiste en profundizar en la memoria urbana de extrabajadores y residentes de barrios obreros, así como en el estudio del patrimonio industrial y habitacional asociado. Esto enriquecería la comprensión no sólo material, sino también social y simbólica de estos espacios.
6. Referencias
Alba, C. (1980). Del artesanado a la industria manufacturera. Boletín del Archivo Histórico de Jalisco, IV(1).
Archivo del Estado de Jalisco. (s. f.). [Fondos documentales]. Guadalajara, Jalisco, México.
Archivo Histórico Municipal de Guadalajara. (s.f.). [Acervos y documentos históricos]. Guadalajara, Jalisco, México.
Archivo Histórico Municipal de Zapopan. (s.f.). [Acervos y documentos históricos]. Guadalajara, Jalisco, México.
Arias, P. (1980). El proceso de industrialización en Guadalajara, Jalisco: siglo XX. Revista Relaciones, (3).
Arias, P. (1985). Guadalajara, la gran ciudad de la pequeña industria. Colegio de Michoacán.
Bárcena, M. (1956). Descripción de Guadalajara en 1880. Ediciones I.T.G.
Castells, M. (1977). The urban question. MIT Press.
Castillo, M. G. (1980). Algunas fuentes para el estudio de la industria en Jalisco. Boletín del Archivo Histórico de Jalisco, IV(1).
Chueca, F. (1981). Breve Historia del Urbanismo. Alianza Editorial.
Harvey, D. (2005). The urbanization of capital. Johns Hopkins University Press.
Lefebvre, H. (1974). La production de l’espace. Anthropos.
Lomelí, V.H. (1980). Guadalajara, sus barrios. Talleres de Offset Larios S.A.
López Moreno, E. (1992). La Cuadrícula. Editorial Universidad de Guadalajara.